The Wall Street Journal
Una economía en declive, años de salarios estancados y la inquietud respecto
al surgimiento de China como una potencia económica están alimentando un
escepticismo popular frente al libre comercio y dando argumentos a los
candidatos demócratas que tratan de aprovecharse de la ansiedad que provoca la
globalización.
Un defensor republicano del libre comercio que está sintiendo la presión es
el senador de Oregon Gordon Smith, que se complace en recordarles a los votantes
que uno de cada cinco empleos en el estado depende del comercio internacional.
El político respaldó el Tratado de Libre Comercio de Norteamérica (Nafta) y el
Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos, Centroamérica y República
Dominicana (Cafta). "Oregon es probablemente el estado que depende más del
comercio en EE.UU.", dice Smith. "Portland se llama así porque es un puerto".
Sin embargo, ahora el senador está pasando apuros para conservar su asiento,
mientras su oponente demócrata Jeff Merkley insiste en el tema comercial.
Aumenta la tensión
Merkley quiere una legislación que exija estrictas medidas de seguridad en
los centros de trabajo, estándares laborales y medioambientales en futuros
acuerdos comerciales, y la revisión de los pactos vigentes. Las encuestas
muestran que Merkley está sólo ligeramente rezagado detrás de Smith.
Desde Oregon a Georgia, pasando por el estado de Nueva York, el recelo frente
a las ventajas del libre comercio está incrementando la tensión que se respira
en las campañas que pelean por varios asientos en la Cámara de Representantes y
en el Senado. Los legisladores que resulten elegidos bajo sus promesas de frenar
el libre comercio podrían enfrentar dificultades si una vez en funciones, no las
cumplen, especialmente si los sindicatos y otros grupos demócratas opuestos a
las políticas abiertas al comercio de George W. Bush y Bill Clinton se mantienen
encima del asunto.
Los intentos del presidente Bush para que se aprobaran los TLC con Corea del
Sur, Panamá y Colombia se estancaron después de que, gracias a su argumento
contra el libre comercio, los demócratas tomaran el control del Congreso en
2006. Este año, los miembros de ambos partidos esperan que el margen de los
demócratas se expanda aún más.
La mayoría de los demócratas no pide medidas flagrantemente proteccionistas
como la elevación de aranceles o la reinstauración de las cuotas de importación
como las que controlaron el comercio automotriz en los años 80. En su lugar, los
demócratas, empezando por el candidato presidencial Barack Obama, hablan de la
necesidad de que el comercio sea justo, e insisten en que se les exija a los
socios comerciales de EE.UU. que cumplan con estándares más estrictos en sus
controles medioambientales y los derechos de sus trabajadores a sindicalizarse.
Visiones opuestas
Los dos candidatos presidenciales reflejan una perspectiva más amplia sobre
la división en torno al comercio.
El candidato republicano, el senador John McCain, es un defensor del libre
comercio y se ha rodeado de asesores que comparten su visión, como el economista
de la Universidad de Stanford John Taylor. El asesor dirigió las políticas de
economía internacional en el Departamento del Tesoro de EE.UU. durante el primer
mandato de Bush y es un candidato a convertirse en el Secretario del Tesoro si
McCain llega a la Casa Blanca.
Otros colaboradores de McCain, como el ex director de la Oficina de
Presupuesto del Congreso Douglas Holtz-Eakin, la ex presidenta ejecutiva de eBay
Meg Whitman y la ex presidenta ejecutiva de Hewlett-Packard Carly Fiorina, son
fervientes defensores de los mercados abiertos.
El senador Obama ha cubierto sus apuestas sobre el comercio. En sus
discursos, habla sobre nivelar el campo de juego, llamándole la atención con
frecuencia a Corea del Sur por sus limitadas cuotas de importación para los
autos estadounidenses. Se opone abiertamente al TLC con Colombia, asegurando que
el país latinoamericano sigue siendo violentamente hostil a la organización de
sus líderes sindicales. Durante las primarias, sugirió que apoyaría la
imposición de requisitos laborales y medioambientales más estrictos al Nafta.
Sin embargo, su principal asesor económico, Jason Furman, fue consejero del
secretario del Tesoro de Clinton, Robert Rubin, el cual apoyaba el libre
comercio. Rubin, junto con el secretario del Tesoro en el gobierno Clinton,
Lawrence Summers, se ha visto mucho más involucrado en la campaña de Obama desde
que la senadora Hillary Clinton fue derrotada en las primarias.
"Los estadounidenses están inquietos por la pérdida de empleos", dice el
senador demócrata de Ohio, Sherrod Brown, que fue elegido en 2006 después de
dirigir una campaña con aires populistas. "La mayoría de estadounidenses, no
sólo en mi estado, entienden de forma intuitiva que ha sido una política
gubernamental la que ha permitido, y ha empujado, a muchas compañías a marcharse
al extranjero".