La Fed, cuyo papel tradicional es prestar a los bancos, comprará en los
próximos meses hasta un total de US$600.000 millones de deuda emitida por las
firmas hipotecarias Fannie Mae, Freddie Mac, Ginnie Mae y Federal Home Loan,
todas las cuales tienen estrechos lazos con el gobierno. Además, la Fed y el
Departamento del Tesoro ofrecerán financiamiento de hasta US$200.000 millones a
inversionistas, de modo que puedan comprar valores ligados a préstamos
estudiantiles, créditos automotrices, tarjetas de crédito y préstamos a pequeñas
empresas.
La osada intervención, la última en una serie de pasos sin precedentes del
gobierno, hizo caer de inmediato las tasas hipotecarias, algo que ayudaría a las
personas que buscan comprar una vivienda o refinanciar su crédito hipotecario y
podría apuntalar el mercado de bienes raíces.
A pesar de una reacción inicial positiva, no hay ninguna garantía de que las
medidas vayan a poner punto final a la crisis financiera o a la recesión que ha
cobrado fuerza en las últimas semanas. La Fed y el gobierno estadounidense han
tenido que cambiar de rumbo en repetidas ocasiones desde septiembre en su
esfuerzo por contener la tormenta financiera.
Las últimas medidas se producen días después de que el secretario del Tesoro,
Henry Paulson, insinuara que no volvería a utilizar los fondos del plan de
rescate de US$700.000 millones aprobado por el Congreso en octubre. El programa
de la Fed para financiar US$200.000 millones en créditos de consumo cuenta con
el respaldo de US$20.000 millones en fondos del Tesoro y se anuncia un día
después del rescate de Citigroup Inc.
Paulson señaló que los problemas del mercado hubiesen sido mucho más graves
sin los planes de rescate. Agregó que el objetivo de las últimas decisiones es
aumentar el acceso al crédito de los consumidores y los deudores hipotecarios.
"No hay nada más importante para superar esta corrección inmobiliaria que la
disponibilidad de financiamiento hipotecario a precios razonables", dijo. Añadió
que el mercado para los valores respaldados por hipotecas dejó de funcionar el
mes pasado, haciendo que fuera imposible que las personas pudieran financiar una
serie de gastos, desde el pago de la universidad a la compra de una computadora.
Estos mercados se han deteriorado bruscamente en las últimas semanas en
Estados Unidos. La emisión de deuda respaldada por tarjetas de crédito,
préstamos estudiantiles y otros tipos de deuda de consumo se ha agotado desde
octubre. Mientras tanto, los rendimientos sobre la deuda hipotecaria han
aumentado.
La semana pasada, la deuda emitida por Fannie Mae tenía un rendimiento de 1,8
puntos porcentuales por encima de los bonos del Tesoro de idéntico vencimiento.
Eso se compara con una diferencia, o spread, de 0,7 punto porcentual en
septiembre. Los inversionistas, incluyendo los bancos centrales de otros países,
no han comprado deuda de Fannie y Freddie debido a la incertidumbre que reina
respecto del respaldo del gobierno. A su vez, el gobierno le ha dado un respaldo
explícito a otros tipos de deuda. El alza en los rendimientos de la deuda de
Fannie y Freddie ha sido acompañada por el aumento en los rendimientos de los
créditos hipotecarios.
El papel tradicional de la Fed es fijar las tasas de interés de corto plazo.
Pero su tasa de referencia se ubica en 1%, un nivel que ya es bajo y el banco
central podría volver a reducirla en su próxima reunión que tendrá lugar en
diciembre. La Fed también le presta a los bancos que necesitan financiamiento de
corto plazo. Los nuevos programas, sin embargo, transforman a la Fed en un
prestamista gigantesco y con un alcance mucho más amplio.
En los últimos meses, la Fed ya había expandido sus líneas de crédito para
abarcar a las corredoras bursátiles y empresas no financieras. También ha
anunciado planes para empezar a adquirir una parte de los complicados valores
que se encuentran en el epicentro de la crisis financiera, conocidos como
obligaciones de deuda colateralizada o CDO por sus siglas en inglés, como parte
del rescate de la aseguradora American International Group.
La expansión de las líneas de crédito ha abultado la deuda de la Fed, que ha
pasado de US$900.000 millones en agosto a US$2 billones (millones de millones).
Tras el anuncio de los nuevos programas, crecerá aún más.