|
 |
|
Festejo multirracial en las calles del centro de Chicago, la noche del martes 4 de noviembre,
tras anunciarse el triunfo del candidato presidencial demócrata, Barack Obama. (Foto AP) |
La elección del mulato hawaiano Barack Obama (Barack proviene del árabe
baraca que significa “bendito”) representa el inicio de una revolución
democrática pacífica y multirracial, pero sustentada en el cambio demográfico
cuando el segmento juvenil de los 18 a los 29 años se volcó por su candidatura,
mientras el segmento de la tercera edad, en su mayoría monorracial wasp
(blanco-anglosajón-protestante) votó por McCain que significa, en idioma
escocés, el “hijo de Caín”.
Por Alfredo Jalife Rahme
- La Jornada, México
Se trata de “un nuevo EU” que rompe radicalmente con el “viejo EU” decimonónico
(cuando 85 por ciento de la población era wasp), en espera de la principal
mayoría étnica que será latina y de preponderancia mexicana.
En las dos anteriores elecciones, el diferencial del voto popular había sido
mínimo, mientras el sufragio del colegio electoral había sido apretadamente
controvertido, lo cual benefició al Partido Republicano y a su base
fundamentalista evangelista, apuntalado tanto por la perversidad electorera de
Karl Rove (el íntimo asesor de Baby Bush) como por los neoconservadores
straussianos.
Más allá de lo aplastante de los votos electorales en favor del hawaiano mulato
Obama, su distribución geográfica es dramática: las dos costas cosmopolitas al
Oeste y al Este son demócratas, con la mínima excepción en el lado oriental de
los estados de Carolina del Sur y Georgia. La región de los Grandes Lagos y la
frontera con Canadá (con la exigua excepción de Montana y Dakota del Norte) son
también demócratas, mientras el Partido Republicano y su base fundamentalista
evangelista queda aislada en el centro y en el sur donde se detectan dos
fracturas tectónicas de la nueva demografía en Carolina del Sur y Misuri,
considerando que Obama arrancó nueve estados que habían votado en la elección
anterior por Baby Bush.
De los cuatro candidatos a la presidencia y a la vicepresidencia cabe resaltar
que la más joven era la pistolera petrolera Sarah Palin (44 años), tres años
menor que Obama; el mayor de edad fue el blanco panameño e “hijo de Caín” (72
años). El vicepresidente electo Joe Biden, de 66, es el único católico de los
cuatro.
No bastaba ser joven (el caso de la pistolera petrolera Palin), para atraer en
forma aplastante al segmento juvenil de 18 a 29 años que en su amplio espectro
racial (blancos, negros, latinos, asiáticos y judíos) se volcó por el candidato
multicultural Obama.
El voto mexicano y, por extensión, el sufragio latino, prácticamente dio casi la
tercera parte de los votos del colegio electoral al mulato Obama con el
predominio en California (55 votos), Nueva York (31), Florida (27), Colorado (9)
y Nuevo México (5).
La frontera de EU con México votó mayoritariamente por Obama, con la notable
excepción de Texas (34 votos), donde no todo está perdido, ya que el voto
mexicano y latino constituirá la futura mayoría debido al sufragio de los hijos
de los migrantes en la próxima generación. Tal vuelco demográfico en Texas
aislará aún más al reducto fundamentalista evangelista de los wasp en el centro
y sur de EU.
Edward Luce (The Financial Times, 5/11/08) exhibe que “cada generación” posee su
propio distintivo en la elección presidencial, como sucedió en 1968, “cuando
Richard Nixon explotó en forma exitosa el resentimiento blanco por el apoyo de
Lyndon Johnson a la Enmienda de Derechos Civiles que puso fin al dominio de 150
años del Partido Demócrata en el sur”. La “estrategia sureña” es la “invocación
racial encubierta a la clase trabajadora alienada de blancos” (los “demócratas
de Reagan”, es decir, aquellos demócratas que votaron por el ex presidente
republicano) que ayudaron al “éxito del Partido Republicano en siete de las
pasadas 10 elecciones presidenciales”. A juicio de Luce, Obama liquidó la
“estrategia sureña”.
El giro demográfico ha sido dramático y no es justipreciado por el diferencial
de 5 por ciento del voto popular, ya que los grupos de mayor crecimiento
etnodemográfico votaron dos a uno en favor del mulato hawaiano Obama. Desde
Johnson, en 1964, ningún candidato Demócrata había obtenido 44 por ciento del
voto blanco, como sucedió ahora con Obama, cuando tampoco se puede exagerar el
voto aplastante de los negros que constituyen 13 por ciento de todo el
electorado.
Luce destaca el “significativo surgimiento de los latinos” que se volcaron en
favor del Partido Demócrata en la elección presidencial y del Congreso, lo cual
se epitomizó en Florida, donde “Obama obtuvo 57 por ciento del voto latino, que
incluyó la mayoría de la segunda generación de cubanos” que se alejó del Partido
Republicano debido a su xenofobia antinmigrante.
James Carville, encuestador estrella de los demócratas, aduce que “una nueva
generación transformó la política en EU”, y recalca que el Partido Republicano
no solamente perdió las elecciones de la presidencia y el Congreso, sino, sobre
todo, a “una entera generación de votantes”, cuando el “triunvirato Bush-Cheney-Rove
alienó una extensa mayoría de jóvenes votantes con sus guerras culturales”. A
juicio de Carville, este nuevo bloque demográfico juvenil y multicultural hará
prevalecer el dominio del Partido Demócrata en los siguientes 40 años, y que se
reflejó en la votación de solamente 32 por ciento de los votantes menores de 30
años en favor del “hijo de Caín”.
Carville afirma que en la política presidencial de EU el dominio partidista es
“cíclico”, como se desprende de los periodos de 1896 a 1932, luego de 1932 a
1968 y ahora de 1968 a 2008: “el dominio republicano prevaleció los pasados 40
años” (con la excepción de cuatro años para Jimmy Carter y ocho para Bill
Clinton, curiosamente, ambos ex gobernadores del sur), cuando expresó la
reacción al dominio de los demócratas en la década de los sesenta, y que “estaba
arraigado en el poder del voto masculino blanco”.
Ahora el voto masculino blanco ha disminuido, mientras el voto de los otros
grupos etnodemográficos se ha incrementado en forma asombrosa.
Concluye que pocas elecciones como las recientes tienen “resonante y duradero
impacto en el paisaje político”, cuando el “Partido Republicano, en su más bajo
nivel de popularidad, perdió una generación de votantes”, mientras “una nueva
mayoría de demócratas ha emergido con los votantes jóvenes a su cabeza” que
representan la “mayoría que continuará a gobernar 40 años más”.
Murió el hombre blanco unipolar. ¡Viva el nuevo hombre multicultural!