La crisis financiera ha hecho resaltar la inminente amenaza para la
vida que entraña el capitalismo y lo imperioso de suplantarlo por un sistema
económico y social que ponga en primer plano a los seres humanos y no a la
ganancia.
Por Ángel Guerra -
La Jornada, México
Se está perdiendo el miedo a plantearse el socialismo como única
alternativa civilizatoria altruista y razonable. Sin embargo, no existe
consenso respecto a la profundidad, duración y efectos en la economía real de
la debacle de Wall Street aunque es evidente que la elite opulenta de Estados
Unidos, su principal responsable, y de los demás países capitalistas
desarrollados hará recaer su enorme costo social en sus propias poblaciones y
en especial sobre las mayorías del planeta y los países más empobrecidos y
vulnerables.
Por lo pronto, se perfilan claramente varios de los escenarios derivados de
ella: se hundió definitivamente el orden económico capitaneado por Estados
Unidos implantado en Bretton Woods; caducaron los dogmas neoliberales del
mercado como fórmula mágica correctora de trastornos y la satanización de la
intervención del Estado en la economía que, contra lo proclamado, nunca se
dejó de practicar cuando convenía a los magnates; se acabó la hegemonía
financiera mundial de Washington y la que en general conservaba antes de la
fracasada ocupación de Afganistán e Irak aunque todavía no existe ninguna
potencia capaz de disputarle en solitario su primacía en declive; se acentúa
la tendencia a la multipolaridad en el juego de poder mundial y al surgimiento
de nuevas agrupaciones económicas y alianzas geopolíticas regionales; surge un
cuadro más favorable a la concertación y cooperación entre los países del
Tercer Mundo y entre estos y otros dispuestos a practicarlas; el creciente
proceso de protagonismo popular en América Latina y el Caribe y los cambios
políticos y sociales que ha generado alista a sus pueblos como nunca antes
para acelerar su integración sobre bases de solidaridad, cooperación y
complementación; recobra vigencia inusitada la genial crítica de Marx al
capitalismo y abre un cauce fértil al desarrollo del pensamiento cuestionador
y revolucionario; surge la expectativa de un eventual intento de salida a la
crisis por la ultraderecha, que podría comenzar a despejarse según el
resultado de la elección presidencial en Estados Unidos. De ganar McCain
cabría presumir la tentación de continuar la política exterior fascista de
Bush y de seguir un curso más antidemocrático y represivo aún que el de este
en el frente interno. Aunque no sea su propósito, el rescate bipartidista de
los banqueros apunta en esa dirección pues comporta una expropiación
escandalosa de riqueza a gran parte de la población.
Mientras tanto, los gobiernos del G7 intentan un “nuevo” Bretton
Woods, equivalente a una reedición del acuerdo de la elite política y
económica mundial posterior a la Segunda Guerra Mundial para, otra vez,
mantener la subordinación económica y política de la gran mayoría de la
humanidad y, de paso, socializar las pérdidas y privatizar las ganancias
provocadas por la crisis actual. La única diferencia es que en esta versión
Europa aspira a que Washington se resigne a aceptar un descenso en su
jerarquía, acorde con su postración económica y devaluación del dólar,
descalabros militares y menguado prestigio.
Otro Bretton Woods no se corresponde con la configuración geopolítica
actual del mundo, sustanciada por la pujanza de China, Rusia e India, la
emergencia de Unasur y el peso de los países poseedores de energéticos. En
todo caso, es inaceptable por los pueblos, gobiernos y regiones que aspiran a
hacer valer su independencia, quienes tienen en la crisis una gran oportunidad
para pelear por un nuevo orden económico, político, social, cultural y
medioambiental justo y decidido democráticamente, acaso haciendo que cobre
sentido por fin la Asamblea General de la ONU.
La nueva victoria del movimiento
popular boliviano con la convocatoria por Evo Morales al referendo sobre la
nueva Constitución, la reciente aprobación de la de Ecuador, el previsible
triunfo bolivariano en las elecciones de noviembre, el ejemplo de Cuba y la
luchas indígenas y populares por la soberanía y emancipación, como ahora en
Colombia, marcan la pauta democrática que debe exigirse en la solución a la
crisis.