Aunque el presidente electo Barack
Obama ya presenta una cara totalmente diferente de Estados Unidos
ante el mundo, aún no está claro si su política exterior será muy
diferente a la que le ha precedido.
Por Jim Lobe - IPS
Por un lado, Obama ha repetidamente subrayado la
importancia del multilateralismo y de la restauración de las
relaciones diplomáticas con toda la comunidad internacional,
incluyendo con viejos adversarios como Irán, Cuba y Corea del Norte,
en contraste con el enfoque unilateralista y militarista del actual
mandatario, George W. Bush.
Pero, por otro lado, la mayoría de sus asesores son veteranos de la
administración del presidente Bill Clinton (1993-2001), cuya marca
propia de intervencionismo liberal --eludiendo a la Organización de
las Naciones Unidas (ONU) en temas como los Balcanes, Sudán e Iraq,
así como su renuencia a presionar a Israel para que hiciera
concesiones clave en las negociaciones con sus vecinos árabes, y su
idea de que Estados Unidos es una "nación indispensable"—sirvió de
base para los ocho años unilateralistas de Bush.
Steven Clemons, director del Programa de Estrategia Estadounidense
de la New America Foundation, señaló que la elección del congresista
Rahm Emanuel, un ex asesor de Clinton, como jefe de gabinete de
Obama es una muestra de que el nuevo gobierno tendrá mucho en común
con la anterior administración demócrata.
Siendo negro, hijo de padre keniata y habiendo pasado parte de su
niñez en Indonesia y en el multicultural archipiélago de Hawai,
Obama claramente presenta una imagen diferente de Estados Unidos
ante el resto del mundo, más que ninguno antes.
Pero, además de su pasado y apariencia física, su elocuencia, su
ecuanimidad y su agudeza intelectual lo diferencia con Bush.
"El hecho de que presente una cara muy diferente de Estados Unidos
es muy importante, porque nuestro capital político en el mundo ha
sido muy devaluado en los últimos ocho años", destacó Raj Menon,
profesor de relaciones internacionales en la Universidad de Lehigh.
Pero esa imagen y los compromisos políticos que hizo durante su
campaña, considerando que los mantenga, no son suficientes para
asegurar el tipo cambio de curso que gran parte del mundo y muchos
votantes que lo apoyaron esperan.
Obama sin duda hará bien en un relativamente corto periodo de tiempo
si cumple sus promesas de cerrar la cárcel en la base militar de
Guantánamo, reunificar los esfuerzos globales contra las emisiones
de gases invernadero, responsables del recalentamiento planetario, y
abrir un diálogo directo con Siria e Irán, todo lo cual sería
celebrado por los demócratas y por los aliados europeos de
Washington.
Pero, a pesar de la fortaleza demócrata en el Congreso, podría estar
menos inclinado a apostar su capital político en temas polémicos que
requerirían un sustancial apoyo bipartidista, como la ratificación
del Tratado para la Completa Prohibición de Ensayos Nucleares o el
Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional o las enmiendas del
Tratado de Libre Comercio de América del Norte en temas laborales y
ambientales.
Con la economía estadounidense en su peor crisis financiera desde la
Gran Depresión, es difícil que Obama tenga mucho tiempo extra para
ocuparse en la política exterior de lo que pensaba hace apenas dos
meses.
El hecho de que una abrumadora mayoría de los votantes del martes
consideraran los temas económicos como los más importantes, más que
la guerra en Iraq o el terrorismo, hace probable que Obama delegará
muchas decisiones en política exterior a su vicepresidente, el
actual presidente del Comité de Relaciones Exteriores del Senado,
Joseph Biden, y a sus subordinados aun por nombrar.
Los subordinados más probables representan a una amplia gama de
opiniones. Van desde los intervencionistas liberales, cuyos puntos
de vista maniqueos del mundo como un campo de batalla entre el bien
y el mal no están muy lejos del pensamiento de los neoconservadores
en el entorno de Bush, hasta los "realistas", muchos de los cuales,
como el ex secretario de Estado (canciller) Colin Powell, son en
general más recelosos de las intervenciones militares.
No está claro para la mayoría de los observadores dónde se coloca el
propio Obama en este espectro, en parte porque la política exterior
prácticamente desapareció de su campaña presidencial desde que
estalló la crisis financiera a mediados de septiembre.
Consecuente con los intervencionistas como Biden, el mandatario
electo se mostró partidario de la imposición de zonas de exclusión
aérea en la occidental zona sudanesa Darfur, unilateralmente si es
necesario, para detener lo que el gobierno estadounidense ha llamado
"genocidio".
Al mismo tiempo, su énfasis en apostar a la diplomacia con países
enemigos, sin importar el historial de derechos humanos de estos,
refleja una tendencia más realista. De hecho, podría intentar un
equilibrio entre estos dos polos en sus designaciones de
funcionarios.
Por eso, se cree que su primera opción para liderar el Pentágono
(Departamento de Defensa), sería el actual secretario, Robert Gates,
a quien, junto a la sucesora de Powell, Condoleezza Rice, se le
reconoce haber hecho la política exterior estadounidense menos
unilateralista desde que asumió el cargo hace dos años.
A pesar de la oposición pública de Gates a varias posiciones
adoptadas por Obama durante la campaña electoral, incluyendo su
intención de replegar las tropas de Iraq en un plazo de 16 meses y
prohibir el desarrollo de nuevos tipos de armas nucleares, aún es
visto como alguien adecuado para permanecer en el cargo tanto por su
competencia como por su experiencia. De esa manera, además, Obama
cumpliría su promesa de tener un gobierno inclusivo.
Y si no se decide por Gates, o si éste rechaza la oferta, Obama
podría elegir a otro realista republicano como secretario de Estado,
mientras opta por el ex secretario de la Armada de Clinton, Richard
Danzig como jefe del Pentágono.
Tres han sido mencionados hasta ahora: los senadores Richard Lugar y
Chuck Hagel, y el ex jefe del Comando Europeo de las Fuerzas Armadas
estadounidenses, el general James L. Jones, quien respaldó la
candidatura de McCain.
Los tres son sólidos realistas considerados más ecuánimes a la hora
de tratar el conflicto árabe-israelí y menos inclinados a la
confrontación con Irán.
Si, por otro lado, Gates permanece en el Pentágono, Obama
probablemente elija a un demócrata como secretario de Estado.
Aparte de los tres republicanos, los nombres más mencionados, según
Clemons, son el candidato presidencial demócrata de 2004, John Kerry,
quien se encuentra en el lugar más liberal del espectro político, y
el ex embajador de la administración Clinton en la ONU, Bill
Richardson, cuyo interés en un mayor acercamiento con países aliados
lo coloca en el campo realista.
Otro ex embajador ante la ONU del último gobierno demócrata, Richard
Holbrooke, intervencionista liberal por excelencia, estaría entre
las opciones, aunque habría perdido chances en las últimas semanas.
James Steinberg, quien fue viceconsejero de seguridad nacional de
Clinton y estaría entre los intervencionistas liberales, es el que
contaría con más probabilidades de convertirse en el consejero de
seguridad nacional de Obama, mientras que el realista Gregg Craig,
fiscal general durante la anterior administración demócrata, podría
ser el nuevo subsecretario de Estado.
La ex consejera sobre África de Clinton e intervencionista liberal
Susan Rice es la principal candidata a ser subconsejera de seguridad
nacional o embajadora en la ONU, mientras que tres estrechos
asesores de Obama en política exterior que también trabajaron con el
anterior presidente demócrata, Dennis McDonough, Scott Gration y el
redactor de discursos Ben Rhodes tendrían algún puesto en la Casa
Blanca.