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El inversionista Bernard Madoff, acusado de un
gigantesco fraude, camina hacia su departamento, el miércoles pasado en Nueva
York. (Foto: Reuters)
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Antecedentes: por no compartir su fanático “israelocentrismo”, ya me volví la
obsesión personal de Alejandro Frank Hoeflich, quien desde hace más de seis
(sic) años exige furibundamente mi expulsión de La Jornada: primero, a
título personal, luego acompañado de Arnoldo Kraus Weisman (El Correo Ilustrado,
La Jornada, 26/6/02 y 20/4/07), y ahora (junto a Gall Sonabend)
encabeza una cruzada de linchamiento exorcista (desplegado publicitario, La
Jornada, 19/12/08).
Por Alfredo Jalife-Rahme - La Jornada, México
Frank Hoeflich, comprensiblemente abrumado por traumas atávicos (v. gr.,
Los protocolos de los sabios de Sion y el nazismo, de los que jamás
hice apología), me acusa viciosamente (solo y acompañado) de “antisemitismo”
mediante jeremiadas y anatemas sectarios, y confiesa vivir “indignado” por mis
artículos que tanto le exasperan. ¡Qué pena!
Resalta que le afecten tanto las críticas financieras a un sector de la
“banca israelí” y en las que exhibe su gueto mental semántico que choca con las
definiciones universales de los términos y en las que abusa (solo o acompañado)
del “antisemitismo” como blindaje de inimputabilidad que explota para coartar mi
libertad de expresión, mi derecho a informar y a exponer mi inalienable crítica
cartesiana.
No soy israelí, ni sionista, ni su clon, por lo que lamento no coincidir con
su cosmogonía sectaria, por más respetable o repelente que sea. Tampoco colaboro
para Televisa (donde Enrique Krauze Kleinbort alardea manejar la lista de
colaboradores y su contenido) ni escribo para The Jerusalem Post, sino
para un periódico plural, como La Jornada, donde a la mayoría de las
comunidades libanesa y árabe tampoco le gusta (sin hacer tanta alharaca) las
opiniones de Frank Hoeflich, Kraus Weisman y Krauze Kleinbrot, defensores a
ultranza de ese Israel, al que no se le debe tocar y a cuyos grupos sionistas se
les indultan sus crímenes acumulados desde hace 61 años.
Yo he sido más crítico de mis paisanos árabes y libaneses que ellos de sus
correligionarios israelíes.
¿Se trata de equiparar a la víctima histórica con el verdugo contemporáneo?
¿Es correcto extrapolar indiscriminadamente las traumáticas vivencias, que un
servidor siempre ha condenado en los multimedia, durante el zarismo y el
nazismo, para blindar, esterilizar e inmunizar las atrocidades perpetradas por
Israel, los neoconservadores straussianos y ciertos banqueros israelíes?
Hechos: quizá lo oculten o ignoren, pero el “mayor estafador del mundo”, el
“banquero israelí” Bernie Madoff, maneja(ba) los fondos del Mossad (ver The
Spoof; 15/12/08).
Finance Yahoo (18/12/08) reveló que la estafa de Bernie Madoff asciende a 100
mil millones de dólares, que habían sido expatriados a Israel. ¿Señalar las
felonías de Madoff equivale a “antisemitismo”? Interesante ingeniería semántica
que practica la lista de Frank Hoeflich.
Lehman Brothers, joya de la banca israelí-anglosajona (¿prefieren
“sionista-anglosajona”?) que detonó el tsunami financiero global (que,
por cierto, infectó a México), expatrió 400 mil millones de dólares a Israel
días antes de su quiebra (ver Bajo la Lupa, 12/10/08).
Si no afectase la vida de tantos seres humanos en el mundo y los intereses
patrimoniales de terceros, no me tomaría la molestia de citar las hazañas del
Mossad y la “banca israelí-anglosajona”.
No pocas veces el Mossad ha sacrificado a sus “conciudadanos” para obtener
suculentos dividendos geopolíticos, como el caso flagrante del “chacal”
palestino Abu Nidal, a quien usaron para perpetrar un atentado contra Shlomo
Argov, embajador de Israel en Gran Bretaña, con el fin de tener una coartada
para su invasión a Líbano en 1982, según el británico Patrick Seale, una de las
máximas autoridades sobre el Gran Medio-Oriente, quien afirma que “Abu Nidal era
sin duda (sic) un agente del Mossad” (Japan Today, 10/11/06), lo cual
es avalado por Robert Fisk, colaborador “serio e imparcial” y nada
“desinformador” de La Jornada y de The Independent (25/10/08).
Es comprensible que a los encubridores del sionismo financiero y/o a los
ignorantes de la región les exaspere la cruda realidad.
Quienes somos investigadores de la región tenemos tanto la responsabilidad
histórica como la obligación intelectual de explorar todas las pistas,
incluyendo al inimputable Mossad, por más dolorosas que sean para las mentes
castas.
Lo mejor no es la percepción de la lista de Frank Hoeflich, ni siquiera la
mía, sino la de los propios afectados: “los intelectuales y defensores de
derechos humanos en India” declararon que “Al Qaeda es una organización frontal
de la CIA y el Mossad que está detrás de los atentados en Bombay y muchos otros
para imponer en el mundo su agenda de “guerra global contra el terrorismo”,
según India Daily y The Kashmir Times (www.indiadaily.com/editorial/17121.asp
y
www.kashmirtimes.com/archive/0706/070613/index.htm). ¿Son “absurdas
especulaciones”? ¿Son “sesgados y malintencionados” los “intelectuales y
defensores de derechos humanos de India”, donde abunda la sapiencia milenaria?
Lo expresado por India Daily y Kashmir Times es una
afirmación categórica, mientras la mía fue una “pregunta” obligada, dado el
nivel diabólico circundante, entre las diferentes pistas que señalé (al mismo
Liskhar-E-Taiba asociado con Al Qaeda, indios, etcétera) sobre la autoría de la
carnicería de Bombay, que atribuí al racista choque huntingtoniano de
civilizaciones (ver Bajo la Lupa, 7/12/08). Este artículo valió el exorcismo de
“antisemitismo” para la lista de Frank Hoeflich, quien ya me había increpado
cómicamente de “antisemita” por haber calificado de “cosmopolita” al banquero
George Soros (sin haber mencionado su “origen”). En EU existe una revista
popular Cosmopolitan. ¿Será también acusada de “antisemita”?
Sin venir al caso, Enrique Krauze Kleinbort (en su polémica con John Ackerman,
El Correo Ilustrado, 30/4/08), me acusó livianamente de “bajezas antisemitas”
por haber señalado previamente sus controvertidas públicas posturas.
Frank Hoeflich, Kraus Weisman, Krauze Kleinbort, Gall Sonabend, Sefchovich
Wasongarz (y otros) van a tener una gran dificultad científica y genética en
demostrar que son más “semitas” que yo.
No puedo ser “antisemita” porque soy triplemente semita (ver Bajo la Lupa,
14/5/08). ¿Sabrán qué significa científica y lingüísticamente “semita”, que
expropian sin miramientos y que quiere decir “perteneciente a los pueblos árabes
(sic) y hebreos” (Diccionario de la lengua española)?
No puedo ofrecer “disculpas” a los familiares de Norma Schvarzblat, cuyo
deceso explotan sin pudor, porque no fui yo quien la asesinó, pero estoy con
ellos en mi más profundo pésame, si con ello contribuyo en aliviar su aflicción,
que hago extensivo a las víctimas de Bombay, sin excepción sectaria.
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© Immanuel Wallerstein