ientras el México neoliberal, que subsume la coalición gobernante del PAN y
el PRI (mediante el trío nihilista Beltrones-Labastida-Gamboa) se
derrumba con las descalificaciones financieras internacionales a todo su sistema
bancario, lo cual ya habíamos adelantado (ver Bajo la Lupa 15, 19 y 26/10/08),
Baby Bush convoca a regañadientes a la cumbre del G-20 en Washington el
15 de noviembre próximo con el fin de detener la hemorragia financiera global.
En una clásica jugada de pérfida británica, que probablemente esté
relacionada con las fuertes presiones de la anglósfera en la lucha por
el liderazgo financiero entre la City y Wall Street, The Weekend Australian
(25/10/08) filtró una llamada de Baby Bush –uno de la
presidentes más ignorantes del mundo (con el debido respeto al ranchero Fox)– al
primer ministro del país de los canguros, Kevin Rudd, en la que inquiría saber
“¿qué es el G-20?” El premier Rudd sugería que la solución a la crisis
financiera debía incluir a los países asiáticos en el seno del G-20.
The Washington Post (27/10/08) desmintió rotundamente el contenido
de la llamada, mientras la oposición australiana del Partido Liberal ha
imprecado que tal filtración podría dañar las relaciones con EU, lo cual, a
nuestro juicio, es una exageración aducir que se ha allanado la muy ya
mancillada reputación de Baby Bush.
El grave problema de la convocatoria del G-20 es doble: exhibe la ausencia de
liderazgo en el mundo cuando Baby Bush carece de las credenciales para
tal desempeño, y Washington no es el lugar apropiado para la convocatoria cuando
el presidente francés Nicolas Sarkozy deseaba un formato diferente (el G-8 más
cinco potencias emergentes) para celebrar la reunión en Nueva York bajo la égida
de la ONU, lo cual le valió una brutal filtración de los servicios de
inteligencia de EU sobre los amoríos de Dominique Strauss-Kahn, carismático
director israelí-marroquí-francés del FMI.
Si la escenografía no es la adecuada, la coreografía ha exhibido reyertas del
polémico anfitrión, quien in extremis accedió a la presencia del
presidente español Rodríguez Zapatero, a quien Baby Bush pretendía
castigar porque retiró sus tropas de Irak. La ausencia de España hubiera sido
descabellada, ya que, guste o disguste, representa con todo y sus severos
problemas financieros la quinta potencia geoeconómica de la Unión Europea (UE).
No se nota mucha cohesión en el G-20 cuando el primer británico Gordon Brown
parece haberle quitado el liderazgo de la anglósfera al catatónico
Baby Bush, mientras los bloques de Europa continental y Asia no exhiben sus
cartas y Sudamérica ha caído en la perplejidad.
La retórica del primer Brown suena muy atractiva, pero carece de sustancia
refundacional al ser cuidadosamente escudriñada, ya que se ha
pronunciado por la edulcoración del vigente cuan fracasado sistema monetario
internacional, al desear la permanencia del modelo neoliberal y una “regulación
lite” de la “contabilidad invisible” de los “paraísos
fiscales” (Reuters, 9/11/08).
El “nuevo orden mundial” de Brown es tripartita entre Gran Bretaña, EU y la
UE. No lo dice, pero excluye de tajo a Rusia, Asia, África y Latinoamérica. Su
formulación se centra en abolir el proteccionismo (al que tiende Obama) y en
frenar el contagio a los países de medianos ingresos (léase: la mayoría del
G-20), mediante la creación de un nuevo departamento en el seno del FMI, así
como un acuerdo librecambista del comercio mundial (¿querrá resucitar la
cadavérica Ronda Doha?) y la recapitalización de los bancos con una “mejor
coordinación internacional de las políticas monetarias y fiscales”.
Más que proferir que Brown no aprende, mejor se pudiera decir que Gran
Bretaña no desea ceder la batuta de liderazgo financiero global que ha ejercido
durante tres siglos. Se gesta un común denominador entre la UE y Asia para
revigorizar al FMI con más capitales y una “estrategia de regulación global”.
Sin duda, el FMI ha mejorado con Strauss-Kahn, pero será muy difícil que las
naciones de Asia, África y Latinoamérica olviden la aciaga dictadura del FMI y
su siniestro siamés, el BM.
China ha adoptado una posición intermedia entre la pasividad reactiva del
régimen torturador bushiano y la dinámica refundacional de un
nuevo sistema financiero internacional que aboga el presidente galo Sarkozy.
Sudamérica ha exhibido su alta vulnerabilidad financiera al carecer de los
instrumentos adecuados para enfrentar su exagerada dependencia a la hegemonía
del dólar, por lo que urge, al margen del G-20, la creación de una divisa
regional, así como la aceleración del Banco del Sur, si es que no desea
persistir bajo la férula del mismo orden financiero global que lo ha devastado
durante casi cinco siglos.
En forma interesante el portavoz oficioso de la reina de Inglaterra, William
Rees-Moog (The Times, 10/11/08), pone en relieve el desacuerdo tanto en
el seno del G-20 como entre Sarkozy, quien desea un “segundo Bretton Woods” con
un sistema fijo de cambios (que descarriló 27 años más tarde el presidente Nixon
cuando rompió la convertibilidad del dólar al oro), y el primer Brown, quien
“bloqueó el ingreso de Gran Bretaña al euro, en sí misma una divisa de tasa
fija”. Agrega que la “conferencia en Washington no contempla un nuevo tratado
monetario mundial” cuando “nada puede decidirse en este estadio sobre la reforma
estructural ni puede existir una curación para la depresión”. En forma correcta
asevera que no se puede esperar mucho de Obama, salvo que estará más dispuesto
“a escuchar que a hablar”, ya que no tiene autoridad oficial hasta que asuma
plenamente el poder el 20 de enero próximo, es decir, se esperan 10 semanas
aciagas del régimen torturador bushiano que colinda con el desastre.
William Rees-Moog, con el bagaje de su gran experiencia, recuerda que la peor
etapa de quiebras bancarias se escenificó en el lapso entre la elección de
Franklin Roosevelt y su ascenso oficial al poder. Así que nos esperan 10 semanas
de miedo y el mejor barómetro será la semana, posterior a la conclusión de la
cumbre del G-20, que inicia el 17 de noviembre y que puede explotar en un “lunes
negro”, en caso de no existir un “segundo Bretton Woods”. Baby Bush no
se puede despedir sin antes haber legado al género humano otro cataclismo más,
esta vez financiero y bursátil.
The Observer (9/11/08), muy cercano al primer Brown, expresa que el
presidente electo Obama apoya el cierre de los paraísos fiscales (que
incluyen los enclaves británicos de Jersey, Guernsey y Isle of Man). Quizá haya
que esperar más al 20 de enero, fecha de la toma de posesión de Obama, para la
adopción de un “nuevo Bretton Woods”.