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Trabajadores despedidos se manifestaron ayer afuera de la fábrica Republic
Windows and Doors en Chicago, en demanda que se les liquide el pago de prestaciones. (Foto AP) |
El analista británico Ambrose Evans-Pritchard, vinculado a los intereses
financieros de la City, advierte que la “estabilidad mundial pende de un hilo
conforme las economías continúan su desplome” (The Daily Telegraph, 30/11/08) y
comenta que en forma similar a las burbujas financieras, la “burbuja política
está estallando”, y en forma análoga a los “diferenciales (spreads) financieros
de riesgo” de la “sequía crediticia”, los “diferenciales de riesgo
geoestratégico se han ampliado ahora en forma dramática”.
Por Alfredo Jalife-Rahme
- La Jornada, México
Concede enorme importancia a los Bonos del Tesoro de Estados Unidos de tres
meses, que se han vuelto el “último refugio seguro” y que otorgan un rendimiento
menor a cero después de descontar los costos, lo que demuestra que “ahora se
paga a Washington por guardar el dinero de los ahorradores”, cuando se han
desmoronado los valores del “RIC” (Rusia, India y China), que ha impulsado una
fuga de capitales hacia el dólar.
Alega que la “atrocidad” de Bombay puede entronizar al partido nacionalista
hindú Bharatiya Janata al poder (la tesis de Bajo la Lupa, 3/12/08), lo que
derivaría en una “confrontación nuclear (¡super-sic!) entre India y Pakistán”.
Abulta las protestas del centro exportador de Guandong, debido al contagio del
tsunami financiero que ha golpeado a China, que “recurriría a la carta
nacionalista” mediante una incursión de sus submarinos en aguas japonesas, lo
que desembocaría en “represalias de Estados Unidos”.
Extiende la descomposición financiera, económica y geopolítica a varias zonas de
Europa, y en particular a Rusia: “secuestrada por los precios del petróleo, que
en caso de descender debajo de 50 dólares el barril (nota: ahora se cotiza en 42
dólares) generaría un movimiento telúrico”.
Rememora antecedentes similares en la década de los 30 del siglo pasado cuando
“nada era obvio” hasta que estalló la Segunda Guerra Mundial, y refiere que “hoy
los excesos de deuda son mucho mayores”. Sugiere que los inversionistas deben
apostar a los países con una “democracia profundamente arraigada, un fuerte
sentido de solidaridad nacional, una probada (sic) aplicación de las leyes y
portaviones nucleares (¡supersic!)”, es decir: “Estados Unidos y Gran Bretaña
(GB)”.
¿Propició la banca israelí-anglosajona la carnicería de Bombay con el fin de
repatriar los capitales a Estados Unidos y revaluar artificialmente el dólar?
¿Apuesta Ambrose Evans-Pritchard a una tercera guerra mundial para capitalizar
los ahorros de los inversionistas en Estados Unidos y GB?
Ilya Kramnik, comentarista militar de Ria Novosti (2/12/08), y Bob Gates,
secretario del Pentágono –que repite con Obama– (The Financial Times, 5/12/08),
plantean guerras de diferente escala e intensidad, muy alejadas de la tesis
apocalíptica de Ambrose Evans-Pritchard.
Ilya Kramnik sopesa las “posibles (sic) guerras de Obama”, que coloca en tres
regiones: Afganistán, Irán y el Mar Negro. Considera que el “conflicto en
Afganistán tiende a intensificarse” cuando “el Pentágono ha anunciado un plan
para incrementar sus tropas a más de 50 mil soldados”, que puede llevar al
empantanamiento de Estados Unidos, como sucedió con la URSS. Es evidente que la
guerra en Afganistán sirve para descargar los inventarios del complejo
militar-industrial de Estados Unidos.
Ilya Kramnik considera que “Irán permanecerá en la lista de las prioridades”,
pero en las “presentes circunstancias Estados Unidos no se encuentra en
condiciones de desencadenar una nueva guerra en la región” y optará por “ejercer
presión en el interior mediante el apoyo a la oposición”.
Washington ejercería presiones sobre Moscú en la “región del Mar Negro”: el
riesgo de otro conflicto entre Georgia y Rusia es “muy alto” e involucraría a
Ucrania, cuando “Estados Unidos ha aumentado su flota”. Los movimientos de
atracción de Ucrania y Estados Unidos servirían para facilitar la revancha de
Georgia.
Los temores de Ilya Kramnik sobre un conflicto en la región del Mar Negro se
confinan a los últimos días de Baby Bush ya que con Obama en la presidencia “un
conflicto sería menos probable”.
Aduce que “con mayor probabilidad, Obama proseguirá el despliegue de los nuevos
sistemas misilísticos de defensa en Europa del este” y asevera que “otras
guerras no empezarán probablemente en otras partes del mundo”. ¡Gracias!
Sobre Venezuela afirma que Obama se limitará a apoyar a la oposición, y concluye
que las “tensiones internacionales probablemente no serán menos intensas”, pero
que la “crisis económica global, que apenas ha empezado (sic), y su subsecuente
desarrollo, afectarían seriamente los planes políticos de las grandes
potencias”. Si no entendemos mal: en un descuido se revientan las previsiones.
Más a tono con Ambrose Evans-Pritchard, Chatam House (19/11/08), uno de los más
importantes centros de pensamiento de GB, abre conceptualmente un nuevo frente
en el Cuerno de África, donde el caos en Yemen, debido al desplome de los
precios del petróleo, se extendería a Kenia, Somalia (con todo y piratas) y
hasta Arabia Saudita (¡supersic!).
A nuestro juicio, en el mundo israelí anglosajón colisionan dos escuelas de
pensamiento: 1) la superbélica de los neoconservadores straussianos, vinculados
a la dupla Bush-Cheney (aliada al israelí Bibi Netanyahu, candidato a primer
ministro en las elecciones de febrero), pese a su crepúsculo, todavía pueden
causar grave daño en los próximos 54 días antes de despedirse y legar un campo
minado a Obama, que, a nuestro juicio, sembraron en Bombay; y 2) la “realista”,
el nuevo eje de seguridad nacional (Scowcroft-Brzezinski-Jones-Gates) y la
diplomacia clintoniana que prefieren resolver los contenciosos de Irán, Siria,
Líbano y Palestina mediante negociaciones.
En un próximo ensayo en la influyente revista Foreign Affairs (bimestre
enero-febrero 2009), cuyos extractos fueron publicados por The Financial Times,
Bob Gates (vinculado al ex asesor de seguridad nacional Brent Scowcroft y a
Daddy Bush más que a Baby Bush), se pronuncia en forma impactante en favor de un
“mayor énfasis” para que “ Estados Unidos se prepare a la contrainsurgencia y a
las operaciones de estabilidad (sic) en lugar de su tradicional preocupación con
guerras largas y dispendiosos sistemas armamentistas”.
A reserva de profundizar sobre la nueva doctrina Gates, suena impresionante que
invite al Congreso en forma poco usual a financiar generosamente al Departamento
de Estado para promover la diplomacia de Estados Unidos y su softpower en el
mundo. El concepto de softpower, es decir, que utiliza el formidable poderío de
Estados Unidos en materia cultural, científica y diplomática, fue formulado por
Joseph Nye, politólogo de Harvard.
En forma inteligente, Gates repele librar otra guerra al estilo Irak y se rehúsa
a empantanarse en una nueva guerra fría ni, mucho menos, en una tercera guerra
mundial. ¿Dejarán actuar a Gates los neoconservadores straussianos de EU e
Israel?