(IAR
Noticias) 17-Noviembre-08
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Reunión del G-20 en Washington |
Obama se abstiene de participar en una cumbre a la que Bush
era reacio | La transición permite que Europa y los países emergentes tomen la
iniciativa | El presidente electo ha evitado enredarse en el debate sobre el
futuro del capitalismo.
Por Marc Bassets -
La Vanguardia, España
A la veintena de presidentes y primeros ministros de todo
el mundo que el sábado aterrizaron en Washington les habría gustado hablar con el
presidente electo, Barack Obama. Pero deberán conformarse con el presidente
saliente, George W. Bush, cuya capacidad de influencia es mínima.
El vacío de poder en Estados Unidos marca la primera
cumbre del G-20, el foro que agrupa a los países más desarrollados y a las
principales potencias en vías de desarrollo e intentará proporcionar una
respuesta a la crisis financiera que amenaza con precipitar a medio mundo en la
recesión.
La ausencia de Obama dificulta la adopción de compromisos firmes. Al mismo
tiempo, ha permitido a europeos y asiáticos aprovechar el vacío y tomar la
iniciativa en una cumbre que la Administración Bush ha organizado sin excesiva
convicción.
Como advertía el sábado en The Washington Post el columnista económico Steve
Pearlstein, "Estados Unidos, que ha pasado de ser al país que más crédito da del
mundo a ser el más endeudado, ya no puede pretender dominar las instituciones
financieras internacionales, y tendrá que compartir el poder y la influencia".
Desde las elecciones presidenciales del 4 de noviembre, el demócrata Obama y sus
asesores no han dejado de repetir que "sólo hay un presidente a la vez". Esta es
la doctrina que se aplica durante las transiciones presidenciales. El objetivo
es evitar una cacofonía que podría socavar la posición internacional del país.
Barack Obama pasará el fin de semana encerrado en Chicago, su ciudad de
residencia y feudo electoral. Sus asesores económicos y financieros tampoco
participarán en la cumbre, coto exclusivo del actual presidente.
Hasta que asuma la presidencia, el 20 de enero, Obama prefiere no ver a sus
homólogos. Las filtraciones sobre las conversaciones telefónicas tras la
victoria ya le dieron algún pequeño disgusto. Él todavía no habla en nombre de
Estados Unidos.
El problema es que los líderes que hoy están en Washington -desde el presidente
francés, Nicolas Sarkozy, hasta el ruso, Dimitri Medvedev- saben que Bush es un
pato cojo, y que, si de verdad hay que reformar el capitalismo, el interlocutor
será Obama.
El presidente electo ha designado a dos emisarios para que en su nombre reciban
a los interesados: la ex secretaria de Estado Madeleine Albright, próxima a la
familia Clinton, y el ex congresista Jim Leach, un obamista republicano.
Obama ha designado también al profesor Daniel Tarullo, otro veterano de la
administración Clinton y especialista en finanzas y comercio internacionales,
como enlace en la cumbre. Tarullo, que podría desempeñar un cargo económico
relevante en la nueva administración, ha recibido información detallada de la
Casa Blanca sobre el G-20.
En la cumbre confluyen la políticas económica y la política internacional. En
estos ámbitos, las diferencias entre Bush y Obama son visibles.
"Estamos viviendo un cambio en las relaciones económicas y financieras
internacionales. Un nuevo grupo de potencias emergentes se sienta a la mesa. Y
son parte de la solución", dijo a La Vanguardia Lex Rieffel, ex funcionario del
Departamento del Tesoro y especialista de la Brookings Institution. "Creo que
Obama lo ha entendido. No estoy seguro de que Bush también".
Bush niega que el capitalismo desregulado sea el culpable del seísmo financiero.
Y se niega a someter a Estados Unidos a una instancia supranacional, como
desearían los europeos y algunas potencias emergentes.
Rieffel ha escrito que el fracaso del unilateralismo y la victoria de Obama
podrían propiciar un giro que llevase a EE. UU. a aceptar un cierto control por
parte del FMI. Atención: podrían. "Las resistencias serán fuertes", matiza el
especialista citado.
Obama, de momento, calla. Posiblemente sea más receptivo que Bush a las ideas
europeas. Su campaña electoral se ha basado, en gran parte, en atribuir la
crisis a la desregulación de los mercados y a lo que en Europa se llamaría el
capitalismo salvaje.
El equipo económico de Obama es una vasta coalición que reúne desde apóstoles de
la desregulación y el libre comercio hasta personas próximas a los sindicatos y
proclives al proteccionismo. Que Obama haya delegado en Albright y Leach los
contactos con los líderes es revelador. Ni una ni otro pertenecen a su círculo
estrecho, y no son especialistas en finanzas internacionales.
Desde que derrotó al republicano John McCain, Obama mide cada paso. Cauto, ha
evitado enredarse en el debate sobre el futuro del capitalismo global. Pero
todos lo esperan. Sí, China, Brasil, India y Rusia cuentan cada vez más. Pero
sin Estados Unidos -origen de las turbulencias actuales- será difícil reformar
nada.
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