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McCain se dirige a sus seguidores en Nevada. (Foto AFP) |
El proceso electoral de EEUU está a punto de llegar a su
fin. Sólo quedan unas horas para saber quién será el próximo presidente de la
nación más poderosa del planeta. Según las encuestas,
John McCain se ha quedado sin aliento en la recta final y parece difícil
que consiga darle la vuelta los 7,4 puntos de ventaja que le saca
Barack Obama, el candidato que proclama el cambio. RealClearPolitics,
la
CNN y la cadena NBC,
entre otros, otorgan la victoria al demócrata. McCain lo tiene muy difícil, pero
no imposible.
Los resultados por estados se irán conociendo a cuentagotas, según vayan
cerrándose los diferentes colegios electorales. Pero, al margen de los horarios,
el nombre del vencedor podría saberse en cuanto se sepan los porcentajes en los
estados clave de estas elecciones.
Como anécdota, el primer colegio en abrir (y, lógicamente,
en cerrar) ha sido el de Dixville Notch, una localidad de tan sólo 75 habitantes
en New Hampshire. Y, con 21 votos, el primer tanto del partido se lo ha anotado
el demócrata. Eso sí, el color de su voto no tiene por qué representar al del
resto del país, aunque siempre habrá quien vea algún augurio para los candidatos
en los primeros resultados del proceso.
Por estados, Indiana será el primero en cerrar sus urnas, y
lo hará a las 00.00 horas (hora española). Una hora después, a la 1 de la
madrugada del miércoles, le tocará el turno a Florida y Virginia.
A partir de entonces, y con una diferencia de media hora, clausurarán a lo largo
de la madrugada del miércoles los centros del resto de estados 'capitales':
Carolina del Norte, Ohio y Virginia Occidental, a las 1.30
horas; Pensilvania y Dakota del Sur a las 2.00 horas; media
hora después lo hará Arkansas, a las 2.30 horas;
Colorado y Nuevo México a las 3.00 horas; y los más tardíos serán
Iowa y Nevada, a las 4.00 horas de la madrugada española.
Un maratoniano fin de campaña
El candidato demócrata llega al 4 de noviembre con todas las encuestas de
cara. Pero ni uno ni otro han dejado de participar en mítines hasta el último
día. Obama no ha querido bajar la guardia y, pese a la
muerte de su abuela materna,
Madelyn Dunham, ha estado en Jacksonville (Florida) y en
Charlotte (Carolina del Norte). Para rematar, cerró campaña de forma oficial en
Manassas (Virginia).
En Charlotte, el senador de Illinois arrancó su discurso homenajeando a su
abuela, una de las mujeres más importantes de su vida. "Fue uno de esos
héroes silenciosos que tenemos en Estados Unidos que no son famosos. Sus nombres
no están en el diario, pero cada día trabajan duro y cuidan de sus familias",
afirmó. Mientras hablaba, el aspirante demócrata no pudo evitar las lágrimas.
Por momentos se las quitó con la mano, otras veces usó un pañuelo, pero continuó
el mitin. Y las lágrimas siguieron brotando...
"Mañana podemos optar por políticas que beneficien a la clase media,
que ayuden no a Wall Street sino a la gente corriente. Mañana podemos conseguir
el cambio que necesitamos", enfatizó.
McCain, por su parte, se ha lanzado a la caza del voto en los estados donde
los indecisos pueden dar un vuelco a las predicciones de las encuestas. Al igual
que Obama, el senador republicano comenzó en Florida una jornada de 20
horas de campaña en siete estados del país que culminó en Arizona, la
tierra por la que es senador. Pensilvania, Indiana, Tennessee, Nuevo México y
Nevada han sido las otras plazas elegidas para luchar por los últimos votos.
Sus consignas son las mismas: retratarse como un patriota, alguien que deja
sus intereses a un lado para servir al país y presenta a Obama como una apuesta
arriesgada para los bolsillos de los estadounidenses y la seguridad del país.
"He servido a este país desde los 17 años. Y tengo heridas que lo demuestran",
aseveró. Tampoco se olvidó de prometer "cambio", el concepto más traído
y llevado de estas presidenciales.
Si gana, el viejo héroe de guerra tiene pensado celebrarlo
en el Arizona Biltmore
Spa, en Phoenix. Este complejo de lujo ha sido el lugar elegido por el
veterano senador de Arizona, donde estará acompañado por unas 3.000 personas.
Por su parte, en la campaña del senador de Illinois han tirado la casa por la
ventana y preparan una macrofiesta en Chicago donde 70.000
almas podrán compartir con el demócrata las mieles de la victoria en caso de que
ésta se produzca.
Ambos lugares encierran cierto simbolismo para los candidatos. El Biltmore
Spa fue el lugar elegido por los McCain para su banquete de bodas, y se
encuentra en la capital del estado del que es oriundo el senador el republicano.
Y Chicago es el lugar donde Obama dio sus primeros pasos en la política. Allí es
recordado con cariño. De hecho, el alcalde la ciudad ha declarado que permitirá
que hasta un millón de personas se acerquen hasta Grant Park.
Las miserias y grandezas de la campaña electoral
No ha sido un camino de rosas, los dos candidatos han tenido que
superar duros obstáculos y los dos han llegado al final contra todo pronóstico.
Pero McCain hizo pronto los deberes y
en marzo dejó atrás al favorito, el ex alcalde de Nueva York Rudolph
Giuliani, y a los ex gobernadores Mitt Romney y Mike Huckabee. Mientras, en el
bando demócrata Obama libraba una
dura batalla contra la senadora Hillary Clinton, que plantó cara a su rival
hasta el final.
Llegados a ese punto, cuando para muchos la campaña electoral parecía que
llevaba ya un buen trecho recorrido, las cosas no habían hecho más que empezar.
Hasta el comienzo oficial, que siguió a las convenciones de sus respectivos
partidos, la batalla electoral se distinguió por ser una demostración de
fuerza en los escenarios donde a cada candidato podían serles propicias
las cosas. Para reforzar su apuesta por la política exterior, Obama, por
ejemplo, no dudó en
embarcarse en una gira por las potencias europeas, Israel, Irak y Afganistán.
McCain, en línea con el tradicional aislacionismo republicano, optó por la
prédica en su país.
Las convenciones donde los candidatos se presentaron ante sus partidos y
fueron nominados oficialmente también hicieron correr ríos de tinta. Obama
afrontó su nominación en Denver con la duda de si Hillary Clinton, su gran
rival en las primarias, daría un apoyo incondicional o tímido a su candidatura.
Pero los Clinton -Bill
y
Hillary- se mojaron. Y todo quedó en un baño de masas para el demócrata, en
el que también brilló su mujer,
Michelle.
McCain, por su parte, empezó la convención
en Minnesota con el protagonismo robado por la temporada de huracanes que
asolaron el Caribe. Sin embargo, el
discurso de aceptación de Palin y una clausura en la que aceptó su
candidatura con
'agradecimiento, humildad y confianza' les hicieron ganar
la batalla de las audiencias, un primer e interesante golpe de
efecto no sólo para los republicanos sino para la campaña en general.
Los "número dos", grandes y pequeños protagonistas
La elección de los 'subalternos' de ambos candidatos ha sido otro
elemento dispar de este enfrentamiento político. Así, mientras el
demócrata se decantó por la veteranía de
Joe Biden, congresista con más de 35 años de experiencia y presidente de la
Comisión de Exteriores del Senado, McCain se 'tiró a la piscina' con la elección
de la desconocida gobernadora de Alaska,
Sarah Palin.
En este sentido, las trayectorias de ambos también han sido dispares.
Mientras Biden se ha ceñido exclusivamente a su papel de 'número dos' y de
compañero de viaje de Obama, el
'ciclón Palin', su ideario ultraconservador o el 'final feliz' del
embarazo de su hija adolescente (que, de momento, se casará con el padre del
bebé que espera), logró encandilar en un primer momento a las bases del partido.
Según ha ido avanzando la campaña, la euforia y el renovado
impulso a la candidatura republicana que supuso la elección de Palin
ha ido perdiendo fuelle. Aunque en su 'estreno' ante Biden como candidata
republicana a la Vicepresidencia en
el debate de los 'número dos' logró salvar los muebles, la abierta
disputa con los asesores de McCain o el escándalo de
abuso de poder al que se ha enfrentado en su tierra por destituir a su ex
cuñado, la han hecho perder fuelle. Ella no se arredra ante la adversidad y
hasta parece haberle cogido el gusto a la 'alta política'... Tanto que ha
admitido en una entrevista en televisión que
ya piensa en las elecciones de 2012.
Y mientras Biden
se ha mantenido en un segundo plano, sin levantar la voz
más de lo necesario, trabajando para Obama, pero sin suponer un lastre para
su candidatura.