Antes del inicio de los comicios en los EE.UU., los chinos estaban preocupados
por qué camino van a seguir las relaciones entre ambos países, sobre todo, por
el hecho de que esas relaciones fueran dañadas debido a que los candidatos
aprovechaban “la carta china” para ganar votos, e incluso, los nuevos
presidentes recurrían a la práctica habitual de enfriar las relaciones con China
por sus necesidades políticas.
Esto ha perjudicado
inevitablemente las relaciones bilaterales y causado impacto al desarrollo
económico chino. Sin embargo, al parecer esto no ha ocurrido en la campaña
electoral de este año en los EE.UU..
Primero, el presidente George W. Bush ha hecho ciertos esfuerzos activos para
impulsar las relaciones con China, lo que constituye uno de los pocos caracteres
relevantes de su política exterior y que ha permitido un desarrollo estable de
las relaciones bilaterales. Esto ha hecho más aplomado el estado de ánimo de la
gente.
Segundo, el poderío chino se ha incrementado y su influencia también ha elevado
en el mundo. Sin embargo, con la crisis financiera y la guerra de Irak, el
poderío e influencia de EE.UU. tienden a bajar. La disminución de la diferencia
en el poderío entre China y EE.UU. ha fortalecido la convicción de los chinos en
sí mismos.
Especialmente cuando está asediado
por la crisis financiera, los EE.UU. necesita el apoyo chino más que nunca
antes, lo que le obliga a tratar a China de manera menos arrogante y permite a
China a gestionar las relaciones bilaterales más activamente.
Tercero, al desarrollar sus relaciones exteriores, China “no ha puesto los
huevos en la misma cesta”, es decir, ha promovido sus relaciones con Rusia,
Europa y países de Asia, Africa y América Latina y ampliado la esfera de
cooperación con ellos, lo que ha ayudado a equilibrar las relaciones con EE.UU..
Lo delicado consiste en el hecho de que debido al “estado psíquico como el
tercero”, al gestionar sus relaciones con otros países, los EE.UU. ha puesto en
consideración a China, y viceversa, lo que ha hecho más equilibradas las
relaciones sino-estadounidenses.
Cuarto y último, tras ingresar a la OMC, China se ha conectado rápidamente con
el mundo y conocido los reglamentos en las esferas política y economía
internacionales, le ha asistido mayor confianza en las relaciones exteriores, y
le ha capacitado para gestionar los asuntos exteriores de manera más directa y
eficaz. Esto ha ayudado a los chinos a resolver los asuntos con EE.UU. y
proteger sus intereses de mejor manera.
Debido a todo esto, a China le asistirá mayor confianza en el continuo
desarrollo de las relaciones con EE.UU.. Y por su parte, el gobierno de Obama no
desatenderá estos factores. Al hacer modificaciones de la política exterior de
Bush, para el presidente electo no hace falta el cambio radical de las
relaciones con China, que se han desarrollado sin contratiempos. El nuevo
gobierno estadounidense debe hacer todo lo posible para mantener las relaciones
con China para la recuperación económica.
EE.UU. necesita el apoyo chino en
la resolución de los problemas nucleares coreano e iraní y en la guerra
antiterrorista. También le es necesario fortalecer la colaborción con China en
el problema del calentamiento global y la explotación de nuevos enegéticos.
El gobierno de Obama espera que
China desempeñe activo papel de enlace en el diálogo entre el Sur y el Norte.
Esto también significa que EE.UU. necesita mantener contactos activos con China,
respetar sus intereses y crear condiciones para que China ejerza su influencia
en el mundo de manera más activa y eficaz.
Sin embargo, esto no quiere decir que las relaciones entre China y EE.UU. se
desarrollen sin problema alguno. Los demócratas, que siempre han aprovechado los
problemas de derechos humanos y religión para sacar partido, podrían repetir la
práctica en los problemas de la tasa de cambio de la moneda china y la política
de comercio. Esto será lo que China debe prevenir para evitar la posible
influencia negativa sobre la economía.