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William Clay Ford Jr. presentó su primer vehículo
híbrido P2000 Prodigy en 2000. |
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La noticia de que las otrora poderosas automotrices estadounidenses
recibirían un rescate del gobierno es un epílogo adecuado para la larga y
tortuosa relación entre Detroit y Washington.
Por Mike Spector y Joseph B. White -
The Wall Street Journal
Las automotrices contribuyeron a que Estados Unidos ganara la Segunda Guerra
Mundial al ceder sus plantas para fabricar tanques y aviones. Luego motorizaron
a la clase media.
Las automotrices también irritaron a importantes sectores de Washington en
los últimos años al combatir los esfuerzos para reforzar los estándares de
seguridad y economía de combustible, y resistir los llamados para hacer más
sobre el cambio climático.
Ahora, a los fabricantes de Detroit no les queda otra que concentrarse en los
autos pequeños que gastan menos gasolina y alternativas a los vehículos a
gasolina como condición para su rescate. El presidente electo Barack Obama, cuyo
gobierno tendrá que juzgar los planes de reorganización GM y Chrysler LLC, ya
envió una advertencia a las automotrices el viernes, tras conocerse el plan de
rescate. "Quiero recalcarle a las tres automotrices y sus ejecutivos que la
paciencia de los estadounidenses se está agotando y que deben aprovechar esta
oportunidad para que en las próximas semanas produzcan un plan sostenible", dijo
Obama.
Aún no está claro cómo las automotrices estadounidenses estabilizarán sus
finanzas en el corto plazo, puesto que reestructurar sus líneas de productos
demora años. El camino más expedito hacia la rentabilidad, más allá de reducir
los pagos de los tenedores de bonos y los sueldos de los trabajadores, sería
aprovechar la caída en los precios del combustible para vender más todoterrenos
y camionetas pick-up, la clase de vehículos que no le gustan a Obama ni a los
líderes demócratas en el Congreso.
Los altibajos públicos ocultan una interdependencia más compleja que ha
contribuido a los problemas que aquejan a GM, Chrysler y Ford Motor Co.
Los modelos de negocios de las compañías post Segunda Guerra Mundial, la
fabricación de vehículos poderosos por trabajadores sindicalizados y bien
remunerados, estaba condenada al fracaso desde el día en 1982 cuando salió el
primer Honda Accord de una línea de ensamblaje no sindicalizada de Ohio.
Las políticas de Washington y la forma en que el gobierno ha regulado a las
automotrices, sin embargo, a menudo conspiraron en contra de los grandes cambios
que las empresas necesitaban para competir con las automotrices de otros países.
Rick Wagoner, el presidente ejecutivo de GM, reconoció hace poco que la empresa
había "cometido errores" y que uno de ellos fue depender durante demasiado
tiempo de las ventas de los todoterrenos y las camionetas pick-up.
Hasta este año, Detroit tenía pocas razones para no depender de estos
vehículos para sus ganancias y el gobierno prácticamente la instó a hacerlo.
Desde los años 80, la política energética de facto de Washington ha sido
mantener bajos los precios y los impuestos de la gasolina. Los países europeos,
en cambio, han elevado los precios del combustible mediante impuestos, haciendo
que los consumidores se inclinaran por los autos pequeños. Los estadounidenses,
sin embargo, gravitaron hacia vehículos cada vez más grandes y potentes. En los
últimos años, GM, Ford y Chrysler obtuvieron sus ganancias, a veces de hasta
US$8.000 por vehículo, de la venta de camiones, mientras que las ventas de autos
producían pérdidas. La normativa del gobierno hizo que Detroit "cediera el
mercado de autos y ganara todo su dinero con las camionetas", dice Mike Jackson,
presidente ejecutivo de AutoNation Inc., la mayor cadena de concesionarios de
EE.UU.
A fines de 2000, el presidente de la junta directiva de Ford, William C. Ford
Jr., bisnieto de Henry Ford, habló ante un grupo de los principales ejecutivos
de la empresa. El tema: por qué Ford debe invertir en híbridos y tecnología de
ahorro de combustible y prepararse para un alza en los precios del petróleo.
Cuando Ford terminó la charla y cedió la palabra sólo recibió una pregunta,
recuerda una fuente presente en la reunión. ¿Cómo justificar invertir miles de
millones de dólares en tecnología no probada en medio de saludables ganancias
provenientes de camionetas, todoterrenos y marcas de lujo? Ford había registrado
una ganancia de más de US$7.000 millones en 1999. Hubo algunas sonrisas. Ford
reiteró escuetamente su visión y, después de un largo silencio, se marchó.