Tienen entre 25 y 35 años. Son los Golden Boys. En sus años de gloria, la mayoría de ellos pronosticaba como pitonisa sobre el
riesgo-país o la evolución de los bonos nacionales. Hoy, en la desgracia,
intentan pasar desapercibidos.
Por Gustavo Sierra -
Clarín
En el centro de la tormenta financiera de Wall Street hay unos 300
argentinos. Son operadores, analistas, asesores de cuentas y facilitadores de
inversiones. Trabajan en algunos de los bancos y financieras más grandes del
mercado y se ocupan particularmente de los bonos del Tesoro y de cuentas
comerciales e individuales de argentinos. Tienen entre 25 y 35 años. Son los Golden Boys, como los bautizó Hernán Iglesias Ella, que escribió un magnífico
libro sobre ellos. Los muchachos de oro que hoy parecen estar perdiendo el
brillo tapados por la hecatombe financiera.
En sus años de gloria, la mayoría de ellos pronosticaba como pitonisa sobre el
riesgo-país o la evolución de los bonos nacionales. Hoy, en la desgracia,
intentan pasar desapercibidos. No quieren que se escriba su nombre. Se
esconden en sus casas de Connecticut. Allí, en unas pocas cuadras, viven 110
golden boys con sus familias. Pero no pueden ocultar que están en el frente de
guerra. Y que por ser argentinos se encuentran mucho mejor preparados que sus
colegas estadounidenses para manejarse en la crisis.
"Ser argentino, esta vez, sirvió", me dice uno de ellos tomando una cerveza en
Times Square. "Estamos preparados siempre para lo peor y no nos parece que
todo esté tan mal", asegura otro desde el teléfono.
A uno de estos "traders" le fue muy bien. Intuyó que el valor de las acciones
en el mercado iba a caer un 50% antes de fin de año y recomendó vender y
guardar el efectivo en uno de los pocos bancos seguros. "Si caían esos bancos
ya no importa lo que tengas porque desaparece el dólar", dice. Logró que su
empresa dejara de perder millones. En el medio de la crisis recibirá un "bonus"
de seis cifras. Otro de los muchachos ganó 50 millones con acciones brasileñas
en seis meses y perdió 100 millones en las dos últimas semanas. Cree que se
queda sin trabajo y tiene que volver a Buenos Aires con deudas.
Pero como buenos deportistas, ninguno de los Golden Boys tiene sentimiento de
culpa por lo ocurrido. Ellos están para mover en las grandes ligas lo que los
inversionistas argentinos quieran jugar.