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Habla James Wolfensohn, ex presidente del Banco Mundial
"Es hora de que el G-20 reemplace al viejo G-7" |
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(IAR
Noticias)
15-Noviembre-08
"La presente crisis emanó de los países más desarrollados, donde ha habido un
uso excesivo del crédito, el apalancamiento y la falta de ahorros que hicieron
caer el castillo. Si bien ha causado un sufrimiento relativo, como las
ejecuciones hipotecarias, en los Estados Unidos, la gente que vive en los países
más pobres ve su vida misma y su sustento limitados debido a la falta de
recursos".
Por Nathan Gardels -
Global Viewpoint / Clarín
A raíz de que la cumbre del G-20 se reúne en Washington este fin de semana, se
habla mucho de la necesidad de "un nuevo Bretton Woods". ¿Existe la necesidad de
que nuevas instituciones se encarguen de la crisis financiera global y la
recesión que se generaliza o lo harán las viejas?, se le preguntó a James
Wolfensohn, presidente del BM entre 1995 y 2005.
-El Banco tiene un papel muy concreto enn la presente crisis, pero debe ser
ajustado en cuanto a la gobernabilidad y el apoyo financiero a la luz del
equilibrio cambiante del poder económico en el mundo y del clima económico
horrendo en este momento. El dominio y la estructura de voto actuales del Banco
Mundial reflejan, con algunas modificaciones, a las potencias que reinaban en
1944. Pero el mundo está cambiando. El hecho de que se esté reuniendo un G-20 en
vez de un G-7 para decidir el destino de la economía mundial es un reflejo de
que el equilibrio cambió. En los próximos 20 a 30 años, puede ser que China sea
la potencia mundial líder. Eso tiene que reflejarse institucionalmente.
-¿Cuál es el tema clave en la agenda económica global en este momento?
-La presente crisis emanó de los países más desarrollados, donde ha habido un
uso excesivo del crédito, el apalancamiento y la falta de ahorros que hicieron
caer el castillo. Si bien ha causado un sufrimiento relativo, como las
ejecuciones hipotecarias, en los Estados Unidos, la gente que vive en los países
más pobres ve su vida misma y su sustento limitados debido a la falta de
recursos. Dentro de ese contexto, el Banco Mundial necesitará una gran
capitalización, y la AIF (Asociación Internacional de Fomento dentro del Banco
Mundial) tendrá que ampliar la concesión de créditos a los más pobres.
-¿Qué países van a verse más afectados?
-Sin duda África, que está en el punto mmás bajo de la pila. En Asia, China e
India han hecho mucho por reducir la cantidad de habitantes que viven en
absoluta pobreza. Una recesión económica frenará ese salto para salir de la
pobreza.
-¿Qué le parecen las propuestas estatistas del presidente francés, Nicolas
Sarkozy, y su exhortación a crear un organismo global para regular las finanzas?
-Sería fantástico diseñar un barco nuevoo cuando nos estamos hundiendo, pero lo
más práctico es reparar el que tenemos para no irnos a pique. No dudo de que,
con tiempo y reflexión, podemos diseñar un sistema mejor. Pero los cambios de
los que estamos hablando ahora son sensibles a una crisis que surgió a partir de
la primera semana de septiembre. O sea 12 semanas. No hay manera de conseguir
que la comunidad global acuerde una estructura financiera común en un lapso tan
corto. Hablar de reorganizar las instituciones mundiales es una idea valiosa.
Pero por ahora necesitamos el pragmatismo y el liderazgo de quienes entienden
las realidades.
-Dígame una o dos cosas que deberían surgir de la cumbre del G-20.
-Deberíamos partir de las buenas relacioones ya existentes entre los bancos
centrales. Son un modelo de cómo puede y debe ser la cooperación internacional.
Lo que hace falta es que los ministros de economía claves del G-20 se reúnan y
traten de diseñar un foro de cooperación que se ocupe no sólo del mundo rico
sino que reconozca también que el mundo en desarrollo es cada vez más
vulnerable. Mi experiencia en el pasado es que reuniéndose sólo los G-7 o G-8
puede haber cierto reconocimiento de las preocupaciones del mundo en desarrollo,
pero es muy difícil que esos líderes centren su atención y su capital político
en los destinos de quienes no son sus electores. Pero el resto del mundo debe
ser incluido en los planes de quienes definen el orden económico globalmente.
Por eso, mi esperanza es que el G-20 reemplace el viejo formato de
gobernabilidad global del G-7/8.
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