demás de los costos
cada vez más extendidos y profundos de la peor crisis desde la gran
depresión, el economista y premio Nobel Joseph Stiglitz calcula que la
cuenta de las políticas económicas y los “excesos” durante la presidencia de
Bush supera 10 billones de dólares.
El miércoles la Reserva Federal –el banco
central de Estados Unidos– redujo su tasa de interés base a casi cero (entre
0 y 0.25), su nivel más bajo en la historia. Con ello quemó el último
cartucho de esa arma financiera para tratar de enfrentar la recesión. E
indicó que realiza un giro en su política monetaria, el cual implica
imprimir vastas cantidades de dólares para estimular la economía ya no sólo
por el lado del crédito, sino con infusiones directas para resucitar el
sector financiero (lo cual es ampliar lo que ya empezó en las últimas
semanas).
Junto a ello, comprará
instrumentos de deuda de los bancos (hipotecas, deuda de tarjetas de
crédito, préstamos estudiantiles y más) con la idea de sanear las finanzas
de los bancos y así promover la renovación de préstamos que son vitales para
arrancar la economía, o eso es la teoría. Fue una combinación de iniciativas
sin precedente que complacieron el miércoles a los mercados bursátiles.
Por otro lado, el
gobierno federal reportó este martes que en noviembre los precios al
consumidor se desplomaron a su tasa más rápida desde que se empezó a
rastrear este dato en 1947, en gran medida por la reducción dramática en los
precios de combustible, que cayeron 17 por ciento (el precio de la gasolina
cayó 29.5 por ciento en ese mes). A la vez, la nueva construcción de
vivienda se desplomó casi 20 por ciento y llegó a su nivel más bajo en medio
siglo.
Entre lo que parece ser
la estafa financiera más grande de la historia, con la desaparición de 50
mil millones de dólares a manos de una de las figuras más “confiables” y
respetadas de Wall Street, nuevas revelaciones de corrupción e ineptitud en
Irak por 100 mil millones, un reconocido abogado que defraudó por más de 380
millones a sus clientes, un gobernador acusado de ofrecer un escaño en el
Senado al mejor postor… lo que antes se presentaba como el modelo económico
a seguir ahora, al estallar la crisis, se ha desenmascarado en un gran juego
de lucro para los más ricos y los políticos que lo permitieron.
Durante los últimos
ocho años, se realizó un drástico traslado de riqueza a los más ricos: las
ganancias empresariales se elevaron 68 por ciento, mientras el 10 por ciento
de la población más rica concentró 95 por ciento de los incrementos en
ingresos: las 15 mil familias más ricas duplicando su ingreso anual de 15
millones a 30 millones de dólares. Mientras tanto, los ingresos semanales en
promedio de los trabajadores se mantuvieron estancados, y el valor de sus
bienes se redujo.
Y ahora la ironía es
que todos los que no se beneficiaron tienen que pagar la cuenta.
En estos últimos días
todo mundo está sorprendido por las dimensiones de la estafa cometida por el
financiero Bernard Madoff en su extravagante juego piramidal –o
truco
Ponzi, donde se le paga a
viejos clientes con inversiones de clientes nuevos, pero todos creen que es
fruto de sabias inversiones–, que sacudió al mundo de los ricos el jueves
pasado con el arresto del mago inversionista. Como señalaron unos medios,
algunos de sus clientes se durmieron el miércoles como personas ricas o muy
bien acomodadas y despertaron el jueves como pobres, enfrentando decisiones
de vender sus casas sólo para pagar cuentas y sacar a sus hijos de escuelas
privadas.
Madoff era una figura
que provocaba admiración y respeto en Wall Street, uno de los fundadores y
después presidentes de la bolsa de acciones para empresas tecnológicas
Nasdaq, y amigo y benefactor de ricos y poderosos. Todo acabó como tragedia
griega, cuando sus dos hijos, que habían trabajado en su empresa toda su
vida, lo delataron a las autoridades después de que les confesó que el
negocio no era más que “una gran mentira”.
Pero con cada día que
se expresa la crisis financiera y económica más grande desde la gran
depresión, a través de despidos masivos, bancarrotas, indicadores económicos
cada vez más oscuros, y los incrementos en pobreza, hambre y desesperación,
también se revelan, poco a poco, detalles sobre cómo estalló este gran
desastre, y muchos concluyen que, igual que en el caso de Madoff, mucho fue
“una gran mentira”.
Y lo que se va
revelando es que gran parte de la economía financiera era estafa: bancos que
otorgaban préstamos y hipotecas y especulaban después con esa deuda,
inversiones de los llamados fondos de cobertura de riesgo que, ante la falta
de regulación, simplemente eran operaciones casi ficticias; negocios de
guerra donde el erario pagó miles de millones para beneficiar a empresas que
no cumplían con sus tareas. Y esto es apenas lo que se conoce hasta la
fecha.
De hecho, el mismo día
en que Madoff fue detenido y presentado ante un tribunal, un prominente
abogado de Nueva York, Marc Dreier, también fue presentado ante otro juez
acusado de haber defraudado a inversionistas por más de 380 millones de
dólares con inversiones ficticias en el sector inmobiliario. Ahora la
pregunta es: ¿cuántos casos más como estos existen?
En estos dos casos, los
ricos engañaron a otros ricos, y aparentemente ahí no existía el honor entre
delincuentes. Pero el hecho es que, mientras las víctimas denuncian los
hechos y la omisión de las autoridades en regular estos negocios –una
familia declaró que Madoff le había “robado el futuro a nuestros hijos” al
esfumarse su inversión–, se podría decir que para las grandes mayorías ha
ocurrido lo mismo en una escala enorme: los banqueros y los políticos
responsables de esta crisis les han robado el futuro a millones de niños.
Stiglitz calcula el
precio de los ocho años de políticas económicas y excesos del gobierno de
Bush en 10.35 billones de dólares. Él y su colega Linda Bilmes escriben en
la revista Harper’s que,
empleando suposiciones conservadoras, la cuenta de lo que llaman los excesos
de la era de Bush, o sea el total de la nueva deuda combinada con las
obligaciones acumuladas, llega a esa suma.
“En los ocho años desde
que George W. Bush llegó a su puesto, casi todo componente de la economía de
Estados Unidos se ha deteriorado”, escriben Stiglitz y Bilmes, y ofrecen la
lista: los déficit de presupuesto, comercio y deuda han alcanzado niveles
sin precedente; casi 4 millones de empleos manufactureros han desaparecido;
5 millones de personas no tienen seguro de salud, la deuda del consumidor
casi se ha duplicado. Junto con los costos de todo esto, recuerdan se
cálculo de que el precio real final de la guerra en Irak llegará a unos 3
billones de dólares.
“Ahora casi todos los
días nosotros pagamos la cuenta en esta ciudad y este país por la avaricia
sistémica que floreció con el presidente saliente y todos sus hombres… Éste
es el país que Bush trasladará a Barack Obama en unas cuantas semanas, un
país que ha perdido el rumbo”, escribió el columnista Mike Lupica en el
New York Daily News.