(IAR
Noticias)
16-Diciembre-08
La hegemonía de EEUU no mermará, aunque se prevén ciertas mutaciones en un
mundo que será más multipolar.
Por
Felipe de la Balze - Clarín
E l mundo enfrenta la peor crisis económica desde la década de 1930. Los "opinólogos"
-desconcertados por la velocidad de los sucesos- no atinan en sus presagios.
Por su parte, los gobiernos, que no supieron anticipar los acontecimientos, se
han lanzado de lleno a impedir la quiebra del sector financiero, a estimular
la economía a través de un incremento del gasto público y a proponer nuevas
regulaciones que impidan la recurrencia de la crisis.
Los mercados de crédito sufren el equivalente a un paro cardíaco y no se puede
descartar una deflación (recesión y caída de precios). Pero si los gobiernos
sobrereaccionan y el aumento del gasto publico es excesivo, se podría generar
una alta inflación que arrastre algunos Estados a la bancarrota.
La crisis no tardará mucho en afectar adversamente el clima social e impactar
la estabilidad política, sobre todo en aquellos países con instituciones
débiles. Las recientes conmociones políticas en Grecia y Tailandia son un mero
adelanto de lo que está por venir.
Las crisis financieras son siempre diferentes, aunque algunas características
son recurrentes: una vigorosa expansión económica financiada por una excesiva
utilización del crédito, burbujas en los precios de los activos, cambios en el
entorno regulatorio y modificaciones en las políticas monetarias, que oscilan
entre la excesiva liquidez al inicio del ciclo y la contracción del crédito
cuando ocurre el derrumbe. Sin embargo, esta crisis tiene elementos de
primicia.
La crisis se originó en los centros financieros mundiales y no en los países
emergentes. El contagio de la crisis al resto del sistema fue veloz -resultado
de la vigorosa integración de los mercados de capitales mundiales. La
contracción del crédito no afecta sólo a los agentes económicos tradicionales
(gobiernos, bancos, empresas y consumidores) sino también a otras
instituciones como las compañías de seguro, los fondos de inversión y las
subsidiarias de compañías industriales y comerciales que proveen crédito a sus
clientes. Por ahora, los mercados interbancarios siguen parcialmente
congelados y la enorme liquidez creada por los bancos centrales no se
transforma en crédito ni circula fluidamente entre los sectores líquidos e
ilíquidos de la economía.
Estas circunstancias precipitan la liquidación de otros activos por parte de
agentes económicos que se desprenden de ellos para cumplir con compromisos
preexistentes y reducir deudas apremiantes lo que explica, en parte, el
desplome de las bolsas y las materias primas. La amplitud de la crisis suscita
interrogantes respecto a sus consecuencias sobre los equilibrios geopolíticos
mundiales.
Para algunos analistas, se trata del fin del período de hegemonía
norteamericana. Siento disentir con dicha interpretación que se acerca más a
una proyección de deseos que a un análisis sobrio de la realidad. Ni las
exigencias de Nicolás Sarkozy, ni las sugerencias de Jean Claude Trichet
(presidente del Banco Central Europeo), ni las advertencias de Vladimir Putin
o de los dirigentes chinos, podrán modificar el funcionamiento de la economía
internacional. Las decisiones que tome la próxima administración del
presidente Obama serán determinantes en la definición de las nuevas reglas del
juego.
Los hechos han demostrado que la "teoría del desacople" (que sostiene que los
países emergentes suplantarían a los países centrales como locomotoras del
crecimiento mundial) es incompleta. La periferia no ha reemplazado al centro.
Estados Unidos y los principales países centrales son los que van a pilotear
la salida de la crisis tomando en cuenta sus intereses económicos y
estratégicos.
La dirigencia china teme más las consecuencias políticas internas de una
severa recesión mundial (rebeliones incluidas) que las pérdidas económicas en
las que podría incurrir su país al aceptar un mayor deterioro en los términos
de intercambio y/o una potencial desvalorización de sus inversiones en los
centros financieros.
El escenario más probable es un gradual retorno al statu quo aunque con un
nivel mayor de regulaciones y algunas reformas (menores niveles de
endeudamiento, mayor transparencia informativa, modificaciones en los roles de
las agencias calificadoras de riesgo y en las instituciones multilaterales,
etc.) que se pondrán en marcha para corregir los excesos más notorios de la
crisis actual.
Pero las asimetrías se mantendrán tanto en el campo monetario como en el campo
comercial (donde la posible renegociación de la Ronda Doha no modificará
significativamente la matriz del comercio mundial). Permanecerán estables la
relación privilegiada y simbiótica entre los Estados Unidos y China, el
proteccionismo agropecuario de los países centrales y la creciente
internacionalización de las cadenas de
producción y consumo a través de las empresas multinacionales.
El sistema diseñado en Bretton Woods (1944) centrado en la hegemonía de los
Estados Unidos y sus principales aliados no sobrevivirá a esta crisis en su
formato original. Las nuevas potencias emergentes (entre otras: Brasil, China,
la India, México, Sudáfrica y Rusia) accederán a un rol más destacado en el
escenario mundial. Pero al revés de Alemania y Japón (potencias emergentes a
principios del siglo XX), que intentaron modificar de cuajo el sistema
internacional entonces vigente, las nuevas potencias se benefician del sistema
actual, desean preservarlo y, por ahora, sólo proponen incrementar su propio
margen de maniobra.
Nos dirigimos a un mundo más multipolar (habrá nuevos actores en el escenario
central) pero no necesariamente más multilateral (con mejores instituciones y
normas que regulen el funcionamiento del sistema internacional).
En nuestro país, ( por Argentina) el aumento desmedido del gasto público por razones
electorales, la manipulación del INDEC, la creciente inseguridad personal y el
temor a que el Estado vulnere derechos de propiedad ensombrecen el horizonte.
La Argentina, con instituciones frágiles y con alianzas internacionales que se
han debilitado enfrenta las convulsiones mundiales desde la soledad. |