(IAR
Noticias) 18-Noviembre-08
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Milton Friedman, padre del neoliberalismo económico. |
Es la hora de
los que resistieron el neoliberalismo en las últimas décadas, muchas
veces predicando en el desierto. Son políticos, expertos y
activistas sociales que quieren aprovechar la crisis financiera para
sepultar definitivamente ese modelo, junto con toda forma de
especulación.
Por Mario Osava - IPS
"Hay que ser radical, proponer cambios
estructurales" en el sistema financiero internacional, porque "una
crisis tan grave es el mejor momento de reclamarlos", dijo a IPS el
economista francés Bruno Jetin, profesor de la Universidad Paris
Norte.
Los bancos deben ser todos nacionalizados, pero no basta
estatizarlos, sino también "democratizarlos, someterlos al control
social", porque hay muchos bancos público, como el Banco do Brasil,
que "operan como si fueran privados", añadió Jetin, también miembro
del comité científico de la Asociación por una Tasa a las
Transacciones Financieras y de Ayuda a los Ciudadanos (ATTAC).
Está en marcha una "disputa ideológica entre escuelas de pensamiento
económico", que va más allá de las medidas operacionales para
contener daños de la crisis, observó Rogerio Sobreira, profesor de
la Fundación Getulio Vargas, un centro de investigación y enseñanza
de administración pública de Río de Janeiro.
La oposición entre mayor presencia del Estado y el libre mercado es
un debate central. En la crisis aguda todos apoyaron la fuerte
intervención estatal en los más variados países, incluso estatizando
bancos, pero se trató de "una acción de emergencia, del Estado
salvador", cuya permanencia será cuestionada por los liberales mas
adelante, según Sobreira.
Algunas contradicciones intragobiernos, especialmente entre bancos
centrales y ministerios de Economía, tienden a acentuarse. En
Brasil, la prevalencia de la autoridad monetaria sufrió un golpe
ante la necesidad de medidas de emergencia para evitar una mayor
desaceleración económica.
El Grupo de los 20 (G-20 financiero, que reúne ministros de finanzas
y presidentes de Bancos Centrales), reunido la semana pasada en São
Paulo, apoyó medidas anticíclicas, como el incremento del gasto
público y la reducción de las tasas de interés, ante la ola recesiva
desatada por las quiebras en el mercado financiero estadounidense.
Las discrepancias del ministro brasileño de Hacienda, Guido Mántega,
con la política conservadora del Banco Central, de altos intereses y
cambio flotante sin restricciones, ya eran conocidas.
Pero la crisis y las recomendaciones del G-20 fortalecieron las
posiciones de Mántega, quien presidió la reunión del grupo, y, como
su vocero, destacó la necesidad de acciones antirecesivas.
El presidente del Banco Central, Henrique Meirelles, trató de
relativizar tales orientaciones, subrayando las preocupaciones con
la inflación también manifestadas en el comunicado final del G-20 y
las particularidades de cada país.
El pánico seguido de recesión en países ricos y sus repercusiones en
el mundo en desarrollo generan desempleo en rápida expansión, que
seguramente provocará reacciones sindicales y del movimiento social
en general. Aunque las asociaciones de trabajadores debilitadas en
las últimas décadas difícilmente podrán conducir protestas que
tenderán a brotes violentos.
Y movimientos sociales activos, en una crisis profunda, son
determinantes para que el sueño de un sistema financiero dirigido
hacia las necesidades sociales, como lo son los bancos cooperativos,
se haga realidad, según Jetin, radical al punto de considerar que,
como en el pasado, la economía, incluso la capitalista, "puede
funcionar sin mercado financiero".
Jetin y Sobreira participaron el jueves y este viernes de un taller
de economistas y expertos del llamado Tercer Sector para discutir
formas de ayudar a la sociedad civil a desarrollar estrategias para
influir en una eventual reforma del sistema financiero, buscando
reducir su "déficit democrático", según el coordinador del grupo,
Fernando Cardim, profesor de la Universidad Federal de Rio de
Janeiro.
El grupo internacional de discusión, reuniendo académicos y
activistas, en un proyecto del Instituto Brasileño de Análisis
Sociales y Económicas (Ibase), empezó en 2006 por discutir los
acuerdos de Basilea, con normas para el mercado financiero, pero la
actual crisis obliga a ampliar sus objetivos.
Escéptico respecto de cambios en el sistema financiero y monetario
del mundo, que no sean los "cosméticos", otro economista del
proyecto, Marcos Cintra, profesor de la brasileña Universidad de
Campinas, considera que el mundo está en una "trampa", cuyo desarme
no parece posible.
Si Estados Unidos reduce su déficit en cuentas corrientes con el
exterior, de casi siete por ciento del producto bruto interno,
habría "una depresión brutal" en el mundo, advirtió.
Por lo tanto la "máquina estadounidense tiene que seguir
funcionando", con el resto del mundo, China adelante, financiando su
déficit. Es la "asimetría funcional", definió.
La arquitectura financiera mundial seguirá siendo la misma, quizás
con mayor regulación y otros detalles, porque "sólo una guerra", que
tampoco parece posible, podría llevar a cambios estructurales en el
sistema, puesto que Estados Unidos sigue con una hegemonía que le
concede un "poder de veto a cualquier modificación", afirmó Cintra a
IPS.
Los contratos de derivados en el mundo sumaban 596 billones de
dólares al final de 2007, según el Banco Internacional de Pagos
(BIS), recordó Cintra al destacar la dimensión de la globalización
financiera de que todo el mundo depende. Es más de 10 veces el
producto mundial, y la actual crisis representó la pérdida de
"apenas" algunas decenas de billones.
Su colega de Universidad, Daniela Prates, en un artículo presentado
al taller señaló que la crisis actual se distingue de las anteriores
por tener su epicentro en Estados Unidos, pero comprueba igual la
vulnerabilidad de los países periféricos, y destruyó "la ilusión de
que se habían despegado" de cualquier crisis surgida en países
centrales, como la actual.
Ante esa realidad, su propuesta, de objetivos limitados, como evitar
las violentas oscilaciones cambiarias que sufrieron en los últimos
meses, principalmente países como Brasil, Corea del Sur, México y
Sudáfrica, es el "control de capitales", con algunas restricciones a
inversiones especulativas de corto plazo.
Es una medida adoptada por muchos estados, incluso con gobiernos
conservadores, pero rechazados en los países mencionados. Es otro
tema que pone el Banco Central de Brasil en la defensiva, ante los
daños que sufre la economía de este país, con una moneda que perdió
más de 30 por ciento de su valor en relación al dólar en los dos
últimos meses.
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