Por Dennis K. Berman - The Wall Street
Journal
Desde entonces, la banca de inversión se ha convertido en un reino fantasma,
donde todo el mundo está ocupado pero nadie hace nada. En este mundo, el estatus
es conferido por una buena reunión, no por una transacción completada; un
salario de US$700.000 se considera generoso, y sigue circulando una historia
apócrifa de un ex banquero de valores hipotecarios de J.P. Morgan Chase & Co.
que ahora opera una elevadora mecánica.
"Una generación entera trabajó durante 20 años, levantó la cabeza y ahora
todo se ha perdido", afirma un banquero de Goldman Sachs que pidió no ser
identificado. De hecho, el viernes J.P. Morgan despidió discretamente a una gran
cantidad de banqueros de Bear Stearns. Los recién desempleados pensaron que
habían encontrado un refugio después de que Bear colapsara este año.
Por ahora, la forma de hacerle frente a la situación es a través de
prolíficas reuniones. Diez de cada 11 personas entrevistadas describieron, con
un inesperado entusiasmo, cómo este es un buen momento para "conectarse con los
clientes" o "construir relaciones". Uno de ellos alardeó que pasa sólo dos días
por mes en la oficina, mientras otro ex empleado de J.P. Morgan se jactó de
haber tenido dos reuniones sumamente exitosas, sólo unas horas antes de ser
despedido.
Los banqueros afirman que las conversaciones más sustantivas son las que
mantienen con empresas que necesitan efectivo con urgencia. Estas empresas
escuchan a cualquiera que proponga una idea creativa. Cuando los mercados están
congelados, hay poco que realmente se pueda hacer. "¿Cuál es su definición de
negocios?", espetó un ejecutivo de Merrill Lynch.
A menudo, estas conversaciones se terminan convirtiendo en discusiones sobre
el destino del propio Wall Street y si los empleadores de los banqueros
sobrevivirán o no. "Después de un tiempo se acaban los temas de conversación",
asegura un banquero de Citigroup.
Estas conversaciones son un aliciente macabro para otro grupo emergente en
Wall Street, compuesto por aquellos que ya han perdido las esperanzas en sus
puestos actuales y alimentan febrilmente los rumores sobre despidos y
bonificaciones. Estas personas se suelen encontrar en los rangos más jóvenes de
los bancos, donde los empleados tienen menos capacidad para cerrar un trato o
diferenciarse de los demás. La mayoría está buscando en vano otro empleo.
"Miran los canales de noticias todo el día y navegan por Internet", afirma el
banquero de Citigroup. "La banca de inversión tenía un ambiente bullicioso.
Ahora (los banqueros jóvenes) están completamente derrotados".
Este parecería ser un momento de autorreflexión natural. Quizás, el instante
para considerar si buscar una oportunidad fuera de Nueva York, o perseguir una
pasión olvidada. Asombrosamente, pocos de los banqueros más experimentados
parecían poder aceptar la realidad obvia de su propia profesión: que un mundo
sobreapalancado también creó un exceso de banqueros.
Es un testamento para el optimismo inherente de Wall Street que los banqueros
se sigan sintiendo tan seguros.
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