Sólo en octubre salieron US$72.000 millones; la tendencia pone en riesgo un
eventual repunte del mercado.
Por E. S. Browning -
The Wall Street Journal
Una de las principales características de los prolongados declives bursátiles
de los años 30 y 70 ha regresado: los inversionistas comunes y corrientes están
perdiendo la fe en las acciones.
En los mercados bajistas más virulentos del pasado, un sinnúmero de
inversionistas particulares acumularon enormes pérdidas en sus portafolios. La
bancarrota de instituciones financieras otrora venerables mermó aún más la
confianza en el sistema. Muchos inversionistas desencantados se alejaron de la
bolsa durante décadas.
De la misma forma, los inversionistas de hoy evalúan el colapso de las bolsas
y una ola de escándalos y quiebras en Wall Street. Muchos han huido
despavoridos. Los inversionistas retiraron US$72.000 millones de los fondos
estadounidenses de renta variable, todo un récord, según Investment Company
Institute (ICI), organismo que representa a los fondos mutuos. Aunque no hay
cifras más recientes disponibles, los fondos mutuos dicen que los retiros siguen
siendo cuantiosos.
Si la historia se repite, estos inversionistas no volverán pronto.
"No tengo ninguna confianza para comprar acciones nuevas", dice David
Herrenbruck, un fotógrafo neoyorquino de 52 años. A fines de los años 90,
Herrenbruck creía fervientemente en las acciones, pero el estallido de la
burbuja tecnológica hizo que perdiera bastante dinero. Desde entonces, ha
trasladado la mayor parte de sus recursos al mercado de bienes raíces y
recientemente ha invertido en bonos y certificados de depósito (CD). "Si tengo
efectivo disponible, compro CD", señala.
Los inversionistas particulares constituyen para muchos la piedra angular del
mercado. Es difícil precisar cuántas acciones poseen, porque generalmente las
compran a través de fondos mutuos, cuentas de jubilación y otros vehículos. Pero
una vez contabilizadas las cuentas de retiro, es probable que los individuos
sean dueños de la mitad de las acciones en circulación en Estados Unidos, según
datos de la firma de investigación Birinyi Associates.
El sabor amargo de estos inversionistas sólo creció desde el estallido de la
burbuja de las puntocom en 2000. Entre 2002 y 2005, los inversionistas colocaron
un promedio de US$62.000 millones al año en los fondos mutuos estadounidenses de
acciones, menos de la mitad del promedio anual de la década anterior. Desde
2006, los inversionistas han retirado un promedio de US$40.000 millones de los
fondos de renta variable de EE.UU. al año.
Esta desconfianza ya amenaza con frenar la recuperación de los mercados, lo
que podría reducir las ganancias de las firmas financieras y dificultar los
intentos de las empresas por levantar capital. Eso, a su vez, aplazaría el fin
de la severa recesión que azota a EE.UU. desde el año pasado.
Los individuos no son los únicos que han perdido la fe en la bolsa. Muchos de
los compradores que contribuyeron a que los índices bursátiles marcaran nuevos
récords en esta década—incluyendo las firmas de capital privado y los fondos de
cobertura— también parecen estar mirando más allá de las bolsas.
Los fondos que gestionan recursos de universidades y los fondos de cobertura,
por ejemplo, han canalizado más recursos a inversiones alternativas como bienes
raíces, materias primas, obras de arte e incluso propiedades agrícolas.
Lecciones aprendidas
No hay forma de descubrir por cuánto tiempo los inversionistas particulares
se mantendrán alejados de las bolsas. Su confianza podría recuperarse antes que
en otras ocasiones, dicen los más optimistas, apuntando hacia los esfuerzos de
los reguladores por evitar que se repitan los errores de los años 30 y 70. Las
autoridades gubernamentales han tratado de estabilizar los mercados financieros
al inyectar billones (millones de millones) de dólares, recortar las tasas de
interés para préstamos interbancarios a casi cero y anunciar planes para comprar
valores asociados a hipotecas.
Además, los inversionistas individuales de hoy son distintos a los del
pasado. En los años 30 y 70, invertir en las bolsas era el privilegio de una
minoría de personas acaudaladas. Ahora, gracias a fondos de pensiones y otros
planes de inversión, casi la mitad de las familias estadounidenses posee
acciones.
Algunos de los mayores patrimonios pertenecen a la generación nacida después
de la Segunda Guerra Mundial, que ya se está acercando a la edad de jubilarse.
El mercado bursátil podría recibir un impulso si muchas de estas personas, cuyos
planes de pensiones pueden abarcar décadas de ahorros, decidieran que es seguro
volver a invertir en la bolsa. Sin embargo, si estos inversionistas creen que su
dinero estaría más resguardado en otro tipo de inversión en los próximos años,
podría retrasar la recuperación del mercado.
Peter Lush es uno de los inversionistas particulares que mira a la bolsa con
recelo. El jubilado estadounidense de 61 años invirtió buena parte del dinero de
su pensión en un fondo dedicado a empresas de tamaño mediano. Hasta hace poco,
dice, guardaba parte de sus ahorros en un fondo de renta fija. Después de que
los bonos de las empresas fueran golpeados, trasladó su dinero a los CD. "Tal
vez ahora sea un buen momento para comprar acciones", manifiesta. "Pero, a decir
verdad, estoy asustado".
Razones no le faltan. Entre 2000 y 2002, el Promedio Industrial Dow Jones
cayó 38% y el Nasdaq 78%. Este año, el Dow Jones ha perdido cerca de un 47% para
volver a los niveles de 1997.
"Para muchos inversionistas, ha sido una mirada al abismo", dice Terrance
Odean, profesor de finanzas de la Universidad de California en Berkeley que
estudia el comportamiento de inversionistas individuales. "Siempre han oído
decir que si ahorran con regularidad para la jubilación y compran acciones a
largo plazo, todo resultará bien. Ahora, se están dando cuenta de que existe una
posibilidad de que no sea así".
Manos fuertes y débiles
Cuando los analistas hablan sobre quién está comprando y vendiendo acciones
en épocas como la actual, recurren a las expresiones "manos débiles" y "manos
fuertes". Las manos débiles se retiran cuando el mercado declina en busca de un
refugio seguro. Las fuertes piensan a largo plazo y compran acciones a precios
que podrían ser de liquidación. Actualmente, mandan las manos débiles. Una
recuperación duradera se produce cuando algunas de esas manos débiles —o la
próxima ola de inversionistas más jóvenes— vuelvan al mercado.
Harris Cohen, un gerente de proyectos de 25 años para la empresa ferroviaria
Amtrak, abrió una cuenta individual de jubilación en 2001, cuando tenía 18 años.
Compró acciones de empresas que, en su opinión, tendrían un futuro brillante,
como Apple Inc. Invirtió también en fondos mutuos dedicados a empresas de
energía alternativa y servicios públicos. La renta fija no le interesaba.
"Tuve un excelente rendimiento durante cinco o seis años, con alzas de 10% a
20% al año", dice Cohen. Pero en los últimos 18 meses, su portafolio de acciones
perdió 40% de su valor.
En septiembre, Cohen comenzó a darle la espalda a la bolsa.
Ahora, todo el dinero de su fondo de pensión está invertido en valores de
renta fija de empresas, un fondo de mercado de dinero y algunos fondos que
invierten en empresas de servicios públicos.
Cohen cree que nunca volverá a considerar a las bolsas con el optimismo de
antaño. "Incluso si el mercado se recupera y la economía mejora, dudaría mucho
en invertir todos mis ahorros en acciones", asevera.
De todos modos, aún hay una sorprendente cantidad de optimistas. Más de la
mitad de los pequeños inversionistas encuestados por la firma Decision Research
espera alzas de 10% o más durante los próximos diez años.