Ahora, se sabe que José María Aznar y su gabinete dieron la autorización para
que los traslados ilegales se realizaran con escala en España.
Por Gustavo Sierra -
Clarín
Bush no estuvo sólo. Contó con la ayuda de sus amigos europeos.
Particularmente los del pacto de las Azores de marzo del 2003, cuando se reunió
con Blair, Barroso y Aznar. El italiano Berlusconi se sumó muy rápido. Entre
todo ellos hicieron posible que funcionara el libre traslado de los prisioneros
de la guerra antiterrorista desde cualquier lugar del mundo hasta la base
militar de Guantánamo, en Cuba. Allí aún permanecen unos 300 de ellos sin que en
siete años tuvieran una sola garantía como prisioneros.
Ahora, se sabe que José María Aznar y su gabinete dieron la autorización para
que los traslados ilegales se realizaran con escala en España.
Hay un documento que prueba los hechos a pesar de las reiteradas negativas del
ex jefe del gobierno español. Se trata de un documento, cuyo original, para
mayor escándalo, ahora desapareció de los registros de la Cancillería en Madrid.
Aznar y sus ministros de Exteriores y Defensa son cómplices de los abusos
cometidos en el infame campo de prisioneros.
El 10 de enero de 2002, cuatro meses después del ataque contra las Torres
Gemelas y dos desde la huída de los talibanes de Kabul, el consejero político de
la embajada de Estados Unidos en Madrid llamó al director general de Política
Exterior para América del Norte de la cancillería, Miguel Aguirre de Cárcer,
para pedirle que España permita que los aviones que cargaban a los prisioneros
encapuchados y drogados pudieran hacer escala en algún aeropuerto de la
península.
Cárcer salió de la reunión y redactó los términos de la conversación en el
documento 3329/02 al que selló como "muy secreto" y lo envió al ministro de
Asuntos Exteriores, Josep Piqué, y a su secretario de Estado, Miquel Nadal.
Una tercera copia la guardó en su caja fuerte del ministerio. Ahora, cuando la
fueron a buscar, después de que un diario madrileño publicara una copia, había
desaparecido.
No importa, la copia ya fue declarada auténtica. Y Aznar y sus ministros ya no
pueden desconectarse de la ignominia de Guantánamo.