Tras obtener una histórica victoria en las elecciones presidenciales del
martes, Barack Obama entra ahora en uno de los terrenos más resbaladizos de la
política estadounidense: la transición al poder y la designación de legiones
de altos cargos que le acompañaran en el Gobierno
Por Andrew Quinn - Reuters
Los analistas políticos
coinciden en que Obama debe actuar rápido. Su llegada a la Casa Blanca ocurre
en momentos en que tropas estadounidenses combaten dos guerras, la economía se
hunde en su peor crisis desde la Gran Depresión y los responsables instan a
mantener alta la guardia ante a la amenaza de un ataque terrorista.
Clay Johnson, que dirigió en 2001 el equipo de transición para el
presidente George W. Bush, cree que Estados Unidos no se puede permitir el
promedio de 90 días que el Congreso tardó en aprobar a los altos cargos
designados por Bush.
"Necesita ser mucho más rápido, particularmente en tiempos de guerra", dijo
Johnson durante un seminario sobre el proceso de transición, añadiendo que
tanto la Casa Blanca como las campañas empezaron este año a trabajar
anticipadamente para asegurar una veloz transferencia del poder.
El presidente electo demócrata tiene mucho en juego. Los mercados globales
esperan noticias sobre quién será el próximo Secretario del Tesoro, una
pregunta que muchos esperan que Obama responda para el 15 de noviembre, cuando
está programada en Washington una conferencia internacional sobre la crisis de
crédito.
Las personas que Obama nomine para carteras como Defensa o Asuntos
Internacionales indicarán cómo pretende la nueva administración llevar a la
práctica sus promesas electorales.
Obama, hablando antes de la elección del martes, dijo que considera que es
importante tener a republicanos en su gabinete, pero dio pocas pistas sobre a
quién podría elegir. "No tengo ni idea de quienes podrían ser los candidatos",
dijo.
LIMBO POLÍTICO
El período entre la elección del 4 de noviembre y la toma de posesión del
20 de enero próximo podría transformarse en un limbo político para el Gobierno
de Estados Unidos, pues las líneas del gobierno nacional se vuelven difusas
entre el presidente saliente y el entrante.
Mientras tanto, muchos altos cargos comenzaron su propia transición, un
cambio de guardia que podría implicar que muchos de los 7.000 designados
políticos pierdan sus empleos, llevándose consigo la experiencia acumulada.
"En la mayoría de las oficinas públicas, la memoria se va con la
administración saliente. Queda muy poco", dijo Martha Kumar, una analista
política de la Towson University y cofundadora del Proyecto para la Transición
en la Casa Blanca, una coalición de académicos e instituciones políticas que
busca ayudar en estos procesos.
Kumar recuerda, por ejemplo, a un funcionario de la recién electa
administración Clinton que llegó el primer día a su oficina y encontró seis
teléfonos sonando al mismo tiempo.
El empleado pensó: "Si contesto, ¿Qué voy a decir?".
Por supuesto, la mayoría de los funcionarios federales de carrera
permanecen en sus cargos y el Gobierno y las fuerzas armadas continúan
funcionando.
Pero para muchos importantes empleados públicos, las oficinas del equipo de
transición se transforma en un anticipo de la Casa Blanca, cuyos movimientos
son escrutados como señales de quién irá a dónde en la próxima administración.
"Y una de las lecciones de la administración Clinton es que uno no empieza
por el gabinete, sino por el personal de la Casa Blanca. Eso ayuda a montar un
mecanismo para tomar decisiones", dijo Kumar.