¿En que medida la crisis actual afecta las relaciones de poder en el mundo
actual? La nueva relación de fuerzas va a depender de las disputas sobre quien
pagará los platos rotos y que tipo de discurso triunfará, como interpretación
de la crisis. Apelar al Estado, después de 1929, fue siempre un instrumento
inclusive del liberalismo, para recomponer las condiciones de funcionamiento
del mercado.
Por Emir Sader (*) -
www.cartamaior.com.br
Vamos a lo que realmente interesa: ¿en que medida la crisis
actual afecta las relaciones de poder en el mundo actual?
Para eso es preciso resumir en que momento de la trayectoria reciente del
capitalismo ésta se sitúa y cual es la configuración de poder que ésta
encuentra y altera. Vivimos un período histórico marcado por dos grandes
cambios – ambos de carácter regresivo: el pasaje de un mundo bipolar a otro,
unipolar, bajo la hegemonía imperial estadounidense y la transición de un
modelo regulador a otro, de carácter neoliberal, de desregulación.
La transición fue de un período largo de carácter expansivo, iniciado en la
segunda posguerra y concluido en 1973, a un período largo de carácter recesivo
– porque la desregulación llevó a la transferencia masiva de capitales del
sector productivo al sector especulativo y, como consecuencia, a un período de
bajos índices de crecimiento.
En ese marco, la década pasada fue la luna de miel del nuevo período
histórico, con el fin de la URSS y los Estados Unidos a la cabeza del bloque
imperialista, con capacidad de imponer la "pax estadounidense"
[i] , con apoyo de la ONU y/o de la OTAN, desarrollando las llamadas
"guerras humanitarias" – en Irak, en Bosnia. Al mismo tiempo, los Estados
Unidos lideraron un ciclo corto expansivo, coincidente con el gobierno de
Clinton, donde reinó la euforia de una supuesta "nueva economía", que
superaría el carácter de ciclo de la economía capitalista. Fue el auge de la
hegemonía norteamericana y del modelo neoliberal.
El agotamiento de ese ciclo estadounidense - acompañado de las crisis en
las economías brasilera y argentina, en la región donde mas reinaba el
neoliberalismo – y la reacción del gobierno de Bush a los atentados del 2002,
vinieron a alterar ese cuadro idílico, de la primera década del nuevo período
histórico. Lo segundo fue marcado por las guerras de Irak y de Afganistán, por
el surgimiento y coordinación de cada vez mas gobiernos del continente en
proyectos autónomos de integración, así como por la consolidación del ritmo de
crecimiento de China.
La crisis, iniciada en los Estados Unidos extendida a Europa, a Japón y al
resto del mundo, se suma a esos elementos para configurar la coyuntura actual.
Esta acentúa elementos ya presentes anteriormente: el declive económico de los
Estados Unidos, la fragilidad de un modelo centrado en la acumulación
financiera, el avance de una multipolaridad económica en el mundo, el fracaso
de los Estados Unidos para resolver militarmente las guerras de Irak y de
Afganistán. La crisis que se instaura, más fuerte y prolongada que en otros
lugares, en los Estados Unidos, debilitará aún más esa economía. Sin embargo,
los Estados Unidos utilizan su capacidad de iniciativa política y de liderazgo
sobre otras potencias centrales, para intentar imponer su solución a la
crisis, exportar sus pérdidas mas graves y buscar recomponerse como potencia
económica.
A pesar de esas realidades, la nueva relación de fuerzas va a depender de
las disputas acerca de quien pagará los platos rotos y que tipo de discurso
triunfará, como interpretación de la crisis. Apelar al Estado, después de
1929, fue siempre un instrumento inclusive del liberalismo, para recomponer
las condiciones de funcionamiento del mercado.
Hoy existe una derrota ideológica fuerte de las ideologías de mercado,
cualesquiera que sean las justificaciones que traten de dar. Con todo, pueden
predominar soluciones conservadoras, inclusive con la utilización del Estado,
posibilidad más probable hoy, por la composición de derecha del cuadro
político europeo y japonés. Para las grandes potencias capitalistas se trata
de salvar, a cualquier precio, la estructura económica-financiera existente,
con intervenciones estatales y masivas inyecciones de dinero.
El cuadro post crisis y sus nuevas configuraciones de poder están abiertas.
Se puede dar un re- fortalecimiento de los Estados Unidos como potencia
hegemónica, siempre que éste consiga exportar una parte de los efectos
negativos de la crisis, compartiendo con las otras economías centrales, pero
principalmente, imponiendo duras soluciones internas para la masa de la
población norteamericana y, especialmente, para los países de la periferia,
comenzando por los emergentes.
Esta alternativa será posible (y la principal variante de la crisis) si no
se pone en funcionamiento, esto es, si las mayores economías emergentes y, en
particular, los proyectos de integración de América Latina, no crean sus
propias políticas frente a la crisis y comparten – activa o pasivamente – las
políticas de las potencias centrales del capitalismo. La alternativa, que
puede efectivamente mover el cuadro de poder mundial bajo los efectos de la
crisis actual, debe venir, antes que nada, de la profundización de los
procesos de integración latinoamericanos, a comenzar por el Banco del Sur –
con el avance decisivo para la creación de una moneda única regional, de un
Banco Central único, de políticas económicas cada vez mas articuladas, de
procesos de regulación de la circulación de capital, entre otras medidas. Lo
que, a su vez, implica el aceleramiento de la implantación y de la asunción de
responsabilidades por parte del Parlamento del MERCOSUR, de Unasur, del
Consejo Sudamericano de Defensa.
Al mismo tiempo, requiere la profundización en lo que hace a la
coordinación de los países del Sur del mundo, para evitar que se exporte para
esa región la crisis forjada en el Norte. Y, paralelamente, que se diseñe y se
ponga en práctica una visión y una política de superación de la crisis desde
los intereses del Sur del mundo, que necesariamente apunte a superar el modelo
neoliberal y el de los organismos internacionales responsables por ésta.
El mundo no será el mismo, pasada
la crisis actual. Se abre, con ésta, una gigantesca disputa – de intereses y
de interpretaciones – sobre su significado y sobre las lecciones a aprender.
El Norte busca rearticularse para defenderse de sus evidentes
responsabilidades y tratar de imponer sus soluciones, exportando gran parte de
sus consecuencias negativas. Le corresponde al Sur del mundo – y a América
Latina en particular – saber defender nuestros intereses, proyectar nuestra
visión sobre el sentido de esta crisis y colocar en práctica políticas de
superación del neoliberalismo y de la creación de un mundo multipolar y post
neoliberal.
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(*) Emir Sader es profesor de la Universidad del Estado de Río de Janeiro (Uerj),
coordinador del Laboratorio de Políticas Públicas de la Uerj y autor, entre
otros libros, de "La venganza de la Historia".
[i] La "Pax Estadounidense" (del latín pax) denota el período de paz
relativa en el mundo occidental desde el final de la Guerra Fría en 1989, que
coincide con la posición militar y económicamente dominante de los Estados
Unidos.
Traducción Insurrectasypunto