|
 |
|
Por
Andrei Fediashint
-
RIA Novosti |
Por lo visto, parece que va a
ocurrir lo que tanto advirtieron ciertos economistas occidentales. Estados
Unidos está a punto de perder definitivamente todo lo que generosamente le fue
concedido hace varias décadas en Bretton Woods.
Recordemos, los acuerdos de BrettonWoods pactados en 1944, condujeron a la
creación del actual sistema de relaciones monetarias y comerciales
internacionales, y la aparición de instituciones como el Banco Mundial (BM) y
el Fondo Monetario Internacional (FMI), entidades que en su forma actual, ya no
satisfacen a nadie, sobre todo, ante la actual crisis financiera que está
haciendo estragos en la economía del mundo.
Entre los más inconformes figuran los países de Europa, y probablemente por
esa razón, el presidente de Francia, Nicolas Sarkozy, en calidad de presidente
de turno de la Unión Europea y el Presidente de la Comisión Europea Jose Manuel
Barroso, viajaron a Washington el pasado 18 de octubre para informarle al
presidente de Estados Unidos, George W. Bush que llegó la hora de desmontar
Bretton Woods.
Para que no quedaran dudas, Sarkozy dijo a Bush que junto a Barroso tenían
el mandato de los 27 países miembros de la UE para expresar la necesidad de
"encontrar una solución correspondiente", así como "emprender una revisión a
fondo del sistema financiero mundial y de los principios básicos del capitalismo
mundial", una alusión directa al desmonte de Bretton Woods que supone los
pilares del actual sistema financiero.
Para atenuar la incómoda situación en que se vio el presidente
estadounidense, los huéspedes europeos le concedieron a Bush la posibilidad de
anunciar que EEUU será sede de una cumbre financiera mundial destinada a la
regulación de la crisis global.
A partir de los asistentes a esa cumbre, es posible establecer cómo ha
cambiado la correlación de fuerzas entre el G-8 o grupo de países más
industrializados más Rusia y el resto del mundo.
A propósito, además del G-8 y la Unión Europea, a la cumbre serán invitados
China, India, Brasil y posiblemente, Australia, Corea del Sur y Arabia Saudí.
Según fuentes estadounidenses, la cumbre se celebrará a finales del próximo
mes, después de los comicios presidenciales en EEUU convocados para el día 4 de
noviembre.
Según la Constitución estadounidense, la investidura del nuevo presidente
ocurrirá meses después, el 20 de enero, de esta manera, durante la cumbre
formalmente Bush se encontrará en el poder, pero esta circunstancia no tiene
ninguna importancia y tampoco le preocupará a nadie.
Como tampoco preocupa el escándalo en torno al presidente del Fondo Monetario
Internacional Dominique Strauss Khan, compatriota de Sarkozy, implicado en una
intriga amorosa con la economista húngara Piroska Nagy, una noticia difundida
con especial encono por los medios de información estadounidenses.
Muchos expertos opinan que la campaña de la prensa estadounidense para
resaltar los líos de Strauss se hizo a propósito, porque Sarkozy contaba
precisamente con los esfuerzos del presidente del FMI en sus planes para
desmontar la estructura de Bretton Woods.
Pero esas suposiciones carecen de valor, lo importante es que Europa le
arrebató la iniciativa a EEUU y a Bush, y ahora promueven la creación de un
nuevo orden financiero mundial en el que EEUU quedara incluido, pero ya sin la
posibilidad de desempeñar el papel de "violín principal" en la nueva orquesta
financiera global.
Por lo visto, Bush abandonará la presidencia de su país como uno de los
ejecutores principales de la desaparición definitiva del orden económico
establecido en Bretton Woods.
Aunque tampoco se puede envidiar a aquellos que les corresponda la tarea de
diseñar ese nuevo orden económico y financiero mundial.
El problema es que nadie, ni Sarkozy, ni la UE, ni Japón ni China tiene una
idea concreta de cómo debe ser la nueva arquitectura financiera global, y las
ideas hasta ahora propuestas no permiten configurar un ente estructurado, porque
no tiene ni pies ni cabeza.
Por el momento, parece que todos saben qué es lo que se debe encerrar en un
ataúd y sepultarlo definitivamente, a excepción, tal vez de los bancos y
algunos de sus clientes que movidos por su codicia suponen el mercado se puede
regular por sí sólo.
A grandes rasgos, se conoce lo que hay que hacer. Poner en marcha
mecanismos eficaces que permitan regular el sistema financiero y cambiario
mundial, la implementación de controles estatales más severos, con recursos de
regulación y vigilancia en el sector bancario, la bolsa, la gestión crediticia y
los agentes y operadores.
Pero está claro que las entidades financieras y cambiarias no van a aceptar
la imposición de conceptos generales. En lo que se refiere a medidas concretas
existe un gran vacío, pues nadie tiene una idea más o menos concreta de la
configuración exacta que debe tener el nuevo modelo que suplantará los acuerdos
de Bretton Woods.
Sin esa exactitud, el nuevo código financiero puede correr la misma suerte
que Bretton Woods. Hay que tener presente que de acuerdo a las normativas
establecidas por Bretton Woods, el mercado y todas las instituciones financieras
demostraron una conducta que la sociedad consideraba intolerable, y desde hace
tiempo, los expertos ya habían identificado esos defectos.
Muchos economistas y expertos plantearon que había llegado el momento de
cambiar el sistema Bretton Woodos porque en los últimos 40 años las
manifestaciones de crisis habían crecido en proporción geométrica.
La intervención de los bancos nacionales para sostener la moneda nacional,
"la fuga hacia el oro" (depósitos en oro en lugar del dólar), las convulsiones y
las cada vez más frecuentes "batallas" en la bolsa, la introducción de régimen
de regulación (cesta de divisas), los créditos permanentes del FMI para cubrir
el déficit presupuestal (la función principal del FMI), la devaluación y
sobrevaloración de las monedas, "los recalentamientos de las divisas", las
guerras comerciales, todo esto fueron manifestaciones del síndrome producido por
la inoperancia del sistema Bretton Woods.
Sería poco correcto responsabilizar a los promotores de Bretton Woods de
todos los males actuales. Ese sistema fue creado en los últimos años de la
guerra y lógicamente, "había que partir de lo que había".
En los años de postguerra y los que sucedieron, a excepción del dólar, en el
mundo no quedó otra moneda estable, y el único país autosuficiente y fuerte que
quedó fue EEUU.
Inicialmente, con el dólar como moneda patrón internacional la situación fue
cómoda, posteriormente operar con el dólar fue un lujo, y más tarde una ventaja
relativa, hasta el momento cuando esto dejó de ser así, y EEUU tuvo que comenzar
a convencer y a insistir en que el dólar era la mejor opción, como lo fue antes.
Con Bretton Woods, los estadounidenses salieron ganando por partida doble,
porque ese sistema garantizó la estabilidad y la constante demanda del dólar.
Ahora, parece que esa situación llegó a su fin, aunque la Casa Blanca como
antes, continúa insistiendo en que basta una reforma del sistema de mercado
liberal.
Pero ya es tarde, la crisis financiera ya corroe la economía real, y parece
inevitable que EEUU se quedará sin las ventajas que durante años le proporcionó
Bretton Woods.