Por
Greg Hitt y
Matthew Dolan -
The Wall Street Journal
A pesar de que los presidentes ejecutivos de las compañías ofrecieron el
jueves una serie de mea culpas, se percibió muy poco entusiasmo detrás de un
paquete de ayuda del gobierno. Esto sucedió a pesar de que hay un consenso
general entre los líderes del Congreso y la Casa Blanca sobre la necesidad de
otorgar algún tipo de rescate.
Los llamados a la acción han sido obstaculizados por un vacío de poder
después de las elecciones. La Casa Blanca ha mantenido su distancia de la pelea
legislativa y el equipo económico del presidente electo Barack Obama no se ha
involucrado de forma directa. Sin un liderazgo presidencial fuerte, el debate
sobre el tema de las automotrices ha quedado en un pantano legislativo.
"Nadie sabe cómo terminará esto", afirmó el senador republicano Robert Corker,
de Tennessee. Su colega demócrata Jon Tester, de Montana, agregó: "No sé qué
pueda ser aprobado".
Los presidentes ejecutivos de Ford Motor Co., General Motors Corp. y Chrysler
LLC le dijeron al Comité Bancario del Senado que necesitan US$34.000 millones en
préstamos o líneas de crédito para hacer frente a la desaceleración de la
economía de EE.UU.
Hace dos semanas, cuando las empresas aparecieron ante el Congreso por
primera vez, afirmaron que necesitarían US$25.000 millones. Tanto GM como
Chrysler advirtieron que necesitan efectivo antes de fin de año para evitar el
colapso, subrayando lo que estaba en juego.
La audiencia del jueves se realizó durante el primero de dos días de
apariciones ante legisladores, los cuales podrían determinar el futuro de las
empresas, junto con el destino de decenas de miles de trabajadores. "Entiendo la
importancia que tiene esta reunión y la que tiene el día de mañana", dijo el
presidente ejecutivo de Chrysler, Bob Nardelli.
Las audiencias del mes pasado en el Congreso fueron un desastre en materia de
relaciones públicas, ya que los legisladores criticaron extensamente a los
presidentes ejecutivos por sus paquetes de compensaciones y por viajar a
Washington en aviones privados. Las sesiones desencantaron hasta a los amigos de
la industria.
Para Chrysler, la audiencia del jueves no mejoró mucho las cosas. La empresa
pide US$7.000 millones y dijo que los necesita antes del 31 de diciembre.
Durante un intercambio tenso con Nardelli, el senador Corker afirmó que lo
mejor "es que todos ustedes se vayan como un entidad autosuficiente". El senador
criticó a Cerberus Capital Management LP, la firma de capital privado que es
dueña de Chrysler, al decir: "Cerberus tiene efectivo, mucho efectivo, que no
está dispuesta a inyectar en esta compañía".
Más adelante, el senador Corker y el senador republicano Robert Bennet, de
Utah, sugirieron que Chrysler y GM reconsideraran la fusión que habían discutido
antes de pedir ayuda al gobierno. Wagoner y Nardelli señalaron que considerarían
una fusión si se convirtiera en condición para obtener los préstamos del
Gobierno.
Una encuesta de CNN divulgada esta semana mostró que seis de cada diez
estadounidenses se resisten a que el gobierno rescate a las automotrices.
Las bases republicanas, especialmente en la Cámara de Representantes, tienen
fuertes preocupaciones. Muchos demócratas, a pesar del apoyo de líderes del
partido, aún no saben para qué lado inclinarse. Y para todos, hay profundos
desacuerdos sobre si se debe utilizar el dinero de los contribuyentes para
financiar cualquier rescate, cuánto se comprometería y bajo qué términos.
Al ser cuestionado sobre los pedidos de ayuda por parte de Detroit, el
presidente electo Obama esquivó la pregunta, al decir que vería las audiencias
antes de decidir qué asistencia se garantizará. Funcionarios de la transición
hacia el próximo gobierno afirman que no ven ninguna ventaja en dar forma a
legislación que los demócratas esperan completar antes de que asuma el nuevo
gobierno.