(IAR
Noticias)
20-Noviembre-08
Todo parece haberse derrumbado como las Torres Gemelas y las bolsas
planetarias.
Por Marcelo A. Moreno - Clarín
U na posible lectura de esa entidad grandota que solemos llamar
civilización consiste en la práctica certera y cotidiana de lo previsible.
A diferencia de nuestros ancestros que se descolgaban de los árboles o los que
se refugiaban en cuevas, tratando de aplacar con ofrendas las enigmáticas
furias de sus deidades, dueñas absolutas del rayo, la tormenta, la inundación
o la sequía, hoy tenemos pararrayos, meteorología, pronósticos más que
probables y solemos recurrir saludablemente menos a los sacrificios rituales.
Quizá, eso sí, en el triunfo sobre las fuerzas de la naturaleza se nos haya
ido un poco la mano, como nos lo suele recordar un planeta explotado, agotado,
devastado.
Igual, los que somos deudores del mito positivista insistimos en llamar a esto
progreso y nos congratulamos, por sólo poner un ejemplo, de que existan esos
compuestos llamados vacunas que justamente permiten prever la aparición de una
enfermedad anulándola antes de que se manifieste.
Pero ya el siglo XX nos trajo malas noticias sobre la continuidad de la mejora
incesante. El arsenal nuclear, por dar otro ejemplo, nos anunció, que el mundo
vive pendiente de un hilo más o menos grueso de acuerdo a quien tenga el botón
rojo más a mano. Si un Bin Laden o un Hitler lo tuviera cerca, seguramente
probaría con nuestra súbita evaporación que el hombre en su progreso ha
logrado inventar artefactos capaces de hacer tabla rasa con todo rastro
humano.
El nuevo siglo se alumbró entre el pavor y la incertidumbre, con su parto o
prólogo de las más altas torres hechas fuego.
Y ahora nos aseguran que la economía global estalló como una burbuja y que el
mundo se está haciendo pobrecito a pasos tan repentinos como agigantados.
El enfriamiento económico planetario dejó de ser un fantasma y ya hiere con
sus hordas de desocupados y desamparados.
¿Y los gurúes y las recetas y los dogmas y las ortodoxias? Nada por aquí, nada
por allá: todo parece haberse derrumbado como las Torres Gemelas y las bolsas
planetarias.
Un flamante reino de lo imprevisible parece habernos hecho retroceder de golpe
y porrazo varios casilleros. ¿Terminaremos como aquellos antepasados, merced a
a los humores de la suerte? ¿O Barack Obama tendrá razón y aun verdaderamente
"podemos"? Ojalá que no se equivoque. O que no se equivoque tanto como sus
predecesores. Gran parte de esa ilusión llamada futuro hoy está en sus manos.
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