l candidato presidencial demócrata emitió un comunicado de apoyo al plan
del Tesoro para comprar capital accionario bancario, pero sugirió una cantidad
de puntos adicionales que su gobierno, en caso de ser electo, le agregaría,
desde nuevas protecciones para propietarios de viviendas con hipotecas hasta
un mayor escrutinio de los sueldos de los ejecutivos.
"El plan parece extender garantías más amplias a los bancos sin pedir
regulación adicional alguna, lo que representa más de la misma filosofía
fallida que nos metió en este problema", afirmó.
El senador McCain les dijo a votantes en Pensilvania que su gobierno
"exigiría que esas empresas sean reformadas y reestructuradas hasta que
vuelvan a ser activos saludables, y puedan venderse sin pérdidas —o incluso
con una ganancia— a los contribuyentes de Estados Unidos". Pero también
sugirió que intentaría terminar con el programa pronto. "Estamos en crisis,
pero quiero que salgamos del negocio bancario lo antes posible", declaró ante
un canal de televisión en Jacksonville, Florida.
Ningún candidato, ni sus asesores, dieron detalles de cómo implementarían
el nuevo programa del Tesoro, o de cómo se diferenciarían el uno del otro.
Pero está claro que la nacionalización parcial de la industria bancaria del
país —junto con otras intervenciones recientes como la propiedad federal de
los gigantes hipotecarios Fannie Mae y Freddie Mac y el proteccionismo del
gigante asegurador AIG— le otorgará al vencedor del 4 de noviembre un enorme
poder de decisión sobre el destino de la economía.
"Hemos ampliado la interpretación de los poderes que tiene el presidente, y
habrá un gran número de asuntos específicos", dijo en una entrevista uno de
los asesores de Obama, Robert Rubin, ex secretario del Tesoro con Bill Clinton.
Algunos ejemplos son cómo administrar activos comprados a instituciones
financieras, "la incógnita del tipo de empresas en las que deberían
convertirse Fannie y Freddie, cuál debería ser la estructura más amplia del
mercado hipotecario estadounidense, y la forma que deberían adoptar los
mercados financieros".
Quienquiera que gane la Casa Blanca "deberá lidiar con esos asuntos de
inmediato", afirmó Rubin, y agregó que la forma en que se ordene el resto de
su agenda será una "señal clave" de su presidencia.
"El potencial de interferencias es muy alto el año próximo", aseguró Kevin
Hassett, un economista del centro de estudios American Enterprise Institute y
consejero del senador McCain.
La reciente crisis del mercado ha alterado la campaña —y la próxima
presidencia— de muchas maneras.
Los ejecutivos bancarios y de Wall Street ya están presionando a los
senadores Obama y McCain para que nombren a un secretario del Tesoro poco
después de la elección, para tranquilizar a los mercados durante la transición
del equipo de Bush en el Tesoro.
Ambos candidatos han modificado sus planes económicos, desarrollados a lo
largo de mucho tiempo, para agregar nuevos estímulos y ayudas económicas.
Ayer, McCain presentó nuevas propuestas por US$52.000 millones a lo largo de
dos años, luego de la propuesta de US$60.000 millones para dos años que había
anunciado el día anterior el senador Obama. Mientras Obama ha prometido
controlar el déficit en el presupuesto y McCain quiere eliminarlo, ninguno
sugirió forma alguna de compensarle al gobierno los costos de sus nuevos
planes.
Legado deficitario
Las ofertas que se hacen durante la campaña son sólo un signo de cómo
varias fuerzas —incluyendo los decrecientes ingresos tributarios, el gasto
creciente en seguros sociales y los enormes costos por adelantado de las
intervenciones en el mercado— le dejarán al ganador un déficit en el
presupuesto federal de por lo menos US$750.000 millones este año fiscal, o
5,5% de su economía, afirmó la semana pasada el director de la Oficina de
Presupuesto del Congreso, Peter Orszag. Es el mayor déficit desde 1983, medido
contra la economía.
Hasta ahora, ambos candidatos han insistido en que la cuestión del
presupuesto no obligará a un reordenamiento radical de sus costosas
prioridades: grandes rebajas impositivas, para McCain; y cobertura médica más
amplia y nuevos gastos en energía, para Obama.
Un tema que el próximo gobierno deberá decidir pronto es qué hacer con
Fannie Mae y Freddie Mac. Cuando el Tesoro manejó los rescates para Chrysler y
la ciudad de Nueva York en los años 70, estableció oficinas separadas. Las
compras de empresas hipotecarias minarán esos esfuerzos. El próximo presidente
tendrá que decidir si esos activos serán administrados por el Tesoro, la
Administración Federal de la Vivienda, o alguna otra entidad.
Un líder demócrata en el Congreso, el presidente del Comité de Servicios
Financieros de la cámara baja, Barney Frank de Massachusetts, ha sugerido que
el gobierno utilice a Fannie Mae para apoyar con la compra de hipotecas en
dificultades y sus propietarios. "Realmente tenemos el poder de hacer mucho",
afirmó Frank en una entrevista ayer. "Si fuera Obama, nombraría a un
coordinador de prevención de ejecuciones hipotecarias y comenzaría a utilizar
esos poderes".
Los consejeros de Obama se
mostraron cautelosos ante esas recetas. Pero los conservadores, que se oponen
desde hace tiempo a la propiedad gubernamental, incluso parcial, de empresas
privadas, temen que los políticos las usen con fines sociales en vez de
empresariales.