o podemos garantizar la política de disuasión, la reducción y
modernización de las armas nucleares sin el restablecimiento de las pruebas",
dijo el jefe del Pentágono en un discurso en la Fundación Carnegie.
Gates se pronunció a favor de crear un grupo de especialistas encabezado por
el ex director de la CIA, ex ministro de Defensa y ex titular de Energía
estadounidense James Schlesinger con la misión de dirigir y vigilar a las
empresas del sector nuclear militar del país.
El discurso de Gates para restaurar en EEUU las pruebas nucleares no fue
novedoso, y en términos generales, los argumentos expuestos fueron imprecisos.
Gates afirmó que EEUU desde 1980 no desarrolla investigaciones de diseño o
creación de nuevos armamentos nucleares, y que la industria bélica nacional no
fabrica cargas nucleares desde 1990.
Indicó que a consecuencia de la jubilación de los científicos e ingenieros
que trabajaron en el desarrollo de estas armas, en EEUU se ha producido una
"fuga de cerebros" en el sector bélico nuclear.
Gates afirmó que para mediados de los años 90, la Dirección Nacional de
Seguridad Nuclear de EEUU había perdido una cuarta parte de sus especialistas, y
que la mitad de científicos que actualmente trabajan en los laboratorios
nucleares son mayores de cincuenta años.
Los especialistas jóvenes que trabajan en los centros de investigación y
otras entidades nunca han trabajado en el diseño de armamento nuclear, y esta
circunstancia, a juicio de Gates, cuestiona la eficacia del arsenal nuclear que
necesitan las Fuerzas Armadas estadounidenses.
Es muy curioso, que los argumentos planteados por Gates coinciden casi al
cien por cien con la opinión de la mayoría de los militares y especialistas
rusos al valorar la situación y perspectivas del arsenal nuclear de Rusia.
Moscú no ha realizado pruebas nucleares en el polígono de Novaya Zemlia desde
octubre de 1992, y en proporciones mucho más altas que Estados Unidos, el
personal científico ruso dedicado al diseño y fabricación de armas nucleares se
redujo más de la mitad.
En Rusia hay un agudo déficit de especialistas jóvenes dispuestos a trabajar
en este campo. Y todo esto tiene su explicación.
A pesar de conservar su importancia como elemento de disuasión ante agresores
potenciales, actualmente el armamento nuclear ha perdido el carácter
intimidatorio que tenía en tiempos de la Guerra Fría.
Más aún, ahora no se necesita la cantidad de armas nucleares que fabricaron
la URSS y Estados Unidos en décadas pasadas como recuerda con nostalgia el señor
Gates.
Los tratados de desarme suscritos por Moscú y Washington los últimos 20 años
confirman la validez de esa tesis.
Entre los acuerdos cabe destacar los firmados a comienzos de la década de los
años 90 que redujeron las armas nucleares tácticas.
A partir de esa reducción, siguió un proceso paulatino de desarme que se
formalizó entre otros, con el Tratado para la destrucción de cohetes de medio y
corto alcance (INFT) suscrito en 1987, el Tratado sobre la reducción y
limitación de las armas ofensivas estratégicas (START-1) firmado en 1991, el
Tratado sobre la posterior reducción y limitación de las armas estratégicas
ofensivas (START-2) firmado en 1993 pero que nunca llegó a cumplirse, y
finalmente, el Tratado sobre la reducción de potenciales ofensivos firmado por
el presidente estadounidense George W. Bush y el ex presidente ruso Vladímir
Putin en Moscú en mayo de 2002.
Estos tratados redujeron considerablemente el arsenal y las reservas de armas
atómicas de ambas potencias.
De las 10.000 a 12.000 ojivas nucleares que poseían para misiles balísticos
estratégicos a finales de la década de los años 80, hasta las 3.100 ojivas que
tiene actualmente Rusia y las 4.545 ojivas que posee EEUU.
El arsenal nuclear táctico de ambas potencias también se contrajo de forma
sensible, de las 25.000 a 40.000 unidades que tenían los países hace casi tres
décadas, hasta las 5.050 cargas nucleares tácticas en poder de EEUU y las 5.614
que tiene Rusia, según datos recientes suministrados por el Instituto
Internacional de Investigaciones sobre la Paz de Estocolmo (SIPRI).
En comparación con el arsenal acumulado por Rusia y EEUU en tiempos de la
Guerra Fría, en general los tratados redujeron el armamento atómico en un 80%,
y es evidente que semejante proceso haya conducido a la situación a la que se
refirió el señor Gates en su país y en Rusia, según afirman los especialistas y
militares rusos.
Aunque entre las posturas de Moscú y Washington existe una diferencia
importante que vale la pena destacar.
Rusia firmó en 1996, y ratificó en 2000 el Tratado sobre la prohibición total
de las pruebas nucleares (CTBT).
En cambio EEUU rehusó al CTBT, limitándose a firmar y ratificar el Tratado
de 1963 sobre la prohibición de pruebas de armas nucleares en la atmósfera, en
el espacio y bajo el agua.
Desde el punto de vista jurídico, los expertos estadounidense tienen las
manos libres efectuar pruebas nucleares subterráneas. A pesar de que ese tipo de
pruebas, y en esto, Gates dijo la verdad, EEUU no realiza pruebas nucleares
subterráneas por una moratoria impuesta en 1992.
Pero es evidente que EEUU no ha abandonado las investigaciones para el diseño
y fabricación de nuevos tipos de armas nucleares como reiteradamente informa la
prensa estadounidense y lo afirman los propios constructores y científicos.
En particular, los laboratorios estadounidenses trabajan en la creación de
municiones nucleares de aplicación en el campo de batalla. Este tipo de
proyectiles o bombas de aviación pueden ser utilizadas para perforar
profundamente la tierra con el objetivo de destruir los centros de comando
militar o las fabricas subterráneas donde se fabrican armas nucleares.
El desarrollo de esas investigaciones merecieron comentarios del ex ministro
ruso de Defensa Serguei Ivanov, "en particular, para nosotros tienen interés los
programas de EEUU sobre la creación de cargas nucleares perforantes de pequeñas
dimensiones, cada nuevo tipo de armas supone la aparición de elementos que
modifican la estabilidad global y debemos tenerlos en cuenta en la planificación
militar", dijo Ivanov en una intervención en el Instituto de Investigaciones
Estratégicas de Londres, en julio de 2004.
La única razón de que ha impedido que el Ejército estadounidense tenga las
municiones nucleares anteriormente mencionadas se debe a la reiterada negativa
del Congreso norteamericano de asignar al Pentágono los recursos necesarios para
financiar el desarrollo de este tipo de programas.
Los legisladores consideran que arsenal nuclear de EEUU es suficiente y que
continúa siendo un factor de disuasión a pesar de los intentos de los militares
de obtener nuevas asignaciones para la producción de nuevos modelos de armas.
No obstante, tanto EEUU como Rusia desarrollan investigaciones científicas y
tecnologías en el campo de armamento nuclear, a pesar de que por razones obvias,
este tipo de asuntos no se acostumbra a ventilar ampliamente a la prensa.
Aunque se filtran detalles, que de paso confirman el postulado que la Ciencia
siempre está en evolución y armamento nuclear también.
Así, tras el último lanzamiento de prueba el un misil balístico ruso RS-18
(SS-19 Stilleto según la OTAN), de nuevo se hizo alusión al nuevo misil
balístico intercontinental RS-24 con ojivas nucleares múltiples de guiado
autónomo.
Según el comandante de las Fuerzas Estratégicas de Rusia general Nikolai
Solovtsov, ese sistema de misiles será incorporado a las Fuerzas Armadas en
diciembre del año próximo y como afirman ciertas fuentes, el misil puede portar
de seis a diez ojivas nucleares de una potencia que fluctúa entre los 150 y los
300 kilotones.
Si se tiene en cuenta que el la ojiva rusa más pequeña en otros misiles
balísticos rusos equivale a 750 kilotones, se puede deducir que la reducción de
la potencia del nuevo misil es producto de una concepción nueva de misiles
desarrollada por los expertos rusos.
Cabe subrayar que el desarrollo del nuevo misil se produce sin la realización
de pruebas nucleares, ya que es imposible efectuar en secreto ese tipo de
ensayos.
A pesar de las declaraciones del señor Gates, nos atrevemos a afirmar que
EEUU tampoco ha suspendido el diseño y creación de nuevos ojivas nucleares.
Teniendo en cuenta el actual desarrollo de la tecnología de programación e
informática, es posible desarrollar los denominados experimentos pre-críticos
para comprobar la eficacia, seguridad y la explotación de nuevos tipo de armas
nucleares sin violar los términos establecidos en los tratados internacionales.
Los expertos de EEUU conocen muy bien ese tipo de tecnologías que también
permiten comprobar las características operativas del arsenal nuclear y otro
tipo de experimentos sin recurrir a las pruebas nucleares.
Cuesta deducir las razones que obligaron a Gates a plantear de nuevo el
asunto de las pruebas nucleares. A lo mejor, de cara a los cambios que se
perfilan en Olimpo del poder en Washington, el jefe del Pentágono quiere
demostrar que puede ser una figura valiosa y necesaria para el recién presidente
electo Barack Obama.