aul Craig Roberts, conservador del Partido Republicano y prominente
funcionario de Reagan, explaya los dos factores “temporales” del alza del dólar,
que se ha revaluado frente a prácticamente todas las divisas del mundo, con
excepción del yen japonés, “pese a la exposición desproporcionada de Estados
Unidos a la peor crisis financiera desde la Gran Depresión” (“El mundo está
cansado de la hegemonía del dólar”, VDare, 29/10/08): la “respuesta no se
encuentra en la mejoría de los fundamentos de su economía o en la mejor
perspectiva del dólar para retener su papel de divisa de reserva”.
El primer factor radica en la “fuga tradicional a la divisa de reserva”
debido al pánico y el segundo se centra en el “desdoblamiento” del carry
trade, es decir, el método que usan los especuladores que piden prestado
yenes a baja tasa de interés para comprar otras divisas inestables que pagan
mayores tasas y cuyo diferencial arroja descomunales ganancias: los
especuladores se desprendieron de sus instrumentos financieros con altos
rendimientos en los países periféricos, “en una estampida por los dólares y los
yenes con el fin de pagar sus préstamos en Japón”.
Paul Craig Roberts es conocido como “el padre de la reaganomics” (el
laissez-faire neoliberal), título que se ganó como asistente del
secretario del Tesoro de Reagan, además de ser columnista en la prensa
neoliberal (The Wall Street Journal y Business Week).
Insiste en que el alza del dólar es “temporal” cuando “su perspectiva es
sombría”, en medio del déficit comercial de Estados Unidos (el mayor del mundo)
y su “déficit presupuestal cada vez mayor”.
El déficit comercial “es financiado por los extranjeros que adquieren más
activos en dólares”, lo cual, de facto, “financia el consumo, el
presupuesto militar, las guerras y los rescates financieros de Estados Unidos”,
que “son cada vez más resentidos por los extranjeros”.
Roberts aduce el trascendente papel que devengará al BRIC (Brasil, Rusia,
India y China) en la próxima cumbre del 15 de noviembre en Washington con el fin
de “finiquitar la hegemonía financiera de Estados Unidos”.
Comenta que el viceprimer ministro de Tailandia (sin citar su nombre) designó
al yuan chino como la “ungida divisa convertible por derecho propio en el
mundo”. Con todo nuestro debido respeto al viceprimer ministro de Tailandia,
ensalzado por Paul Craig Roberts, pero el yuan chino aún no es una divisa
“convertible” al mantener fija su paridad con el dólar, lo cual,
paradójicamente, le ha valido sortear los vendavales de la hemorragia que han
sufrido los países de la periferia en la esfera de influencia del dólar, como
México y Brasil, supuestos aliados del régimen torturador bushiano y vapuleados
en sus divisas respectivas.
Roberts refiere un feroz comentario de People’s Daily que acusa a
Estados Unidos de “saquear la riqueza global al explotar el dominio del dólar”,
lo cual deberá ser corregido mediante la “exclusión del dólar de las relaciones
comerciales directas entre los países de Asia y Europa que deberán usar
solamente (sic) sus propias divisas”. Agrega que Zhou Jiangong, editor del
portal ChinaStakes.com, ha reclamado la “captura de Wall Street por China para
poner fin a los excesos de Estados Unidos”, a lo que asiente Paul Craig Roberts,
quien concluye que los “prudentes chinos realizarían una mejor tarea que la
multitud de bandidos (¡súper-sic!) de Wall Street, que han destruido la
reputación financiera de Estados Unidos mientras explotan al mundo”.
A nuestro entender, el alza del dólar se ha debido a la abundante salida de
capitales (de empresas e inversionistas) de la periferia del dolarcentrismo para
pretender colmar los agujeros negros del queso gruyere financiero de Wall Street,
como consecuencia negativa de la desregulada globalización financiera. Tal
hemorragia deliberada, propiciada por Wall Street, puede dilapidar las reservas
de los países periféricos y llevarlos hasta su bancarrota si no aplican con
urgencia los torniquetes proteccionistas: regulación, paridades fijas y control
de cambios.
El tsunami financiero de Estados Unidos, que ha contagiado en forma
irresponsable al resto del mundo, exhibió el gran poderío financiero de la dupla
anglosajona y la vulnerabilidad de dos gigantes geoeconómicos, Rusia y Brasil,
que no disponen del manejo financiero adecuado.
La hegemonía del dólar es resultado del triunfo de Estados Unidos en dos
guerras mundiales y la guerra fría. Pese a su pronunciada decadencia,
aún conserva el dominio financiero global, cuando en 2005 el dólar constituía
66.5 por ciento de las reservas del mundo (el euro, 24.4 por ciento, y el yen,
3.6 por ciento), aunque su economía representa 25 por ciento del PIB mundial
(detrás del 31 por ciento de la Unión Europea): ¡una tremenda anomalía!
En el ranking del Índice de Desarrollo Financiero (IDF), del Foro
Económico Mundial de Davos, Estados Unidos y Gran Bretaña descuelgan los dos
primeros lugares. Los seis primeros lugares son ocupados por seis integrantes
del G-7 que dominan el mundo de las finanzas globales, mientras el BRIC aparece
muy rezagado: Brasil (lugar 40), Rusia (36), India (31) y China (24). Llama la
atención el lugar 23 de Israel, asombroso para su exigüidad económica (lo que
delata el predominio financiero del mundo por la plutocracia de banqueros),
mientras México se ubica en un mediocre lugar 43, pese a la entrega de su banca
a las trasnacionales y a su adopción fanática del neoliberalismo.
En el Comité Consultor del IDF aparecen nombres que erizan los cabellos hasta
de un calvo, como el controvertido Jacob Aharon Frenkel, anterior gobernador del
banco central israelí y vicepresidente de la quebrada AIG, la otrora empresa de
seguros más grande del mundo que cobró doble los percances del 11/9 en
las torres del World Trade Center por ser “gemelas” (no es broma).
Lex de The Financial Times (30/10/08) no se da por vencido y exulta
el estatuto del dólar “como la divisa de reserva mundial” que significa un
“recordatorio a los escépticos del poder geoeconómico (sic) de Estados Unidos”.
En forma perturbadora, consigna que la “Reserva Federal se volvió el banco
central de todos los bancos centrales del mundo, o al menos para aquellos que
son aliados de Estados Unidos o sus importantes socios comerciales”. ¿La Fed
como banco central global?
La euforia de Lex proviene de la “aspersión de dinero al mundo por la Reserva
Federal” con la apertura de sendas líneas swap por 30 mil millones de
dólares (que arrojan un total de 120 mil millones de dólares) a Brasil, México,
Corea del Sur y Singapur, lo cual “conlleva un significado mayor que el reciente
recorte de las tasas de interés”. Lex festina en forma cruel (british style)
que Rusia no tendrá más remedio que usar sus inmensas reservas de dólares,
mientras “otros podrían muy bien encontrarse caminando trabajosamente cuesta
abajo en rutas más solitarias y pobres”. ¿Nos encontramos en el paroxismo de la
“guerra de las divisas”?.