orque si alguien dudaba de la
fuerza y poder del Imperio, de su capacidad para meterse en cada una de las
casas (a veces lo hacen con tanques y otras con la televisión), estos días han
quedado convencidos. Al punto de no poder criticar al tal Obama porque
automáticamente se pondría uno del lado de Bush, eso dicen los que dicen que
saben de estas cosas.
En realidad un juego macabro y
falso, un bipartidismo reaccionario parido por el sistema para no dar
posibilidades al pensamiento de izquierdas. Está prohibido dudar, Obama es de
los nuestros y punto.(En la imagen, Obama, necesitado de zapatos).
El planeta todo sabe que hay nuevo emperador, pero no todo el mundo piensa que
esta vez puede incluso ser más peligrosas sus acciones, porque goza del respaldo
y fervor de la gran mayoría, incluso de los sectores reaccionarios que han visto
en él a su gran esperanza. Y es que hartos del torturador sanguinario, cualquier
candidato parecía mejor, incluso si hubiera sido la nominada, Hillary Clinton,
la campaña mediática no se diferenciaría, donde pone negro, pondría mujer, y se
hablaría de la importancia histórica de que una mujer accediera a la Casa
Blanca. Eso sí, del programa político del ganador o de su último voto como
senador (a favor de saquear el dinero público para dárselo a la banca privada),
no es políticamente correcto hablar.
Tampoco de los apoyos financieros
de su campaña, incluido el poderosísimo lobby sionista, ni su postura en las
distintas ocupaciones que ejerce su país/imperio en este momento, por ejemplo,
en Afganistán, donde amenaza, por cierto, con enviar más tropas. De momento
puede más la esperanza y no hay gobierno en el mundo ni ciudadano decente que no
haya respirado con algo de alivio, quizás, no tanto por la victoria del mentado
Obama, sino por la salida del alcohólico y genocida presidente de EE.UU, George
W. Bush.
Ahora bien, pasada la medio euforia, queda preguntarnos qué valores de izquierda
tendrá Obama en su programa político. Ninguno. ¿Entonces? En principio parecería
que es el candidato perfecto (buena imagen, joven, afroamericano, sonriente...)
para que el gran capital tome cuanta medida necesite para preservar el sistema
capitalista en EE.UU., y ello no es poco, porque la crisis que atraviesa ese
país, necesita, -dicen esos poderosos-, de medidas muy duras, de ajustes muy
contundentes y con un personaje como Bush/McCain en la presidencia, era más que
seguro que millones de trabajadores se tirarían a las calles a protestar y poner
en jaque todo cuánto se hiciera desde la Casa Blanca y otros centros de poder
privados.
Con Obama es perfecto porque el
margen de maniobra es mayor, la gran mayoría va a quedarse en casa esperanzada y
viendo la televisión, hay más tiempo. El tema es cuánto van a concederle las
grandes masas que sufren ya la crisis en EE.UU. al nuevo inquilino, antes de
salir a la calle.
Entender esto es importante,
porque el Partido Demócrata (ubicado, por cierto, muy a la derecha de cualquier
otro partido conservador del mundo) no va a tardar en agitar la bandera de Bush
para explicar a los millones de votantes que se trata de Obama o Bush, de ellos
o el caos, que la herencia dejada es devastadora, que hace falta tiempo, etc, y,
mientras, a aplicar neoliberalismo, que de eso se trata.
Escepticismo pues, pero sobre todo la certeza, de que jamás hubiese llegado a la
Casa Blanca nadie que trajese un programa electoral no ya de izquierdas, sino
tímido. El sistema es en ello implacable, no deja espacio para la duda, por muy
negro (o mujer) que sea el elegido.
Mientras, que deje en paz a los
pueblos, que los respete sin amenazarlos ni invadirlos ni bloquearlos. Con eso
nos daríamos por satisfechos, pero nos tememos que ni quiere ni le van a dejar.
Él no es de los nuestros, por más afroamericano que sea.