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Paul Krugman, premio Nobel de
economía 2008 |
Paul Krugman, profesor de economía de la universidad de Princeton y
columnista del diario New York Times, acaba de recibir el premio Nobel de
economía 2008. En esta entrevista, analiza la situación social
norteamericana: "Es necesario suprimir los bajos impuestos establecidos por Bush porque sabemos que son inútiles. Tuvimos una economía muy próspera bajo
el gobierno de Clinton con una tasa de impuestos sobre las rentas
superiores al 39,6 por ciento, y una economía menos próspera con Bush a pesar de
una tasa del 35 por ciento. No hay un solo argumento racional para seguir en la
misma vía. Por otro lado, no hay razón para aceptar los paraísos fiscales y
desvíos que ellos permiten. Finalmente, hay un margen para aumentar las cargas
fiscales sobre los más ricos. El objetivo no es penalizar a la gente rica,
consiste solamente en hacerles pagar su parte del financiamiento de las
políticas públicas que el resto de la población necesita."
Por
Christian Chavagneux -
Alternatives Economiques
Traducción para Revista Sin Permiso de Carlos Abel Suárez
-Los Estados Unidos han conocido recientemente un ciclo de expansión económica
importante, sin embargo las desigualdades y la pobreza se acrecentaron. ¿Cómo lo
explica?
Esto responde, en gran parte, a un cambio en las relaciones de fuerza políticas.
La masa de los asalariados perdió mucho poder de negociación y como lo explico
en mi último libro (1), las condiciones políticas tienen una influencia esencial
en la distribución de la renta.
-¿Cuál ha sido el papel de las políticas seguidas por el gobierno de Bush?
Bush hizo dos cosas. Modificó el sistema fiscal en un sentido muy regresivo, con
fuertes bajas en los impuestos sobre las rentas más elevadas, los dividendos y
las ganancias de capital. Ello benefició a los más ricos y al mismo tiempo
redujo los fondos disponibles para las políticas públicas y la ayuda a los más
necesitados. Podemos estimar que entre el 35 y el 40 por ciento de las
reducciones de impuestos de Bush han beneficiado a las personas que ganan más de
300.000 dólares por año (alrededor de 210.000 euros), lo que representa una
redistribución importante a favor de aquellos que son justamente los que mejor
están en condiciones de pagar impuestos. El gobierno de Bush, por otro lado,
aceleró la perdida de poder de negociación de los asalariados, reduciendo muy
fuerte toda posibilidad de organización sindical.
-¿Cuál es el papel de la mundialización en el aumento de las desigualdades?
Debería, en principio, contribuir, pero mientras que las fuerzas de la
mundialización afectan a todos los países desarrollados de la misma forma, la
distribución de la renta es diferente según el país. Los Estados Unidos forman
parte de aquellos en que las desigualdades se acrecentaron mucho. Es menos
cierto en Canadá, que está tan abierto como nosotros, y es menos cierto en
Europa continental. Las desigualdades aumentaron mucho en el Reino Unido, aunque
ello se produjo esencialmente durante los años de Thatcher. Las
condiciones políticas nacionales predominan, pues, sobre la mundialización, y es
en los Estados Unidos dónde crearon un avance masivo de las desigualdades
-¿Los norteamericanos pueden contar con una fuerte movilidad social para
combatir las desigualdades?
No. Algunos individuos logran trepar en la escala social, pero no tanto como nos
gusta imaginarlo. Las historias de personas que salen de la pobreza y se vuelven
ricas son muy, muy raras. Hay sólo el 3 por ciento de personas nacidas entre el
20 por ciento de los más pobres que acaba su vida entre el 20 por ciento de los
más ricos. Los Estados Unidos hasta parecen, en la medida en que se puede medir
estas cosas, registrar el grado más débil de movilidad social entre los países
avanzados.
-¿El sueño americano está entonces muerto?
No. De todas maneras, la realidad jamás estuvo a la altura de lo que el sueño
americano dejaba esperar. ¡Pero nosotros comenzamos a despertarnos!
-¿Qué políticas tendrían que aplicarse para luchar contra esta situación social
degradada?
En principio poner en marcha un sistema de seguro sanitario que cubra a toda la
población. Todos los países avanzados lo tienen. Y la ausencia de cobertura
social representa una de las primeras causas de la desigualdad y de la pérdida
de movilidad social. Luego, es preciso establecer un mejor sistema educativo, lo
que pasa por reformas, pero exige igualmente de nuevos recursos. En fin, es
necesario acrecentar el poder de negociación de los asalariados, facilitando la
formación de sindicatos. La declinación del movimiento sindical no resulta de
una tendencia inevitable a largo plazo: más de la mitad de la pérdida de poder
de los sindicatos tuvo lugar durante la era de Reagan. Todo esto
permitiría aumentar el número de empleos y las rentas destinadas a la clase
media. Podríamos hacer una larga lista de medidas, sin embargo, pienso que poner
en marcha una cobertura universal de salud, que es algo que se puede hacer, es
una prioridad y representaría un gran paso adelante.
-¿Cómo se financia todo esto?
No es tan costoso como generalmente se piensa. Nosotros tenemos actualmente un
sistema un poco particular: decimos no tener una cobertura médica pública, pero
todas las personas mayores de 65 años reciben una asistencia financiera pública,
también los más pobres. Si tomamos el total de las ayudas disponibles, más de la
mitad de la cobertura en salud está ya asegurada por el Estado. Las personas no
aseguradas hoy son los jóvenes o las familias jóvenes, las que por la precaria
calidad de los empleos y sus ingresos insuficientes no pueden tener los
beneficios de un seguro de salud privado. Estas personas no cuestan muy caro en
términos de una cobertura de salud. Asegurar una visita médica regular, un
control dental, etc. No es muy oneroso. En total, representará menos del 1 por
ciento del PIB.
-Usted reclama en su libro una nueva política fiscal…
En un plano general, necesitamos más ingresos. Es necesario suprimir los bajos
impuestos establecidos por Bush porque sabemos que son inútiles. Tuvimos una
economía muy próspera bajo el gobierno de Clinton con una tasa de impuestos
sobre las rentas superiores al 39,6 por ciento, y una economía menos próspera
con Bush a pesar de una tasa del 35 por ciento. No hay un solo argumento
racional para seguir en la misma vía. Por otro lado, no hay razón para aceptar
los paraísos fiscales y desvíos que ellos permiten. Finalmente, hay un margen
para aumentar las cargas fiscales sobre los más ricos. El objetivo no es
penalizar a la gente rica, consiste solamente en hacerles pagar su parte del
financiamiento de las políticas públicas que el resto de la población necesita.
-A pesar de esta morosidad social, los Estados Unidos continúan siendo la
primera potencia económica mundial ¿Cómo lo explica?
Los Estados Unidos continúan siendo un lugar privilegiado para el 5 por ciento
de los más ricos. Las rentas de los dirigentes son elevadas. Es una sociedad
abierta. Nosotros tratamos muy bien a nuestras elites. Como académico, siempre
me ha sorprendido la apertura y la competitividad del mundo intelectual
norteamericano en relación al relativamente más cerrado de Europa, aunque
últimamente ha mejorado. Pero vivimos también de nuestros laureles. Los Estados
Unidos han sido, de lejos, los primeros en adaptar las nuevas tecnologías. Esto
ya no es verdad. Nosotros registramos ahora un cierto retraso en relación a
otros países. Una buena parte de la fuerza económica actual de Estados Unidos no
es más que el eco del avance que nosotros tuvimos en los años 90.
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NOTA : (1) L´Amérique que nous voulons, Ed. Flammarion, 2008.