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Barack Obama saluda a sus seguidores en Chester.(Foto AP) |
En observaciones hechas durante el fin de semana en Seattle, el candidato a
vicepresidente demócrata, Joseph Biden, advirtió que Barack Obama, si es
elegido, se verá obligado a emprender acciones profundamente impopulares en
política interior y exterior meses después de asumir su puesto.
Por
Patrick Martin
-
WSWS
Traducido del inglés para Rebelión por Germán
Leyens
En reuniones a puertas cerradas con dos auditorios de personas de
confianza y recolectores de fondos del Partido Demócrata, Biden pronosticó una
importante crisis internacional en los primeros seis meses de un gobierno de
Obama.
Comparó a Obama con John F. Kennedy, el último senador elegido presidente:
“No tardará seis meses antes de que el mundo ponga a prueba a Barack Obama
como lo hizo con John Kennedy," dijo Biden. “El mundo está a la espera.
Estamos a punto de elegir presidente de EE.UU. a un brillante senador de 47
años. Cuidado. Vamos a tener una crisis internacional, una crisis generada,
para probar el temple de esta persona.”
Biden mencionó Oriente Próximo, Afganistán, Pakistán, Corea del Norte y
Rusia como posibles puntos de conflicto, pero no aclaró la naturaleza exacta
de una tal crisis, señalando: “Puedo daros por lo menos cuatro o cinco
escenarios en los cuales podría originar.” Dejó claro que Obama reaccionaría
enérgicamente: “Van a tratar de ponerlo a prueba. Y van a descubrir que este
tipo tiene acero en su espina dorsal.”
La parte de mayor significado político de las observaciones de Biden vino
cuando admitió que las decisiones de un gobierno Obama-Biden probablemente
serán profundamente impopulares, y llamó a los militantes del Partido
Demócrata, a respaldar al nuevo presidente incluso si la opinión pública se
pone en su contra.
“Va a necesitar ayuda,” dijo Biden. “Va a necesitaros – no en lo financiero
para ayudarle – va a necesitaros para que utilicéis vuestra influencia,
vuestra influencia dentro de la comunidad, para apoyarlo. Porque no va a ser
evidente inicialmente, no va a ser evidente que tenemos razón.”
Siguió diciendo: “Va a haber muchos entre vosotros que querrán irse.
‘¡Alto!, espera un momento, ¡hey!, ¡alto!, ¡alto! No conozco esa decisión.’
Porque si pensáis que la decisión es acertada cuando se tome, y creo que lo
haréis cuando sea tomada, es probable que no seáis tan populares como ella sea
acertada. Porque si es popular, probablemente no será acertada.”
Es la voz de un antiguo representante de la aristocracia financiera, que
expresa su desprecio por la opinión pública – “si las decisiones son
populares, probablemente no son acertadas” – y que advierte a su acaudalado
público que el nuevo gobierno Obama-Biden tendrá que desafiar a la opinión pública para realizar sus
políticas. El lenguaje de Biden sugiere que la ferocidad de la reacción del
nuevo gobierno consternará no sólo a la opinión pública, sino incluso a sus
propios partidarios.
En ese contexto, hay que subrayar las sugerencias de Biden de que las armas
nucleares podrían tener un papel en una o más crisis potenciales. Una
península coreana con armas nucleares podría llevar a “Japón a ser potencia
nuclear,” dijo, lo que podría llevar a China a expandir su armamento nuclear.
La frontera Pakistán-Afganistán está “repleta hasta arriba de al-Qaeda” y
“Pakistán ya está erizado de armas nucleares, todas las cuales pueden llegar a
Israel.” Biden también señaló el supuesto impulso de Irán por construir un
arma nuclear.
No cabe duda que publicaciones y expertos en política exterior ligados al
Partido Demócrata han estado discutiendo numerosos escenarios apocalípticos
semejantes, y el lenguaje de Biden sugiere que el uso del arsenal nuclear de
EE.UU., el mayor del mundo, está siendo considerado por los que formulan la
política exterior y militar de un gobierno Obama-Biden.
El propio Biden ha sido uno de los principales demócratas del Congreso más
agresivos en política exterior, al respaldar la invasión y ocupación de
Afganistán e Iraq y al propugnar una intervención militar dirigida por EE.UU.
en Darfur. Durante la campaña demócrata de primarias presidenciales, fue el
más vociferante de todos los candidatos en sus ataques contra los grupos de
protesta contra la guerra que buscaban un recorte de los fondos para la guerra
en Iraq.
La anticipación por Biden de una hostilidad popular generalizada a un
gobierno de Obama se aplica no sólo a la política exterior y militar, sino a
la política interior. Dijo al público en Seattle: “Os prometo, todos vais a
estar sentados aquí dentro de un año diciendo: ‘¡Oh, Dios mío!’ ¿Por qué están
ahí en los sondeos, por qué son tan bajos los sondeos, por qué es tan difícil
este asunto?’ Vamos a tener que tomar algunas decisiones increíblemente duras
en los primeros dos años.”
El candidato demócrata no explicó la naturaleza exacta de esas “decisiones
increíblemente duras,” fuera de referirse a la crisis financiera y económica y
a dos guerras que han sido legadas a su sucesor por el gobierno de Bush.
Después de esos comentarios directos y ominosos, ha habido intentos
insinceros por disiparlos por parte de los dos partidos.
El candidato presidencial republicano John McCain aprovechó la sugerencia
de que enemigos extranjeros pueden tratar de probar a un inexperto presidente
Obama, citando su propia experiencia militar y en política exterior que data
de más de 50 años. Expertos derechistas fueron más lejos al sugerir, como dijo
uno de ellos, que “Biden predice inacción de Obama ante un desafío de un
dictador.”
Esa interpretación es absurda, especialmente en vista de los propios
antecedentes de Biden como ferviente partidario de la intervención militar de
EE.UU. La selección por Obama del senador de Delaware como su compañero de
lista fue en sí un esfuerzo por reconfortar al establishment político respecto
a su compromiso con la defensa de los intereses del imperialismo
estadounidense mediante la fuerza militar.
La campaña de Obama trató de hacer caso omiso de las observaciones de Biden
como si fueran una simple generalización histórica, provocada por la analogía
Obama-Kennedy, no un pronóstico de una crisis inminente. Un portavoz de la
campaña dijo que Biden se refería a la confrontación de Kennedy con el
presidente soviético Nikita Jruschov en la cumbre de Viena, unos pocos meses
después de que asumiera su cargo – aunque esas discusiones tuvieron lugar
después de una provocación militar de EE.UU. – la invasión de Cuba por
exiliados entrenados por EE.UU., quienes fueron derrotados en Playa Girón.
Un gobierno de Obama no sería un “inocente en el extranjero,” escogido por
dictadores para “probar el temple” de un presidente de EE.UU. El imperialismo
estadounidense pasa de un gobierno estadounidense a otro. Demócrata o
republicano. Si es elegido, Obama asumirá su cargo dirigiendo la mayor
maquinaria militar del mundo, involucrada en violentas provocaciones en
docenas de países, cualquiera de las cuales puede estallar inesperadamente,
especialmente bajo el impacto de una crisis económica mundial que se
profundiza.
Obama logró la candidatura presidencial demócrata porque se presento como
el candidato contra la guerra más consecuente, y la candidatura demócrata
promete en público que terminará la guerra en Iraq y que adoptará una posición
menos militarista. Pero tras puertas cerradas, ante públicos selectos de la
elite financiera y política, Biden ha ofrecido un vistazo de la verdadera
perspectiva del ala demócrata del imperialismo estadounidense.