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George W. Bush perdona la vida no de
uno, sino de dos pavos, Pumpkin y Pecan. |
“¿Quieres ver a la familia anglosajona blanca protestante en su hábitat
tradicional?”, fue la invitación a una cena tradicional de Thanksgiving
Day o Día de Acción de Gracias que se celebra como día festivo
nacional cada año el último jueves de noviembre, cuando supuestamente se
reúnen familias y amistades y ofrecen gracias por todo.
Por
David Brooks -
La Jornada, México
Es un ejercicio curioso que combina el patriotismo con la religión, algo
tan “estadounidense” como el 4 de julio (Día de la Independencia), donde casi
todos se sientan a una cena en torno al pavo como platillo central. Y como
parte del rito oficial, hoy el presidente George W. Bush perdonó la vida no de
uno, sino de dos, guajolotes, Pumpkin y Pecan, “a quienes
por este acto les es otorgado un indulto presidencial pleno e incondicional”.
Posteriormente los dos pavos fueron trasladados de la Casa Blanca a
Disneylandia, donde Pumpkin fue el Gran Mariscal del Desfile del Día
de Acción de Gracias, y las dos aves, informó Bush, vivirán el resto de sus
días en “el lugar más feliz del mundo” (el eslogan de Disneylandia). “Más que
nada, doy gracias al pueblo estadunidense por el tremendo privilegio de servir
como presidente”, declaró Bush en su último acto oficial de gracias.
Ese pueblo ahora está sufriendo la peor crisis desde la Gran Depresión.
Hoy, millones de familias tendrán mucho menos por lo cual dar gracias que
el año pasado. Hay 3 millones de desempleados más que hace un año (casi 10
millones en total), y las cifras de pobreza: gente sin seguro médico, millones
que han perdido sus viviendas por la crisis hipotecaria y jubilados que han
perdido sus pensiones se multiplican cada día.
Hoy, día del gran banquete, más de 36 millones de
estadounidenses padecen
hambre, un incremento de más de 3 millones desde 2000, reporta el Food
Research and Action Center en Washington de acuerdo con los datos oficiales
más recientes registrados antes de estallar la crisis actual. Jim Weill, de
ese centro dijo que hay 3 millones personas más solicitando asistencia
alimenticia federal hoy que hace 15 meses. Y las organizaciones caritativas
que ofrecen alimento a los pobres informan de incrementos dramáticos en la
gente que busca ayuda.
El menú tradicional de la cena delata sus orígenes: pavo, camotes, pan de
maíz, salsa de arándano y pay de calabaza, entre otros, son todos alimento
tradicional de los indígenas de América del Norte. Y ahí se revela la historia
casi siempre oculta de este día feriado.
Según el cuento oficial, los primeros europeos –los Pilgrims– celebraron en
1621 en Plymouth su primera cosecha exitosa y con ello el inicio de su estadía
permanente en el nuevo mundo. Sobrevivieron gracias a la solidaridad de los
indígenas y a veces la imagen del primer Día de Gracias incluye una imagen con
la presencia de líderes indígenas Wampanoag en la cena.
Día Nacional de Luto
De cierta manera, esta tradición también marca algo así como la “Última
cena” de los indígenas. Es un hecho que en 1637 el gobernador de Massachussets
John Winthrop proclamaba gracias por la masacre de cientos de hombres, mujeres
y niños del pueblo indígena Pequot, en lo que sería el inicio de un genocidio
que acabaría con más de 95 por ciento de los indígenas de Estados Unidos
durante las siguientes décadas, recuerda Robert Jensen, profesor de periodismo
de la Universidad de Texas en un ensayo publicado por Alternet.
“Puesto de manera simple: el Día de Acción de Gracias es el día en donde la
cultura blanca dominante (y tristemente la mayoría de la población no blanca,
pero no indígena) celebra el inicio de un genocidio que fue, de hecho,
bendecido por los hombres que elogiamos como nuestros heroicos padres
fundadores”, escribió Jensen.
Es por esto que en cada Día de Acción de Gracias, algunos indígenas y sus
aliados han celebrado, desde 1970, un Día Nacional de Luto.
Las familias por todo el país,
incluyendo las anglosajonas protestantes blancas, dieron gracias al festejar
este día. Otros, especialmente los millones que acaban de perder su empleo y
los que padecen hambre en el país más rico del mundo, podrán soñar que algún
día serán indultados y enviados por el resto de sus días al “lugar más feliz
del mundo”.