Las experiencias de fraude y manipulación del voto en las últimas dos
elecciones, el factor de la raza en estos comicios, y la posibilidad de
algún suceso inesperado en el ámbito internacional, mantienen la tensión en
la recta final que culminará con la elección presidencial el próximo martes
4 de noviembre.
Por lo tanto, el objetivo de Obama, el candidato demócrata, es evitar
cualquier error, mientras que el de su contrincante republicano, McCain, es
buscar algo para hacer tropezar a su contrario en esta última curva de la
carrera hacia la Casa Blanca.
Los ataques contra Obama de McCain y su segunda de fórmula, Sarah Palin,
se intensifican al tratar de presentar al demócrata como un “riesgo” por su
poca “experiencia” con propuestas para “redistribuir la riqueza” que huelen
a “socialismo”. A la vez, la carta racial continúa en juego, los estrategas
republicanos mantienen la esperanza de que un bloque suficiente de votantes
blancos simplemente no votará por un afroestadounidense.
Retomando la acusación de que la propuesta fiscal de Obama es nada menos
que quitarle dinero a unos para dárselo a otros y así “redistribuir la
riqueza”, McCain declaró hoy ante sus simpatizantes que “él quiere ser el
redistribuidor en jefe, y yo quiero ser el comandante en jefe”. Y con
renovada energía, el republicano insistió en que “nunca nos rendimos.
Haremos historia”, y “yo opto por luchar, luchar por lo correcto en
América”, e instó a sus bases a ignorar las encuestas.
Pero las imágenes, mensajes, y encuestas diarias no pueden más que
alarmar a los republicanos. Los actos cada vez más multitudinarios de la
campaña de Obama en estados que antes eran bastiones de los republicanos,
los apoyos al demócrata de los principales periódicos de Estados Unidos, los
sondeos que mantienen el margen de ventaja de unos 7 puntos en promedio a
sólo seis días del fin de las campañas electorales, y las largas filas
frente a casillas en Florida y otros estados que permiten el “voto
temprano”, no auguran nada bueno para McCain y su partido.
El simple hecho de que casi toda esta semana Obama hará sus últimos actos
de campaña en estados antes considerados como territorio republicano, indica
que los demócratas están en plena ofensiva obligando a los republicanos a
jugar a la defensiva: la gira final de Obama pasa por Virginia, Carolina del
Norte, Florida, Missouri, Iowa, Nevada, Indiana, Colorado y Ohio –todos
estados ganados por George W. Bush en la elección pasada.
Por ello, McCain debió presentarse hoy en estados como Carolina del
Norte, antes terreno seguro para su partido, y a la vez busca una sorpresa
electoral en Pennsylvania, estado demócrata pero que su campaña ha señalado
como la clave para lograr un triunfo nacional.
Sin embargo, no ayuda que otra figura de alto perfil, el senador
republicano de mayor antigüedad, Ted Stevens, fuera declarado culpable ayer
de siete cargos de corrupción por un tribunal, y no sólo eso, sino que
representa a Alaska, donde la candidata a la vicepresidencia Sarah Palin es
gobernadora. Y Stevens insiste en que buscará su relección de todas maneras.
De hecho, McCain y Palin han instado abiertamente a Stevens a abandonar
su elección, en un intento por alejarse de otro republicano que cae en
desgracia por corrupción.
Más que cualquier otro tema, la crisis económica determina la última
etapa de la campaña electoral. Hoy hubo más noticias económicas negativas
con el llamado índice de confianza del consumidor en el nivel más bajo de la
historia desde que se empezó a registrar este indicador en 1967, mientras
que el precio de las viviendas a nivel nacional sufrió una baja este mes de
16.6 por ciento comparado con hace un año. A la vez, hubo más anuncios, algo
que ya parece diario, de despidos masivos en empresas.
Por ello, la consigna de la campaña de Obama de “traer el cambio a
Estados Unidos” suena fuerte, pero el candidato demócrata también recuerda a
sus bases que todo depende de la participación electoral que culminará el
próximo martes. Y es que a pesar de indicadores de que habrá una
participación electoral tal vez sin precedente en tiempos modernos, y que
diversos sectores –mujeres, latinos, obviamente afroestadunidenses– parecen
estar muy motivados, y tendencias alentadoras como el hecho de que el voto
joven (menores de 30 años) que respaldó al candidato demócrata John Kerry en
2004 por 9 puntos sobre Bush, ahora apoya a Obama por un margen de ventaja
contra McCain de 36 puntos, según un sondeo reciente de CBS News/New
York Times, nada de eso cuenta hasta que depositen una boleta en una
urna.
Y uno de los peligros, según los estrategas de Obama, es que todos los
indicadores de un triunfo de Obama promuevan una “sobre confianza” que
resulta en menor participación el día de las elecciones, por creer que “ya
lo tienen ganado”.
Antonio González, presidente del Southwest Voter Registration and
Education Project, advirtió que los republicanos intentarán descarrilar el
tren de Obama esta semana indicando, por ejemplo, renovadas referencias al
controvertido reverendo afroestadunidense Jeremiah Wright cuya relación con
Obama alarmó a ciertos sectores blancos, acusaciones de fraude y
manipulación contra organizaciones de empadronamiento y promoción del voto
pro demócrata, esfuerzos políticos para suprimir el voto en varios estados,
y lo que llama “la movilización del temor”, incluidos eventos en el ámbito
internacional como los recientes ataques militares estadunidenses contra
Siria y Pakistán.
Mientras, el ex presidente Bill Clinton apareció junto a Obama esta
semana, como otras figuras de alto perfil del Partido Demócrata, todos con
expectativas de un triunfo no sólo en la Casa Blanca, sino de incrementar
sus mayorías en ambas cámaras del Congreso, el actual presidente y su
vicepresidente, Bush y Dick Cheney, son notables en esta campaña por su
ausencia.
Ya hay un gran derrotado en esta elección: Bush.