(IAR
Noticias)
25-Octubre-08
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Los sermoneadores del libre mercado hoy: Bush y detrás, desde la derecha, el presidente de la Comisión de Valores
Christopher Cox, el secretario del Tesoro, Henry Paulson y el presidente de la Reserva Federal,
Ben Bernanke, el viernes 19 de septiembre. |
El rescate de los bancos no parece tener precedentes, pero el modo en que el
gobierno norteamericano subvenciona a las grandes empresas es de sobra conocido.
Por George Monbiot (*) - Revista
Sin Permiso
Traducción para www.sinpermiso.info: Lucas Antón
"L a financiación de las campañas electorales es la mejor
inversión que puede realizar una corporación. Se da un millón de dólares al
hombre adecuado y se recogen mil millones de dólares en protección del Estado,
exenciones fiscales y subvenciones. Cuando eso mismo sucede en África lo
llamamos corrupción."
De acuerdo con el senador Jim Bunning, la propuesta de adquirir 700.000
millones de deuda sin valor por parte del gobierno norteamericano era
"socialismo financiero, es antiamericana" (1). El profesor Nouriel Roubini
motejó a George Bush, Henry Paulson y Ben Bernanke de "troika de bolcheviques
que ha convertido los Estados Unidos en la República del Estado Socialista Unido
de Norteamérica" (2). Bill Perkins, el emprendedor capitalista que publicó un
anuncio en el New York Times atacando el plan, lo llamó "comunismo con
efecto de filtración" (3).
Pues están equivocados. Cualquier subvención que acabe en manos de los
gigantescos bancos de Wall Street será tan norteamericana como la tarta de
manzana y la obesidad. Puede que las sumas exigidas no tengan precedentes, pero
no hay nada nuevo en este principio: la asistencia social prestada a las
corporaciones es un rasgo consistente del capitalismo avanzado. Sólo ha cambiado
una cosa: el Congreso se ha visto obligado a enfrentarse a sus contradicciones.
Uno de los mejores estudios sobre las ayudas sociales a las empresas en los
Estados Unidos proviene de mis viejos enemigos del Cato Institute (4). El
informe, del que es autor Stephen Slivinski, estima que en el año 2006 el
gobierno federal se gastó 92.000 millones de dólares en subvenciones al sector
de negocios. Buena parte de ello se destinó a importantes empresas como Boeing,
IBM y General Electric.
La mayor cosecha de dinero -21.000 millones de dólares- la recoge el "Gran
Agricultor". Slivinski muestra que el 10% más rico de los agricultores
subvencionados recibe el 66% de dichos desembolsos. Cada tantos años, el
Congreso o la administración prometen acabar con esta estafa, y a continuación
distribuye aún más fondos del Estado al "agribusiness". La ley agrícola aprobada
el pasado mayo en el congreso garantiza a los agricultores un mínimo del 90% de
los ingresos que hayan recibido en los últimos dos años, que resulta que son los
más rentables de toda su historia (5). Los intermediarios salen aún mejor
parados, sobre todo las empresas que extienden las hambrunas convirtiendo el
maíz en etanol, y que engullen créditos fiscales por valor de miles de millones
de dólares.
Slivinski muestra de qué forma el Programa de Tecnología Avanzada del gobierno
federal, que se suponía apoya el desarrollo de tecnologías que son "pre-competitivas"
o de "alto riesgo", ha caído en realidad en manos de grandes empresas que venden
productos ya probados. Desde 1991, empresas como IBM, General Electric, Dow
Chemical, Caterpillar, Ford, DuPont, General Motors, Chevron y Monsanto le han
sacado cientos de millones a este programa. Las grandes empresas también son
respaldadas por el Export-Import Bank: en 2006, por ejemplo, Boeing solamente
recibió 4.500 millones de dólares en garantías de deuda (6).
El gobierno gestiona una cosa denominada "Programa de Financiación Militar
Extranjera", que da dinero a otros países para que adquieran armamento de
empresas norteamericanas. Reparte fondos a aeropuertos para que construyan
nuevas pistas y también a las empresas pesqueras para ayudarles a que acaben con
las reservas en peligro.
Pero el informe del Cato Institute ha puesto al descubierto sólo parte del
escándalo de esa asistencia social a las empresas. Un nuevo documento del
Institute for Policy Studies norteamericano muestra que a través de una serie de
astutas lagunas fiscales y de contabilidad, los Estados Unidos gastan 20.000
millones de dólares al año subvencionando los sueldos de los ejecutivos. Al
disfrazar sus salarios profesionales como rentabilidad del capital en lugar de
hacerlo como ingresos, por ejemplo, los gestores de hedge funds y
empresas de capital riesgo pagan tipos impositivos menores que los de la gente
que limpia sus oficinas. Hace un año, la Cámara de Representantes trato de
cerrar esta rendija, pero la ley quedó bloqueada en el Senado después de una
campaña de cabildeo llevada a cabo por algunos de los hombres más ricos de
Norteamérica.
Otro informe, éste de un grupo denominado Good Jobs First (Buenos Empleos
Primero), revela que Wal-Mart ha recibido al menos 1.000 millones de fondos
públicos (8). Más del 90% de sus centros de distribución y muchas de sus tiendas
han sido subvencionadas por los gobiernos locales y de los condados.
Proporcionan terrenos gratuitamente a la cadena, sufragan el coste de las
carreteras, agua y alcantarillado necesarios para que puedan utilizarse dichos
terrenos, y otorgan exenciones fiscales sobre la propiedad y subvenciones
(financiación de incremento fiscal), concebidas inicialmente para la
regeneración de comunidades deprimidas. En ocasiones, los gobiernos de los
estados les dan también directamente dinero: en Virginia, por ejemplo, los
centros de distribución de Wal-Mart reciben pagos del Fondo de Oportunidades del
Gobernador.
Se podría decir que la beneficencia social destinada a las empresas es tarea
central de algunos departamentos gubernamentales. Muchos de los programas del
Pentágono suponen beneficios sólo para sus contratistas. La defensa de misiles
balísticos, por ejemplo, que no tiene una finalidad estratégica precisa y es
improbable que vaya a utilizarse alguna vez, ya ha costado a los Estados Unidos
entre 120.000 y 150.000 millones de dólares. El Departamento de Defensa quiere
otros 62.000 millones de dólares para los próximos cinco años. Los Estados
Unidos son únicos entre los donantes principales por su insistencia en que los
alimentos que ofrecen como ayuda deben producirse en su propio suelo, en lugar
de serlo en las regiones a las que se supone que ha de ayudar. USAid
solía jactarse en su página web de que "el principal beneficiario de los
programas de ayuda exterior norteamericana han sido siempre los Estados Unidos.
Cerca del 80% de los contratos y subvenciones van directamente a firmas
norteamericanas" (10). No hay y nunca ha habido libre mercado en los Estados
Unidos.
¿Por qué no? Porque los congresistas, hombres y mujeres, que ahora despotrican
contra el socialismo financiero dependen para su reelección de las empresas a
las que subvencionan. Los sobornos legales que pagan estas empresas les rinden
beneficios a corto plazo. El primero es que impiden una adecuada regulación,
permitiéndoles conseguir beneficios espectaculares y generar desastres del tipo
del que el Congreso ha de afrontar ahora. El segundo es que el dinero público
que debería utilizarse para prestar ayuda a los pobres se desvía a los bolsillos
de los ricos.
Un informe publicado la semana pasada por el grupo de abogacía Common Cause
muestra de qué modo los banqueros y corredores de bolsa impidieron que los
legisladores prohibieran los préstamos insostenibles (11). En el último año
financiero, la gran banca gastó 49 millones de dólares en cabildeo y 7 millones
en aportaciones directas a campañas. Fannie Mae y Freddie Mac gastaron en 180
millones de dólares en cabildeo y financiación de campañas en los últimos ocho
años. Buena parte de ello se destinó a los comités de servicios financieros de
la Cámara y al comité de asuntos bancarios del Senado.
Siempre que los congresistas han tratado de parar los pies a los bancos y
entidades hipotecarias, se han visto bloqueados por el dinero de los bancos. La
enmienda de Dick Durbin en 2005 que trataba de parar los préstamos hipotecarios
más rapaces fue derrotada en el Senado por 58 a 40. El antiguo representante Jim
Leach propuso volver a regular Fannie Mae y Freddie Mac. Sus grupos de presión,
según recuerda, consiguieron orquestar que la "dirección" de ambos partidos
derrotase sus enmiendas (12).
El dinero que gastan estas empresas compra la socialización del riesgo
financiero. Los 700.000 millones que el gobierno andaba buscando no eran más que
uno de los costes públicos de su repetida incapacidad para regular. Incluso
ahora se ha dejado sentir la capacidad de presionar de los bancos: el sábado
pasado los demócratas rebajaron su exigencia de que se pusiera un tope a los
emolumentos que perciben los ejecutivos de las empresas rescatadas por el
gobierno. La financiación de las campañas es la mejor inversión que puede
realizar una corporación. Se da un millón de dólares al hombre adecuado y se
recogen mil millones de dólares en protección del Estado, exenciones fiscales y
subvenciones. Cuando eso mismo sucede en África lo llamamos corrupción.
No son mejores los gobiernos europeos. La economía del libre mercado que
proclaman es pura filfa: intervienen repetidas veces en nombre de los ricos,
dejando que todos los demás se las arreglen solos. Al igual que en los Estados
Unidos, los jefes de las empresas farmacéuticas, prospectoras de petróleo,
supermercados y bancos se hacen con los fondos que saca el gobierno de los
bolsillos de gente mucho más pobre que ellos mismos. Los contribuyentes deberían
hacerse la misma pregunta por doquier: ¿por qué demonios tenemos que apoyarles?
******
(*) George Monbiot es el autor de algunos libros muy vendidos como The Age of Consent:
A Manifesto for a New World Order and Captive State: The Corporate Takeover of Britain.
Escribe habitualmente en The Guardian.
Notas:
(1) Jim Bunning, citado por James Politi y Daniel Dombey, 24 de
septiembre 2008, "Republican anger at 'financial socialism'", Financial
Times.
(2) Nouriel Roubini, 18 de septiembre 2008, "Public losses for private
gain", The Guardian.
(3) Andrew Clark, 24 de septiembre 2008, "US Trader attacks 'trickle-down
communism' of markets bail-out", The Guardian.
(4) Stephen Slivinski, 14 de mayo, 2007, "The Corporate Welfare State: How
the Federal Government Subsidizes US Businesses", Policy Analysis no. 592.
http://www.cato.org/pubs/pas/pa592.pdf
(5) Subsidy Watch, junio de 2008, "Ignoring WTO implications and a
presidential veto, US Congress passes the new Farm Bill", Global Subsidies
Initiative.
http://www.globalsubsidies.org/en/subsidy-watch/news/ignoring-wto-implications-
and-a-presidential-veto-us-congress-passes-new-farm-
(6) Stephen Slivinski, ibid.
(7) Sarah Anderson et al., 25 de agosto de 2008. Executive Excess 2008,
"How Average Taxpayers Subsidize Runaway Pay", Institute for Policy
Studies. http://www.ips-dc.org/reports/#623
(8) Philip Mattera et al., mayo de 2004, "Shopping for Subsidies:
How Wal-Mart Uses Taxpayer Money to Finance Its Never-Ending Growth", Good
Jobs First. http://www.goodjobsfirst.org/pdf/wmtstudy.pdf
(9) Explico por qué no va a funcionar y cuesta tanto en
http://www.monbiot.com/archives/2008/08/19/the-magic-pudding/
(10) USAID, "Creating Opportunities for U.S. Small Business", visto el 5
de enero 2004,
http://www.usaid.gov/procurement_bus_opp/osdbu/book-information.htm
(11) Common Cause, 24 de septiembre 2008, "Ask Yourself Why. They Didn't
See This Coming",
http://www.commoncause.org/site/pp.asp?c=dkLNK1MQIwG&b=4542875
(12) James A. Leach, 16 de julio 2008, "Fixing Fannie and Freddie",
Institute of Politics, John F. Kennedy School Of Government, Harvard
University.
http://www.iop.harvard.edu/var/ezp_site/storage/fckeditor/file/Fannie%20and
%20Freddie.pdf
(13) James Politi y Daniel Dombey, 28 de septiembre 2008, "Long and
exhausting road to compromise", Financial Times.
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