Sigue el pase de facturas por la derrota. La gente de McCain detesta a
la ex candidata a vice.
Por
Paula Lugones -
Clarín
Dicen que ella tenía su discurso bien preparadito. Que llegó con las hojas en
mano a Phoenix, la noche de las elecciones y que, cuando se conoció la derrota
republicana, quiso salir a hablar antes que John McCain. Pero los asesores del
candidato casi la ahogan en la piscina del hotel Biltmore: nunca una aspirante a
vice se pronuncia en estos casos y menos ella, a quien acusan de haber tenido
buena parte de la culpa del fracaso. Pero a Sarah Palin parece importarle poco
lo que piense la vieja guardia del partido, que hoy está en grave crisis por el
golpe en los comicios. Ella ya apunta a las próxima elecciones.
The New York Times habla de una "guerra civil" entre el bando de McCain y Palin,
sobre todo desde que se conocieron de su propia boca sus ambiciones
presidenciales futuras. El modo de conocerlas fue al mejor estilo Sarah. Uno de
esos conductores de programas cómicos la llamó por teléfono, haciéndose pasar
por el presidente francés Nicolás Sarkozy. Con un acento tan ridículo como
increíble, el falso Sarkozy conversó un rato hasta que ella le dijo que podría
ser presidenta "quizás en 8 años".
Entonces los asesores de McCain no se quedaron quietos. Ya estaban furiosos
desde que se supo que la gobernadora de Alaska había gastado 150.000 dólares en
ropa para ella y su familia en las mejores tiendas del país. Según fuentes de la
campaña, le había dicho a la gente del partido que necesitaba remozar su
vestuario y que sólo invertiría entre 20 y 30 mil. Pero, se sabe, es tentador ir
de shopping, sobre todo cuando no paga uno. La furia en las filas de McCain
creció cuando ella patinó severamente en una entrevista televisiva en la CBS.
Según dijeron fuentes de la campaña, habían acordado una reunión para que se
entrenara antes sobre los posibles temas a tocar y ella no asistió.
Un asesor de McCain --nadie habla con nombre y apellido-- dijo al Times que la
relación entre el republicano y su elegida era "difícil". Y que, a pesar de que
él la elogiaba en público, hablaban sólo ocasionalmente. La decisión de elegir a
Palin como compañera de fórmula fue tomada exclusivamente por McCain y
sorprendió a todos. Sobre todo, porque el senador por Arizona apenas la había
visto una vez personalmente. Si bien Palin energizó a las bases conservadoras
del partido, su estrella se fue apagando al ritmo de sus traspiés.
Pero es un argumento demasiado sencillo decir que los republicanos perdieron por
Palin. Fue muy difícil para el partido despegarse de la pésima imagen del
gobierno de Bush y la crisis económica y los estadounidenses evidentemente
buscaron un cambio de aire con Barack Obama. La misma noche de las elecciones,
Palin dijo a los periodistas que se ve "en una función de unificadora". Pero en
Wasilla, su pueblito de Alaska, ya salieron a la venta las camisetas que dicen "Palin
2012".
Pero hay quienes auguran otros rumbos para la gobernadora. Su figura resulta tan
atractiva para los medios que ya hay quien piensa en contratarla. Sarah es amada
y odiada en este país, no tiene medias tintas. Por eso cuando ella se presenta
en la televisión el rating salta a las nubes. Cuando apareció en Saturday Night
Live, cara a cara con su genial imitadora Tina Fay, la vieron 17 millones de
personas, un récord para el programa. Por eso hay quienes la ven conduciendo un
talk show y otros productores se atreven a más: un reality que transmita las 24
horas del día a la gobernadora y su atractiva familia. El programa podría
llamarse The Palins. ¿Aceptará?