(IAR
Noticias)
22-Noviembre-08
Existen corrientes críticas al FMI y al
neoliberalismo, como la de Ramonet, que apuntan como alternativa un Estado
capitalista que ponga más énfasis en la inversión social.
Por Eduardo Almeida - Opinião Socialista
(PSTU-Brasil)
En medio de la crisis, existen sectores que creen que las empresas y los
gobiernos imperialistas podrían unirse para regular y reducir sus lucros
y crear un orden mundial y un capitalismo más humanosLa crisis
económica que está iniciándose tiene un contenido histórico. Claramente
ya es la más grave del capitalismo desde 1929. Su curso aún no está
claro. Puede llevar a una recesión importante, seguida de nuevos ciclos
de crecimiento con auges más frágiles y crisis más graves. O puede
llevar también a una depresión semejante a la de 1929.
De una forma o de otra, es una crisis con un profundo significado
económico, social, político e ideológico. La situación política está
modificándose a su compás. Un terremoto ideológico desmorona el edificio
montado por el neoliberalismo. La propaganda capitalista sobre la
"muerte del socialismo" se está viniendo abajo.
Pero aún no existe una alternativa clara a la vista, ni en el
movimiento real de las masas trabajadoras ni en términos ideológicos. El
estalinismo fue profundamente afectado por la crisis del Este europeo,
aunque sus remanentes (los Partidos Comunistas que restaron) puedan
intentar retomar algún espacio. El nacionalismo burgués, como Chávez, y
los gobiernos de frente popular del continente, como los de Lula y Evo
Morales, a pesar de que algunos ya no viven más el auge de su prestigio,
van a intentar presentarse como alternativas.
Por este motivo, es necesario debatir con las propuestas que ya están
circulando en estos círculos del reformismo de centroizquierda. La más
importante de ellas es, sin dudas, la de un nuevo Bretton Woods. Esta es
la propuesta de Ignacio Ramonet, de Le Monde Diplomatique y uno de los
fundadores del Foro Social Mundial: "Hoy el mundo tiene que dotarse de
una nueva arquitectura financiera internacional, un nuevo Bretton Woods
que incluya países como China, India, África del Sul, Brasil y México".
Esa también fue la conclusión de la Conferencia Internacional de
Economía Política, patrocinada por el chavismo, recientemente realizada
en Caracas. La declaración de esa conferencia afirma: "La necesidad de
reconformar la arquitectura económica y financiera internacional hoy es
ineludible. Dentro de tal perspectiva, se inscribe la necesidad de una
salida pos-capitalista, denominada por Venezuela como Socialismo del
Siglo XXI".
La brutal crisis que se inicia exige una respuesta: exige la ruptura
con el capitalismo. Sin embargo, los sectores más importantes del
reformismo defienden lo mismo de siempre: un capitalismo más humano, con
una nueva arquitectura financiera.
Los regulacionistas
Existen corrientes críticas al FMI y al neoliberalismo que apuntan
como alternativa un Estado capitalista que ponga más énfasis en la
inversión social. Estos sectores, como Ramonet, se apoyan en una
corriente de pensamiento económico: la regulacionista.
Esta corriente surgió en Francia, en la década de 1970, como un
intento de sintetizar el marxismo y la economía burguesa keynesiana.
Afirma que es posible establecer regulaciones económicas
(internacionales, entre las empresas, desde el Estado y en la organización
del trabajo) que permitan al capitalismo evitar las crisis y
humanizarse. Según esta corriente, la crisis actual es una "crisis de
regulación" y no una crisis clásica de superproducción agravada por un
crack financiero. Bastaría, por lo tanto, encontrar las regulaciones
necesarias y aplicarlas para salir da crisis.
Otra utopía reaccionaria
Hablar de un nuevo Bretton Woods significa reivindicar un nuevo
acuerdo interimperialista que "ponga orden" en el caos creado por la
crisis económica. Los reformistas del tipo de Ramonet crearan el Foro
Social Mundial bajo el lema "otro mundo es posible" dentro del
capitalismo. Ahora, siguen tocando la misma música con algo así como
"otro Bretton Woods es posible".
Proponen un acuerdo entre los países imperialistas, a los que deben
sumarse otros como China, Brasil, India, México y África do Sul, que
permita crear un capitalismo más humano. La idea es más o menos la
siguiente: todos estos gobiernos se sientan a la mesa y negocian hasta
llegar a un consenso para reordenar el mundo en beneficio de todos.
La declaración de la Conferencia de Caracas tiene el mismo sentido:
"A escala global, debe continuarse con las demandas para una profunda
reforma del sistema monetario financiero internacional, que implique la
defensa de los ahorros y la canalización de las inversiones hacia las
necesidades prioritarias de los pueblos". Este nuevo Bretton Woods
debería también hacer que el capitalismo invierta más en gastos
sociales. Como afirma la declaración de Caracas: "En un momento crítico
como el actual, las políticas nacionales y regionales deben dar
prioridad a los gastos sociales, y proteger los recursos naturales y
productivos. Los Estados deben introducir medidas urgentes de regulación
financiera para proteger los ahorros seguir impulsando la producción y
combatir el peligro de descontrol a través de inmediatos controles de
cambio y de movimientos de capitales".
Se trata de una ideología reformista, una utopía reaccionaria. El
capitalismo va a buscar salir de su crisis, como siempre, por la vía de
descargar sus costos sobre los trabajadores y los países semicoloniales
y coloniales. No existe forma de convencer a las grandes empresas para
que reduzcan sus ganancias e "inviertan en lo social", mucho menos
ahora. Como siempre, van a reducir salarios y despedir trabajadores.
No hay forma de convencer a los gobiernos imperialistas para que no
exploten a los países dominados. Van a usar la crisis para concentrar y
centralizar aún más el capital, absorbiendo empresas en crisis en los
países dominados, imponiendo bajas en el precio de las materias primas y
exigiendo más que nunca el pago de los intereses de las deudas de esos
países.
Pensar algo diferente es no entender el capitalismo como un sistema
de producción centrado en la ganancia. Es creer que basta cambiar reglas
y colocar gente "más humana" en las empresas y en el Estado para acabar
con la injusticia. Sólo que la injusticia es parte del sistema
capitalista.
¿Un nuevo Estado de "bienestar social"?
El período posterior a la Segunda Guerra fue conocido como el del
Estado de "bienestar social", en el que los trabajadores pasaron a tener
jubilaciones, vacaciones y un 3er salario, entre otras conquistas. Pero
nada de eso fue el resultado de un "capitalismo humano". Fueron
conquistas, frutos de los grandes procesos revolucionarios que
sacudieron el mundo después de la Segunda Guerra. En esos momentos, los
trabajadores estuvieron al borde de tomar el poder en los grandes países
imperialistas de Europa (como Francia e Italia) y surgieron nuevos
Estados obreros en el Este europeo y China. La alianza del imperialismo
y el estalinismo protegió al capitalismo de esa gran oleada
revolucionaria. Pero fue necesario hacer concesiones, como las del
Estado de bienestar social.
En cuanto fue posible, como en todo el período de la "globalización",
esas conquistas pasaron a ser atacadas por los gobiernos imperialistas,
fuesen de derecha o socialdemócratas. Hoy, no existe ninguna señal de
que las grandes empresas, más aún en la crisis actual, quieran volver
atrás. Esperar que gobiernos como el de Brown, en Inglaterra, del PSOE,
en España, u Obama, en EEUU, ataquen las ganancias de las empresas es
una nueva ilusión que se quiere vender a la clase trabajadora. Son todos
gobiernos burgueses, que defienden los intereses de la clase que
representan. Basta ver su reacción frente a la crisis, llenando los
bolsillos de los banqueros.
La relación entre los Estados imperialistas
También reivindican un nuevo Bretton Woods por gobiernos
imperialistas europeos, como Sarkozy, en Francia. Es significativo que
los reformistas que defienden esta propuesta ataquen duramente a Bush,
pero no hagan lo mismo con el imperialismo europeo. En el caso de
Ramonet, existe un largo historial de capitulaciones a los gobiernos de
la socialdemocracia, es decir, al imperialismo europeo.
Todos estos reformistas cultivan, también, grandes expectativas en la
elección de Obama. Esperan de la Unión Europea una "alternativa" social
y que la derrota de los republicanos en EEUU abra la posibilidad de las
relaciones entre los países sean definidas por la "voluntad de ayudar a
los pueblos", además de "la gentileza y la amabilidad". Algo que es
imposible en la relación entre los países imperialistas y los dominados,
como ya vimos. Pero que tampoco puede ser cambiado con tranquilidad
entre los países imperialistas.
Bretton Woods fue posible por la hegemonía económica y militar del
imperialismo norteamericano. Hoy, la realidad es mucho más
contradictoria. Por primera vez desde la Segunda Guerra, EEUU tiene su
hegemonía económica cuestionada por la profundidad de la crisis y por
ser el epicentro de la propia crisis. Pero no existe, en este momento
ninguna otra potencia que amenace realmente su dominio. Ni la dividida
Europa ni, mucho menos, Japón. Además, la superioridad militar
norteamericana es brutal. Lo que excluye la posibilidad de que los
imperialismos resuelvan sus rivalidades con el recurso de una guerra
mundial.
Esta situación, hasta ahora, permitió que EEUU siga beneficiándose de
su posición hegemónica, incluso sin tener el liderazgo económico de
antes. El carácter cada vez más parasitario de esta explotación es
increíble: EEUU funciona como una inmensa aspiradora de la plusvalía
mundial, financiando sus gastos muy por encima de la capacidad de su
economía, con una inyección de capital de 3.000 millones de dólares por
día. Otra expresión de esto es que el dólar sigue siendo la moneda
mundial, a pesar de su crisis financiera.
¿Hasta cuando podrá seguir eso? Es una respuesta que no podrá ser
dada por los reformistas del "nuevo Bretton Woods". El gobierno de Obama
defenderá, antes que nada, los intereses de su burguesía. Sólo la
evolución de la propia crisis, y sus imprevisibles consecuencias en la
lucha de clases, podrá alterar el papel del dólar en la economía y la
relación entre los países.
Un ejemplo es la reunión de los gobiernos imperialistas y los
principales "emergentes" (el G-20) realizada el 15 de noviembre. Fue
imposible conseguir, aún en el inicio de la crisis, ninguna solución
real para una "nueva arquitectura financiera". Al contrario del Bretton
Woods original, la realidad no definió los "ganadores" y los
"perdedores".
Es preciso levantar un programa anticapitalista
La utopía reaccionaria de un nuevo Bretton Woods sirve para que los
reformistas traten de esconder que la única posibilidad de cambio real
es la ruptura con el capitalismo. Durante la crisis de 1929, la ex URSS
(incluso con la traba de la burocracia estalinista) crecía a tasas
económicas fantásticas.
Las grandes crisis políticas que surgirán de la situación económica
que está abriéndose plantean la posibilidad de que el movimiento de
masas entre en una trayectoria anticapitalista.
No existe ningún esquema que asegure que la crisis económica va a
provocar ascensos revolucionarios. Una crisis puede, al contrario, traer
desaliento y pasividad en los trabajadores. Sin embargo, se abre también
otra posibilidad, que no existe en períodos de estabilidad económica: la
de grandes enfrentamientos en la lucha de clases, que pueden llevar a
insurrecciones y revoluciones.
La izquierda tendrá un gran desafío: dotar a ese movimiento de un
programa revolucionario, anticapitalista. Que parta de las
reivindicaciones más sentidas por los trabajadores, como la lucha contra
los despidos, y avance hacia la expropiación de los bancos y de las
grandes empresas multinacionales y nacionales bajo control de los
trabajadores. Que en los países dominados defienda la ruptura con el
imperialismo y sus organismos de dominación, como el FMI y el Banco
Mundial, y el no pago de las deudas públicas. Que plantee la
planificación de la economía para garantizar las necesidades de los
trabajadores y la población y no para asegurar las ganancias de una
minoría ínfima de explotadores. Que apunte a una perspectiva socialista
como única salida de hecho al abismo hacia el que el capitalismo no está
llevando.
La utopía del "otro mundo posible" dentro del capitalismo ya era
reaccionaria a inicios del siglo XXI, cuando se creó el Foro Social
Mundial. Lo es mucho más ahora cuando la brutal crisis económica que se
inicia va a exigir un programa de ruptura con el capitalismo como una
necesidad inmediata, en muchos países.
¿Qué fue el Acuerdo de Bretton Woods?
Muchos lectores no conocen el significado de la conferencia de julio
de 1944, cuando ya estaba clara la derrota de Alemania en la Segunda
Guerra. En la ciudad de Bretton Woods, en el estado de New Hampshire,
EEUU, 730 delegados de las 44 naciones aliadas se reunieron para
establecer las bases del funcionamiento capitalista en la posguerra.
EEUU salió de la guerra como el imperialismo dominante. Su economía
era hegemónica y no había sufrido devastación directa. Necesitaba de
reglas que diesen estabilidad monetaria (sin las fluctuaciones salvajes
de la depresión de 1929) y, al mismo tiempo, plena libertad para que sus
capitales se expandieran por el mundo. Bretton Woods institucionalizó
esa hegemonia.
A partir de esa conferencia, el dólar se estableció como
moneda-padrón del sistema financiero internacional. Se definió que sería
la moneda de cambio internacional y que el gobierno de EEUU garantizaría
que los dólares podrían ser convertidos en oro. En la época, se
estableció que 35 dólares equivalían a una onza troy (unidad de peso de
31 gramos) de oro. Esto dio una enorme ventaja al imperialismo
norteamericano en el comercio y las finanzas mundiales, que sólo puede
explicarse por su fuerte hegemonía.
Al mismo tiempo, fueron creados el Fondo Monetario Internacional
(FMI) y el Banco Mundial, con el objetivo formal de financiar la
reconstrucción de las economías destruidas por la guerra y garantizar la
estabilidad monetaria. Sin embargo, mucho más que la preocupación en esa
"reconstrucción" o en el "desarrollo internacional", Bretton Woods fue
la expresión del dominio del imperialismo norteamericano.
En 1971, sin consultar a los demás países, el gobierno Nixon acabó
con la convertibilidad del dólar en oro. Es decir, el dólar siguió como
moneda mundial de cambio (una gran ventaja), pero ahora sin la garantía
del oro. La imprenta del Tesoro de EEUU puede imprimir billetes de
dólar, aceptados como moneda de cambio en todo el mundo, pero sin tener
que garantir su valor con el oro almacenado en Fort Knox.
El FMI se transformó en un instrumento de dominación, en un
"inspector" que definía e imponía políticas económicas a los países. Por
ejemplo, impuso las "reformas neoliberales" y pasó a controlar la forma
como eran aplicadas en las semicolonias. Mientras que el Banco Mundial
impone el padrón para las políticas públicas, atacando la educación y la
salud y promoviendo los llamados "programas sociales compensatorios".
|
|