Hay una especie de extraño doble rasero en la generosidad con el
erario público que muestra el presidente electo Obama cuando se trata de los
bancos y las compañías de seguros de Wall Street, comparado con su postura mucho más
exigente hacia un posible rescate de la industria automovilística de los EEUU.
Por Michael Hudson
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Revista Sin Permiso
Traducción de Xavier Fontcuberta i Estrada
En su entrevista del 7 de diciembre con Meet the Press puso condiciones a un
rescate de dicha industria, pero no dijo nada de pedir las mismas condiciones
para el sector financiero. Sus palabras sobre Detroit podría haberlas aplicado
igualmente a Wall Street. Pero no lo hizo así.
“Creo que los Tres Grandes constructores de vehículos de los EEUU han cometido
errores estratégicos en repetidas ocasiones. No hay gestionado dicha industria
de la forma en que deberían. (…) Lo que debemos hacer es proporcionarles ayuda,
pero esa ayuda está condicionada a que lleven a cabo ajustes significativos. Van
a tener que reestructurarse, y todos quienes participan en ello van a tener
también que asumir esa reestructuración. Los trabajadores, la dirección, los
accionistas, los acreedores – todo el mundo va a tener que reconocer que en
estos momentos no tienen un modelo de negocio viable. Y si esperan que los
contribuyentes ayuden a ese proceso de ajuste, no pueden seguir posponiendo un
tipo de cambios que, francamente, deberían haber hecho hace 20 o 30 años”.
Y más adelante en la misma entrevista, mantuvo su postura:
“… cuando se trata del dinero de los contribuyentes (…) queremos estar seguros
de que esté condicionado a que después del proceso emerja una industria del
automóvil realmente viable, que funcione de verdad. (…) Pero también me preocupa
que no demos a una determinada industria 10, 20, 30 o los miles de millones de
dólares que sea y luego, seis meses o un año después, vuelvan con una mano
delante y otra detrás diciendo “dadnos más”. Me parece que los contribuyentes
están ya hartos”.
Está bien. ¿Pero no es exactamente esto lo que está pidiendo Wall Street? ¿No
acaban de volver pidiendo los restantes 350 mil millones de dólares del plan del
Tesoro aprobado por el Congreso en octubre y que quedaron sin asignación
(refrendado además por el propio presidente electo Obama), y ello mientras la
Reserva Federal sigue proveyendo de “efectivo a cambio de basura” a los bancos y
las compañías de seguros hasta un montante que se aproxima ya a los 2 billones
de dólares?
Uno podría preguntarse porqué los mayores culpables de Wall Street – Hank
Greenberg de A.I.G., Charles Prince de Citibank – fueron rescatados como si
salvarles a ellos fuese salvar “la economía” en si misma, mientras a los únicos
que se les pide que no se asignen esos salarios y pluses exorbitantes es a los
ejecutivos de las empresas automovilísticas. Si la industria del automóvil tiene
un problema de “mal diseño” del que se les hace responsables, ¿porqué los
bancos, A.I.G., y quienes les nutren – los hedge funds que están al otro lado de
esos tratos que los chico listos cierran y los chicos despreocupados les dejan
cerrar – no son sometidos a similares exigencias?
La explicación parece ser que los altos ejecutivos de la industria del automóvil
no tienen a un alto funcionario del gobierno como el Secretario Paulson que
trabaje para ellos para presentar sus intereses particulares como el interés del
conjunto de la economía. Por si mismos, no estaban en una posición que les
permitiese llevarse por delante toda la economía si no se les daba lo que
pedían. Sólo Wall Street puede hacer naufragar la economía, llevándola a la
bancarrota. Es este poder lo que le permite presentar sus intereses como los de
toda la economía, y por lo tanto gozando de una protección que no recibe ningún
otro sector y ni mucho menos los trabajadores.
Lo que es importante entender es que el problema de los préstamos basura se
concentra en las capas altas (aproximadamente el 15 más rico de los bancos), los
grandes conglomerados de Wall Street que se crearon después de que la
administración Clinton conspirase con los republicanos para revocar la ley Glass-Steagall
y permitir que los bancos formasen conglomerados de otro tipo de empresas. Pero
el rescate no termina en estos bancos o en A.I.G., sino en los acreedores que
hay del lado ganador de las apuestas que se hicieron contra estos bancos y
contra A.I.G., y que ahora quieren cobrar de instituciones financieras que no
pueden pagar. Como jugadores en un casino en bancarrota, pidiendo al gobierno
que les ayude o “el sistema” colapsará.
¿Y cuál es este sistema que el Congreso y el señor Obama se afanan tan
vigorosamente en rescatar? Básicamente, los banqueros y los vendedores de
seguros de A.I.G. se comportan como gerentes de un casino a los que no les
importan las pérdidas mientras sigan recibiendo un cheque que les permita vivir
muy, muy bien.
Pero no todos los casinos se arruinaron, y la vasta mayoría de bancos y
compañías de seguros norteamericanas evitaron hacer grandes apuestas. El plan de
rescate tiene pues poco que ver con ellos. Y por supuesto tiene poco que ver con
“el conjunto de la economía”. Tiene que ver con gestores de hipotecas
deshonestos que trabajaban para bancos deshonestos que corrompieron el proceso
político mediante sus donaciones a las campañas, y que llevaron a cabo malas
apuestas contra inversores financieros muy espabilados que les pidieron
prestadas enormes sumas de dinero para cubrir dichas apuestas, y que permitió
que los banqueros de inversión y de los bancos comerciales se convirtiesen en
los individuos mejor pagados de la historia. ¿Pero debería uno decir que este
episodio único en la historia de la humanidad es realmente “la economía”? ¿O es
un excremento? ¿No estaría mejor la economía SIN que esas deudas de los bancos y
de A.I.G. sean “saneadas”?
El señor Obama explicó que la solución de su administración al problema de los
malos préstamos es que ante el Gobierno de los EEUU los bancos “hallen su camino
para salir de la deuda” cargando a los propietarios de viviendas, a los hogares
y a la industria americana con mucha MÁS deuda hasta que los intereses que
genere permitan reconstruir los balances de los bancos. En breve, lo que los
bancos nos venden es deuda. Esto puede tacharse de polución financiera. Los
bancos se van a dedicar a ganar dinero llenando de polución financiera la
economía.
¿No es ser hipócrita por parte del señor Obama el que critique a las empresas
automovilísticas por producir trastos que engullen litros y litros de gasolina y
contaminan el medio ambiente, sin criticar los grandes de Wall Street que
financian las campañas políticas para hacer lo mismo al medio económico? “Mi
equipo ha llevado a cabo conversaciones con esta gente para ver como podemos
hacer que los fabricantes de coches se pongan a trabajar en los cambios que es
necesario hacer”, explicó el señor Obama a Tom Brokaw, “Alguna gente ha dicho
que sencillamente les dejemos que quiebren. Bien, en tiempos normales una
empresa incluso tan grande como General Motors puede efectivamente ser capaz de
pasar por un proceso estándar de bancarrota (según capítulo 11), reestructurarse
y aún así seguir operando en el sector. Cuando observas este tipo de colapsos al
mismo tiempo que tienes al sistema financiero tan débil como está ahora, eso
significa que tendremos que encontrar maneras de ejercer presión en el mismo
sentido que lo haría un tribunal de cuentas, pidiendo responsabilidades,
exigiendo cambios profundos”.
El señor Obama terminó diciendo que “tenemos que poner punto y final a esta
actitud de esconder la cabeza bajo el ala y seguir como si nada… Y lo que
todavía estamos viendo son bonificaciones salariales para los ejecutivos de la
industria del automóvil que están fuera de lugar respecto a las de sus
competidores”, añadiendo que “no es algo exclusivo del sector del automóvil. Lo
hemos visto en todos lados. Sin duda, lo hemos visto en Wall Street”.
Pero no parece que entienda cuál es el problema. Hablando explícitamente de la
crisis financiera, Obama dijo que “había una enorme cantidad de deuda, una
enorme cantidad de dinero de otra gente que se prestaba, y la especulación
giraba en torno a esas hipotecas. Y si podemos reforzar esos activos, entonces
eso reforzará al sistema financiero en su conjunto”.
¿Qué no encaja en esta fotografía? En primer lugar, los bancos NO estaban
prestando “el dinero de otra gente”. Esto es un mito promovido por el lobby
académico de Wall Street, la escuela “monetarista” de la Universidad de Chicago.
Los bancos crean crédito – es decir, deuda a devolver con interés – libremente,
tan pronto como dan con un prestatario dispuesto a firmar un pagaré. El préstamo
genera un depósito (“ahorrándose el dinero de otra gente”). Esa es la realidad
financiera. La banca es un monopolio público capaz de crear y monetizar el
crédito. Este monopolio se garantiza para así poder tener un sistema financiero
que se supone que financia la inversión de capitales para el crecimiento
económico.
Pero si los bancos se hubiesen limitado a hacer esto, no habrían tenido el
problema de las deudas de mala calidad provocado por apostar con las acciones y
por préstamos hipotecarios fraudulentos llevados a cabo por sus enormemente
rentables filiales que gestionan activos hipotecarios, y sus rapaces secciones
legales extremadamente bien pagadas y encargadas de redactar contratos de
hipotecas más sangrantes aún. La inversión en capital es financiada hoy en día
por las mismas empresas industriales con parte de sus beneficios – si son
capaces de retener alguno después de pagar a los tenedores de bonos basura que
han pedido prestado dinero a los bancos para acabar haciéndose con el control de
la empresa y trocearla, no para aumentar su inversión a largo plazo en capital,
investigación y desarrollo.
Lo que hace falta es reestructurar el sistema financiero para que realmente haga
lo que sus defensores y sus cómplices de la academia sostienen que hace:
promover el crecimiento económico en lugar de simplemente ahogar la economía con
deuda como medio de obtener beneficios con los intereses.
La segunda parte de la frase del señor Obama donde recomienda hacer reformas
propone de hecho lo contrario. Ha dado todo su apoyo al Secretario del Tesoro
Henry Paulson, al sugerir que la forma de reactivar la economía y los bancos es
volver a hinchar una burbuja inmobiliaria alimentada por la deuda. Se espera que
los posibles compradores de inmuebles vayan aún más lejos en su endeudamiento
para así proveer a los bancos con suficientes ingresos por intereses para ser
solventes de nuevo (su pasivo es tan desproporcionado como el de aquellos que
tienen una hipoteca subprime y han sido explotados por esos mismos bancos). El
señor Obama habla de “reforzar esos activos”, es decir, casas y edificios de
oficinas, “para así reforzar el sistema financiero en su conjunto”.
Pero eso va a debilitar la economía, dejándola aún más endeudada.
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Michael Hudson es ex economista de Wall Street especializado en balanza de pagos
y bienes inmobiliarios en el Chase Manhattan Bank (ahora JPMorgan Chase & Co.),
Arthur Anderson y después en el Hudson Institute.