|
 |
|
Un cartel de campaña en Ohio, uno de los estados
duros.(Foto AFP) |
En este ocaso casi de oprobio -tiene 23 por ciento de aprobación en los
sondeos apenas siete años después de alcanzar el record de 90 por ciento-, el
presidente George W. Bush no consigue "vender" al público ni siquiera la única
decisión de sus dos mandatos que sus funcionarios defienden como un éxito: los
resultados de haber aumentado en el 2007 el número de tropas estadounidenses en
Irak en lo que se conoce como "la crecida" (the surge).
Por
Oscar Raúl Cardoso - Clarín
En medio del fárrago de noticias adversas económicas, la importancia de la
guerra en Irak ha decrecido notablemente aunque algunos cambios se han
producido.
El año en que Bush anunció "la crecida" el 71 por ciento de la población estaba
convencida que la guerra iba mal o muy mal. En septiembre de este año un sondeo
del respetado "Centro Pew" halló que el 58 por ciento considera que la guerra en
el Golfo Pérsico va bien o muy bien.
Esto no significa que se haya vuelto un conflicto popular, sin embargo. El
ensayista Robert Kaplan, quien apoyó la invasión del 2003 desde su inicio y aun
lo hace, admite ahora que 4.000 vidas estadounidenses abonan la idea según la
cual la guerra en Irak seguirá siendo inaceptable, sin importar el envío de más
tropas o las consideraciones contra fácticas acerca de que hubiese pasado si
Saddam Hussein aún estuviese en el poder en Bagdad.
Y Kaplan no considera el costado económico del problema. En marzo de este año
los economistas Lynda J. Bilmes de Harvard y el premio Nobel de Economía, Joseph
E. Stiglitz, -autores del libro "Los costos ocultos de la guerra en Irak"-
estimaron que hasta entonces el precio de la guerra era para Estados Unidos de
tres billones de dólares (millones de millones) con una galaxia de distancia de
la estimación original de la Casa Blanca: 100 a 200 mil millones de dólares.
Los costos de esta guerra están creciendo hoy a mayor ritmo que lo hicieron
durante los doce años de participación estadounidense en Vietnam.
Los autores revisaron detalladamente los presupuestos de Defensa y en especial
las partidas de emergencia que son el modo en que el Departamento de Defensa
tiene para esconder los costos del conflicto. Inclusive calcularon las
proyecciones del costo en la economía civil desde los 500.000 dólares que
reciben las familias de los hombres muertos en acción (unos 2.000 millones de
dólares a la fecha) y el que se deriva cuando un familiar de un soldado con
heridas graves debe dejar su trabajo para cuidarlo. El pago, cabe acotar, es
menor al promedio que una aseguradora hace por un muerto en un accidente
automovilístico.
La expectativa es, entonces, que gane quien gane el martes -aun John McCain-
deberá poner coto a esta sangría doble, de sangre pero también de riqueza. Esta
última se está volviendo intolerable dada la crisis estadounidense y global y,
si Barack Obama es el elegido, es posible que conozcamos la extensión del daño
toda vez que tendrá que ser transparente con lo que hereda sino quiere dilapidar
su capital político.
Así Irak mantiene su importancia aunque su visibilidad haya disminuido en el
debate. Es que se trata del primer problema a la hora de decidir los ajustes
internacionales a los que Washington deberá someterse.