l tsunami financiero alcanzó ya al Pentágono, obligado a realizar
ajustes fiscales importantes, por lo que deberá optar por una “pausa
estratégica” de un mínimo de dos años, como recomienda el Center for National
Policy (CNP), think-tank vinculado al Partido Demócrata.
El reporte del CNP Agilidad a lo largo del espectro: un proyecto para la
fuerza futura, de 70 páginas, se articula con el nuevo pensamiento sobre la
naturaleza de las guerras del futuro que propone el secretario de Defensa Bob
Gates (ver Bajo la Lupa, 7 y 10/12/08), propone una “estrategia para enfrentar
las amenazas crecientes en tiempos de crisis fiscal”, y pone el dedo en la llaga
del incontrolable dispendio bélico del Pentágono: “la presente crisis del sector
financiero y el costo asociado a los contribuyentes hacen inimaginables (sic)
aumentos de gran escala en el gasto militar en los próximos años”.
Fustiga que el gasto militar aumentó 86 por ciento en los pasados ocho años
con resultados poco claros y urge a la entrante administración de Obama a
enfocarse en ganar (sic) las guerras en Irak y Afganistán, reconstruir las
fuerzas militares terrestres, incrementar el tamaño de los marines,
suprimir la utilización de los contratistas privados en seguridad para 2014, y
establecer un comando conjunto en ciberseguridad.
¿Se desprivatiza el ejército de Estados Unidos? Esta sí que es noticia, ya
que el nuevo pensamiento militar parece asimilar la desglobalización y la
restatización de los asuntos humanos después de la debacle neoliberal que
infectó hasta el espíritu del cuerpo militar.
En forma paralela a la revaluación de los nuevos tipos de guerra que librará
el Pentágono y sus ineludibles recortes fiscales, el Centro de Estudios
Estratégicos Internacionales (CSIS, por sus siglas en inglés; 8/12/08) –donde,
por cierto, figuran los geoestrategas Henry Kissinger y Zbigniew Brzezinski, y
que planificó la captura de los hidrocarburos mexicanos hace siete años, en
colusión con los neoliberales salinistas y zedillistas– refiere que la
ciberseguridad representa uno de los principales problemas de seguridad
nacional de Estados Unidos, sin descuidar la privacidad y las libertades
civiles.
Cabe señalar que, en los tiempos de hambruna y desempleo global, el gasto
militar de Estados Unidos es intolerable para los pacifistas samaritanos: 547
mil millones de dólares, es decir, 45 por ciento del total mundial, frente a
China, con 5 por ciento, y Rusia, 3 por ciento (SIPRI, 08).
En realidad, el dispendio militar de Estados Unidos sería doblemente mayor ya
que oculta gastos bajo la asignatura benigna de investigación y desarrollo (I&D)
de las universidades.
Las principales “recomendaciones” de CNP son: 1) “La pausa estratégica”:
diferir los compromisos en los próximos dos años para nuevos y experimentales
sistemas de armas; 2) “Reconstruir y reajustar”: expandir el ejército terrestre
en 65 mil y a los marines en 27 mil; 3) “Mayor proyección, mayor
extensión”: mejorar la habilidad de proyectar el poderío a todo el mundo, con un
objetivo de 325 navíos, mediante la construcción de más submarinos, y
plataformas de menor costo, así como la creación de “vehículos de combate aéreo
sin piloto” (UCAV, por sus siglas en inglés).
Los objetivos esbozados dotarían a los militares con la “agilidad necesaria
para combatir, ganar o prevenir conflictos que van desde la contrainsurgencia
hasta la guerra convencional”. Los marines regresarían a sus “raíces
expedicionarias”, mientras el omnipotente sector de la fuerza aérea, que deglute
una parte sustancial del pantagruélico presupuesto, sería “más enfocado” y
“avanzado”.
Se desprende que las guerras Nintendo del Pentágono, en las que la
fuerza aérea juega un papel destructivo preponderante, quedan desacreditadas ya
que, pese a su colosal demolición, no consiguen ganar las guerras en el terreno
de acción y ocupación, cuya tarea es ahora asignada al ejército terrestre y a
los marines.
En similitud a Bob Gates, el secretario de Defensa reformista, el reporte CNP
no critica explícitamente el RAM (Revolución de Asuntos Militares), el espejismo
alucinatorio de la dupla Cheney-Rumsfeld y sus aliados neoconservadores
straussianos.
De Defensa (10/12/08), centro de pensamiento estratégico europeo, concede
enorme importancia al reporte CNP, que denota un “empuje reformista del
Pentágono”, pregonado por la “corriente moderada”. Refiere que el reporte fue
divulgado el mismo 8 de diciembre por Reuters (agencia británica de noticias) y
el rotativo The Guardian, y festeja el “hallazgo feliz”, desde el punto
de vista mediático, de la “pausa estratégica”, cuando el gasto del Pentágono se
encuentra “fuera de control” y “en estado de ruptura”.
Destaca que CNP, con sede en Washington, sea dirigido por Tim Roemer,
anterior representante demócrata de Indiana, miembro del Comité del 11/9, y
favorito a descolgar un alto puesto en los servicios de espionaje de Obama.
Scott Bates, coautor del reporte, en una entrevista a Reuters comentó que los
“recursos se encuentran muy limitados y que no existe margen para otro error”,
mientras confiesa que, en el marco del empeoramiento de la crisis financiera
global, “hemos estado operando de manera urgente en los pasados siete años”.
Bates argumenta persuasivamente que la “pausa estratégica” es idónea en la
coyuntura presente ya que las “armas de Estados Unidos se encuentran una
generación adelante de otros países enemigos posibles (sic)”.
A De Defensa no se le escapa que el “argumento principal coyuntural” del
reporte “se centra en la crisis financiera y económica”, misma entonación de una
fuente relevante como Defense Business Board (25/11/08), así como del connotado
reformista militar Winslow Wheeler.
Los poderosos contratistas militares afectados (Lockheed Martin Corp., Boeing
Co, SAIC Inc, etcétera), sus cabilderos en el Congreso y sus palafreneros en los
multimedia, han reaccionado exasperadamente. La Asociación de Industrias
Aeronáuticas, en una página pagada en The Washington Post, arguye que
su sector otorga 2 millones de empleos de clase media y es el principal
exportador de bienes manufacturados de Estados Unidos.
Con tal argumento de corte sofista y
fascista, la “industria del narcotráfico” pudiera publicitar lo mismo,
olvidándose del axioma axiológico de que el fin no justifica los medios, ni los
miedos bélicos.