|
 |
|
Los ejecutivos de las automotrices piden ahora un préstamo de US$34.000
millones. |
El Congreso de Estados Unidos y la Casa Blanca se acercaban ayer a un acuerdo
sobre un plan de rescate para las tres mayores automotrices del país. La medida
le daría al gobierno estadounidense una participación en la alicaída industria y
un rol estelar en su reestructuración.
Por Greg Hitt - The Wall Street
Journal
Bajo los términos del proyecto de ley, el cual al cierre de esta edición
todavía estaba sujeto a modificaciones, el gobierno recibiría garantías de
acciones en las compañías equivalentes a por lo menos 20% del total de préstamos
que les otorgue. Las automotrices tendrían que aceptar la imposición de límites
en la remuneración de sus ejecutivos y pagos de dividendos similares a los
adoptados en el paquete de rescate de US$700.000 millones para la industria
financiera.
En el caso de que el Congreso y la Casa Blanca alcancen un acuerdo, ésta
pasaría a ser la última industria en someterse a la estricta supervisión del
gobierno a cambio de un paquete de rescate. El sector atravesaría por una
reestructuración similar a la de una bancarrota, pero con menos penurias y bajo
la supervisión del gobierno en lugar de un juez.
El programa sería supervisado por una persona nombrada por el presidente
George W. Bush, el cual ya se ha ganado el apodo de "zar automovilístico" entre
asesores parlamentarios y legisladores. La persona actuaría como una especie de
fideicomisario con autoridad para reunir a trabajadores, gerencia, acreedores y
proveedores de autopartes para negociar un plan de reorganización. El "zar"
también tendría la facultad de revisar cualquier transacción o contrato que
involucre a las automotrices que reciban ayuda y que esté valorado en más de
US$25.000 millones.
Congresistas del Partido Demócrata y asesores del gobierno de Bush debatían
hasta avanzadas horas de anoche los últimos detalles del acuerdo, el cual la
Casa Blanca preferiría que incluyera condiciones más estrictas.
General Motors Corp., Ford Motor Co. y Chrysler LLC han solicitado un total
de US$34.000 millones para capear la recesión económica y el agudo declive en
las ventas de vehículos. GM y Chrysler informaron que necesitan una inyección de
efectivo antes de finales de diciembre para evitar el cierre de sus operaciones.
La Casa Blanca ha estado presionando por un paquete de concesiones, pero
recibió fríamente las últimas propuestas de los demócratas. Fuentes de la Casa
Blanca sugirieron que el paquete no es lo suficientemente riguroso y que abriría
la puerta para que otras empresas que se encuentren en aprietos financieros
soliciten financiación de largo plazo.
La última versión del proyecto de ley otorgaría a las empresas miles de
millones de dólares en financiación de corto plazo. Se espera que los préstamos
puente asciendan a los US$15.000 millones, lo suficiente para asegurar la
viabilidad de las automotrices hasta marzo del próximo año.
Cualquier acuerdo tendría que ser ratificado por el Congreso, donde la
oposición al plan de rescate sigue siendo intensa, especialmente entre los
republicanos del Senado, los cuales tienen herramientas para bloquear la medida.
Los demócratas esperan que el Congreso se pronuncie esta semana,
probablemente empezando por el Senado. "El Congreso está intentando salvar a
Detroit", dijo el líder de la bancada demócrata del Senado Harry Reid. "Si los
senadores están dispuestos a trabajar en equipo... estamos en condiciones de
aprobar la ley".
GM, encabezada por Richard Wagoner, divulgó un comunicado de prensa en el que
resaltó "la acción extraordinaria" que tanto las automotrices como el Congreso
estarían realizando. "Como parte de nuestro plan, vamos a respetar las
condiciones propuestas en el proyecto de ley y continuaremos nuestra
reestructuración con la máxima urgencia". La empresa, asimismo, exhortó a los
legisladores a que aprueben la iniciativa.
El plan del Congreso parece brindar a las automotrices los beneficios de
acogerse a la bancarrota para reestructurar pasivos, pero sin tener que hacerlo.
La financiación que obtendrían las compañías, sin embargo, sólo duraría unos
cuantos meses. "Creo que el Congreso busca un punto intermedio", dijo Evan
Flaschen, abogado de bancarrota de la firma Bracewell & Giuliani LLP. "Cabe
preguntarse si habrá una segunda parte con más dinero".
Al igual que en una bancarrota, el proyecto de ley trata de establecer un
proceso en el cual las automotrices puedan negociar con los acreedores. Las
empresas podrían modificar sus contratos con los tenedores de bonos y los
sindicatos. Las automotrices han señalado que acogerse a la bancarrota para
reestructurar pasivos podría desembocar en su liquidación ya que las personas no
comprarían los autos de una empresa en bancarrota.
Los préstamos de corto plazo serían financiados por un programa de US$25.000
millones diseñado para ayudar a las automotrices a fabricar autos que consuman
menos combustible.
******