John McCain aprovechó esta madrugada el tercer debate presidencial para
dar un volantazo a su campaña electoral y asegurar categóricamente frente a
Barack Obama: "Yo no soy [George W.] Bush. Y si usted quería competir contra
el presidente Bush, se debería haber presentado hace cuatro años. Yo quiero
llevar la economía y el país en una nueva dirección".
Los dos candidatos se sentaron ante una mesa semicircular en un ruedo
rojiazul y moderados por el veterano presentador de la CBS Bob Schieffer.
De lejos los vigilaban
Cindy McCain, de rojo republicano,
Michelle Obama, de azul demócrata, y Hillary Clinton.
El candidato republicano pasó directamente al ataque desde los primeros
lances del duelo final en la Universidad de Hofstra, en Nueva York, y criticó a
Obama por querer "aumentar los impuestos".
Además, vinculó a su rival con el ex militante radical
Bill Ayers y le acusó de estar conectado con el fraude electoral en
el registro de votantes de la organización ACORN.
Obama replicó criticando McCain por "apoyar vigorosamente la política
económica de Bush y prometer ocho años más de lo mismo". El
senador demócrata defendió de entrada su "plan de rescate para la clase media",
pero permitió que su oponente tomara la iniciativa y se mantuvo a la defensiva
en la primera parte del debate.
Toda la presión estuvo puesta en McCain, que mejoró con respecto a los
dos anteriores debates y logró por momentos que Obama se acalorara
más de la cuenta.
Para este último combate, el republicano cambió de estrategia y quiso meterse
en la piel del americano medio, personificado en Joe Wulzelbacher, el
fontanero de Ohio que se convirtió en el convidado de piedra del
debate. "Estoy contento de poderte hablar también a ti, Joe, si es que estás
ahí", llegó a bromear Obama en el momento de explicarle al fontanero las
virtudes de su plan de asistencia sanitaria.
La crisis, de nuevo protagonista
Los dos aspirantes pasaron los primeros 20 minutos del debate desgranando sus
planes económicos. Obama fue más detallado y explicó las cuatro líneas maestras
de su programa de 60.000 millones de dólares
presentado esta misma semana: exenciones fiscales para la creación de
puestos de trabajo, aumento de las ayudas al desempleo, moratoria de 90
días para la ejecución de las hipotecas y acceso parcial a las cuentas
de jubilación.
McCain reconoció que los americanos "están sufriendo y están enfadados porque
son víctimas inocentes de la avaricia y el exceso de Wall Street y Washington".
El senador republicano propuso dedicar 300.000 millones de dólares del plan de
rescate recién aprobado por el Congreso para "renegociar las hipotecas
de 11 millones de familias". Su propuesta se concretó en cuatro palabras: "Menos
impuestos, menos gastos".
Ambos debatieron también sobre la acritud creciente de la campaña, y fue
McCain quien acusó a Obama de "dedicar a anuncios negativos la mayor
cantidad de dinero en la historia de América". Pese al
revés sufrido en las encuestas, el republicano no bajó el listón de sus
ataques y atrapó a veces a Obama en la misma dinámica.
El aborto, la reforma sanitaria y la educación fueron otros de los temas
sobre los que candidatos mantuvieron "una saludable discusión", en palabras de
McCain. El republicano recalcó al final la necesidad de llevar al país en una
"nueva dirección", recordó su expediente como "reformista" y prometió ser "un
buen pastor de los dólares de los contribuyentes".
Obama criticó a su rival por "ofrecer las mismas políticas y esperar
diferentes resultados" y prometió por su parte "un cambio fundamental".
"No va a ser fácil ni rápido", advirtió el demócrata. "Va a hacer falta renovar
el sacrificio, la capacidad de servicio y la responsabilidad de nuestros
ciudadanos".
Finalmente, pese a la mejoría de McCain respecto a los anteriores
enfrentamientos dialécticos, los estudios de opinión volvieron a dar
como vencedor a Obama. El 58% de los encuestados por la CNN y el 53% de
la CBS considera que ganó el demócrata, frente al 31% y el 22% que se inclina
por el republicano, respectivamente.