Esta afirmación es reiterada por algunos de los
principales medios de comunicación, así como por blogueros de
derecha.
Durante muchos años, los bancos locales y regionales recibían
depósitos de personas que vivían en barrios pobres, muchas
integrantes de minorías raciales.
Pero los bancos no extendieron créditos a estos depositantes. Las
pequeñas empresas no recibieron financiación. Los préstamos
hipotecarios no se concretaron. Los supermercados y otros comercios
no se construyeron, obligando a los residentes a viajar muchos
kilómetros para satisfacer las necesidades de su hogar.
Los trabajos locales disminuyeron. Aumentó el delito. Estallaron
disturbios en algunas ciudades. Vecindarios enteros se vinieron
abajo.
Luego, en 1977, bajo la presidencia Jimmy Carter (1977-1981), el
Congreso legislativo aprobó la Ley de Reinversiones Comunitarias (CRA).
Ésta requería que instituciones financieras reguladas y aseguradas
federalmente demostraran que estaban prestando e invirtiendo en sus
comunidades.
Inicialmente, algunos bancos locales y regionales se opusieron a la
medida. Para estos, eso representaba la innecesaria interferencia
del gobierno en el sector privado y los envolvía en lo que ellos
veían como un mar de trámites adicionales.
Pero con los años, estos bancos se ajustaron ampliamente a los
requisitos de la CRA. Hoy, la mayoría lo ven como un normal "costo
de hacer negocios".
Las palabras clave aquí son "instituciones financieras federalmente
reguladas y aseguradas", lo que significa bancos comerciales e
instituciones de ahorro.
No fueron incluidos los bancos de inversiones ni los agentes
hipotecarios ni los ahora arruinados prestamistas no bancarios, como
New Century Financial Corp. y Ameriquest, que avalaron la mayoría de
los préstamos de alto riesgo que ahora se sabe fueron muy
perjudiciales.
La razón es que estos prestamistas privados eran regulados por 50
supervisores bancarios estaduales diferentes, en vez de serlo por el
gobierno federal. En los hechos, esto quiere decir que no eran
regulados en absoluto.
Quienes defienden a la CRA señalan que la omisión de pagos de las
hipotecas extendidas en ese marco está muy por debajo del promedio
nacional y es muchas veces más baja que la de los préstamos
hipotecarios de alto riesgo aprobados por prestamistas no
supervisados.
Ellen Seidman, directora de la Oficina de Supervisión de las
Instituciones de Ahorro (OTS) en el gobierno de George Bush
(1989-1993, padre del actual mandatario) y ahora funcionaria de la
New America Foundation, dijo a IPS que "en los 30 años transcurridos
desde su aprobación, la CRA generó cambios importantes en la manera
como los bancos y las instituciones de ahorro ven y sirven a las
comunidades y los consumidores de ingresos bajos y moderados".
Datos federales de vivienda muestran que fue el sector privado no
regulado --no el gobierno o compañías respaldadas por el gobierno--
el responsable de la explosión de los préstamos de alto riesgo en el
centro de la crisis.
Según el Consejo de Gobernadores de la Reserva Federal, más de 84
por ciento de las hipotecas de alto riesgo en 2006 fueron emitidas
por instituciones de préstamo privadas. Estas firmas respondieron
por casi 83 por ciento de los préstamos de alto riesgo a personas de
ingresos bajos y medios ese año.
Se llama hipotecas de alto riesgo a los préstamos para la
adquisición de viviendas concedidos a personas con un historial de
crédito complicado.
Las hipotecas de alto riesgo fueron ofrecidas a los prestatarios más
débiles durante el auge inmobiliario entre 2001 y 2007. Estos
préstamos experimentaron su punto más alto entre 2004 y 2006.
Críticos conservadores de la CRA también sostienen que el gobierno
de Bill Clinton (1993-2001) presionó a los gigantes de la industria
Fannie Mae y Freddy Mac para que concedieran préstamos hipotecarios
de alto riesgo.
Estas entidades han operado desde 1968 como empresas patrocinadas
por el gobierno. Esto significa que, aunque las dos compañías son
propiedad privada y operadas por accionistas, se asumió que estaban
protegidas financieramente por el apoyo del gobierno federal. Y
ahora, ambas quedaron bajo control del gobierno.
Fannie Mae fue creada en 1938 como parte del New Deal (nuevo trato),
paquete de programas de desarrollo económico y social aplicado en
los años 30 por el ex presidente estadounidense Franklin Delano
Roosevelt (1933-1945) para sacar a su país de la Gran Depresión
causada por el colapso de la Bolsa de Valores en 1929.
La crisis del mercado nacional de viviendas tras la Gran Depresión
desalentó a los prestamistas privados de invertir en hipotecas
inmobiliarias. Fannie Mae se creo para proveer a los bancos locales
de dinero federal y financiar hipotecas en un intento por elevar lo
niveles de la propiedad inmobiliaria y la disponibilidad de
viviendas accesibles.
Pero Fannie y Freddie no son prestamistas. Reciben dinero de
prestamistas privados que en realidad son los que avalan los
empréstitos.
En un esfuerzo por promover que las minorías y los blancos de las
zonas rurales accedieran a la propiedad inmobiliaria, el
Departamento de Vivienda y Desarrollo Urbano fijó objetivos para que
Fannie y Freddie en 1992 adquirieran préstamos de bajos ingresos a
fin de venderlos en el mercado secundario. Terminaron alcanzando 52
por ciento de los préstamos extendidos a familias de ingresos bajos
y moderados.
Pero estos empréstitos, y esas familias, representan una pequeña
proporción de los préstamos totales. Entre 2004 y 2005, cuando
estaban en auge las hipotecas de alto riesgo, Fannie y Freddie
pasaron de tener 48 por ciento de los mismos a alrededor de 24 por
ciento.
Entre las razones para ese fenómeno se encuentra el hecho de ambas
firmas eran supervisadas por estándares mucho más exigentes que la
mayoría de los actores no regulados en el sector privado. La mayor
parte de estos actores no regulados ahora quedaron en bancarrota o
enfrentan serios problemas legales.
Durante el mismo periodo de tres años, estos mismos bancos de
inversiones privados y no regulados dominaron los préstamos
hipotecarios que fueron empacados y vendidos en el mercado
secundario.
Ellen Seidman, quien llevó con éxito la crisis de las instituciones
de ahorro en los años 80 y 90 --el fracaso de 2.412 asociaciones de
ahorro y préstamo--, dijo ante el Congreso que "miles de millones,
tal vez billones de dólares de créditos e inversiones han llegado a
estas comunidades estimulados, incentivados o dirigidos por la Ley y
por leyes colaterales como la Ley de Revelación de Hipotecas de
Hogares (HMDA), varios estatutos antidiscriminación, y obligaciones
depositadas en Fannie Mae y Freddie Mac. Y aunque hubo una época en
que quienes estaban sujetos a la CRA se quejaron amargamente por
esto, en general esa época pasó".
Pero, pese a sustanciales evidencias en el sentido contrario, los
críticos conservadores de la CRA continúan culpándola por las
tribulaciones económicas de la nación.
El columnista conservador Charles Krauthammer sostuvo que, aunque el
objetivo de la CRA era admirable, "condujo a una presión tremenda
sobre Fannie Mae y Freddie Mac --quienes a su vez presionaron a los
bancos y a otros prestamistas-- para extender hipotecas a personas
que estaban pidiendo empréstitos más allá de su alcance. A eso se le
llama préstamos de alto riesgo. Eso está en la raíz de nuestra
calamidad actual".
Y en FOX News, el analista Neil Cavuto señaló: "No recuerdo un
alerta que dijera que Fannie y Freddie eran un desastre. Prestarles
a minorías y a población en riesgo es un desastre".