En 2025
el mayor mercado automotriz se concentrará en esas dos naciones, lo que
ocasionará una enorme demanda de ciertos insumos: desde acero, vidrio y partes
eléctricas y de plástico hasta gasolina, diesel, carbón y los nuevos
biocombustibles. Ello repercutirá en el medio ambiente global y en el consumo de
medicinas para combatir las enfermedades que traerán más coches rodando por
calles y carreteras.
Para
obtener una rebanada del pastel automotriz, el consorcio francés Renault-Nissan
hará un vehículo de bajo costo a fin de competir con el Nano, de India, el más
barato del mundo: costará 2 mil 500 dólares. El de la Renault-Nissan valdrá 3
mil y será exclusivamente para el mercado asiático, pues no reúne las
condiciones de seguridad ni las normas ambientales en boga en el primer mundo.
En vez de la bicicleta o el elefante, un coche pequeño, que, en lo posible,
contamine poco y cubra las necesidades de la población de bajo ingreso. Además,
el modelo europeo se fabricará en India, donde en 2010, crisis mediante, 40
millones de familias tendrán poder adquisitivo para comprar un vehículo de bajo
costo.
La venta
masiva de estas unidades causará serios problemas ambientales y urbanísticos en
Asia, donde se ubican las ciudades más contaminadas del planeta. Esto pese a que
un habitante de India, China, Tailandia, Corea, Malasia, Vietnam, Laos o Camboya
genera en promedio 17 veces menos CO2 que uno de Estados Unidos, y 12 veces
menos que uno de Europa. Eso no quita que las grandes capitales asiáticas
ostenten récord en mala calidad del aire.
No sobra
recordar que el derrotado candidato a la presidencia de Estados Unidos, el señor
John McCain, ofreció premiar con 300 millones de dólares a la compañía de su
país que fabricara un motor para autos que emita el mínimo de contaminantes.
También, incentivos fiscales a las que los reduzcan en los autos que producen.
McCain deseaba un modelo que funcionara a base de baterías eléctricas. De esa
manera, aseguraba, su país dependería menos del petróleo de gobiernos “hostiles”
a Estados Unidos y que apenas ayer fueron sus aliados. Nadie recuerda ya sus
propuestas.
En
cambio, la Renault-Nissan firmó un acuerdo de cooperación con Israel para
fabricar en este país un coche eléctrico. Funcionará a base de miles de puestos
fijos de energía en los que los dueños de vehículos podrán recargar las
baterías. En enero pasado, el gobierno israelí prometió medidas fiscales para
alentar la compra del nuevo coche, que aliviará los problemas de consumo de
petróleo y los de salud y medio ambiente. En Israel hay un millón de vehículos
que se mueven con gasolina y diesel; en promedio circulan menos de 70 kilómetros
al día, por lo que el sistema que se propone tiene un futuro asegurado.
En
cambio, nada halagüeño lo es el de América Latina en cuanto a su parque
vehicular, al transporte público y de mercancías. Los gobiernos dejaron en manos
de las trasnacionales automotrices, especialmente las estadunidenses, hoy en
quiebra, ese importante campo de la actividad industrial. Por eso, ciudades como
Santiago, México, Caracas, Bogotá, Sao Paulo, Medellín, Oaxaca, Puebla,
Guadalajara o Monterrey carecen de sistemas de transporte público eficientes y
reina la contaminación y sus efectos en la salud pública.
El atraso
respecto de Europa, por ejemplo, es abismal y va en sentido contrario de lo que
dicta la sensatez: transporte colectivo moderno y eficiente (metro, trenes de
corta y larga distancia, autobuses y tranvías, coches particulares menos
contaminantes). Se impuso el reinado de la chatarra automotriz.