(IAR
Noticias)
16-Octubre-08
A pesar de la violencia de esta crisis financiera, no deberá haber un vacío
ni una “sucesión” en la dirección política y militar del sistema mundial.
Por José Luís Fiori -
Agencia Carta Maior
“Siendo mi intención escribir
cosas útiles para quien las comprenda, me ha parecido más conveniente ir
directamente a la verdad efectiva de las cosas que a la imaginación de las
mismas.” N.Maquiavelo, El Príncipe,
1513
E l lunes, 6 de octubre de 2008, la crisis
financiera americana desembarcó en Europa, y repercutió en todo el mundo de
forma violenta. Las principales Bolsas de Valores del mundo tuvieron caídas
expresivas y los gobiernos y bancos centrales tuvieron que intervenir para
mantener la liquidez y el crédito de sus sistemas bancarios.
En este momento, no cabe duda: la crisis financiera que comenzó por el mercado
inmobiliario de alto riesgo de los Estados Unidos, ya se transformó en una
crisis profunda y global, destruyó una cantidad fabulosa de riqueza y deberá
alcanzar en forma más o menos extensa, desigual y prolongada la economía real de
los estados Unidos y de todos los países del mundo.
Muchos bancos y empresas seguirán quebrando,
nacerán rápidamente nuevas reglas e instituciones, y habrá en los próximos
meses, una gigantesca centralización del capital financiero, sobre todo en los
Estados Unidos y en Europa. Los bancos y organismos multinacionales siguen
paralizados e impotentes y se profundiza, por todos lados, la tendencia a la
estatización de empresas, la regulación de los mercados, y el aumento del
proteccionismo y del nacionalismo económico.
Desde todo punto de vista, se acabó la “era Tatcher/Reagan” y se fue para el
canasto de la historia el “modelo neoliberal” angloamericano, junto con las
ideas económicas hegemónicas de los últimos 30 años. Como contrapartida, aunque
sin hacer proselitismo explícito, deberá ganar puntos, en los próximos meses y
años, en todas las latitudes, el “modelo chino” nacional-estatista,
centralizador e planificado.
En el medio del tiroteo, es difícil pensar. Tal vez por eso, se multiplican, en
la prensa y en la academia, los adjetivos, las exclamaciones y las profecías
apocalípticas, anunciando el fin de la supremacía mundial del dólar y del
poder global de los Estados Unidos, o, del propio capitalismo americano.
En el mismo momento en que los gobiernos e inversores de todo el mundo se están
refugiando en el propio dólar, y en los títulos del Tesoro norteamericano, a
pesar de su bajísima rentabilidad, y a pesar de que el epicentro de la crisis
esté en los Estados Unidos. Y lo que es más interesante, es que son los
gobiernos de los estados que estarían amenazando la supremacía norteamericana,
los primeros a refugiarse en la moneda y en los títulos norteamericanos.
Para explicar este comportamiento aparentemente
paradojal, es preciso dejar de lado las teorías económicas convencionales sobre
el “patrón oro” y el “patrón-dólar”, y también, las teorías políticas
convencionales sobre las crisis y “sucesiones hegemónicas”, dentro del sistema
mundial.
Comencemos por la paradoja de la “fuga hacia el dólar”, en respuesta a la crisis
del propio dólar. Aquí es preciso entender algunas características específicas y
fundamentales del sistema “dólar-flexible”. Desde la década de 1970, los Estados
Unidos se transformaron en el “mercado financiero del mundo”, y su Banco
Central (FED), pasó a emitir una moneda nacional de circulación internacional,
sin base metálica, administrada a través de las tasas de interés del propio FED,
y de los títulos emitidos por el Tesoro norteamericano, que actúan en todo
mundo, como base del sistema “dólar-flexible”.
Por eso “la casi totalidad de los pasivos externos norteamericanos se denominan
en dólares y prácticamente todas las importaciones de bienes y servicios de los
Estados Unidos son pagadas exclusivamente en dólares. Una situación única que
genera enorme asimetría entre el ajuste externo de los Estados Unidos y de los
demás países [...].
Por eso, también, la remuneración en dólares de los pasivos externos financieros
norteamericanos que son todos denominados en dólar, sigue de cerca la
trayectoria de las tasas de intereses determinadas por la propia política
monetaria norteamericana, configurando un caso único en que un país deudor
determina la tasa de interés de su propia “deuda externa” (1). Una magia
poderosa y una retroalimentación imbatible, porque se sustenta de forma
exclusiva, en el poder político y económico norteamericano.
Ahora mismo, por ejemplo, para enfrentar la crisis, el Tesoro norteamericano
emitirá nuevos títulos que serán comprados, por los gobiernos e inversores de
todo el mundo, como justifica el influyente economista chino, Yuan Gangming, al
garantizar que “es bueno para China invertir mucho en los Estados Unidos;
porque no hay muchas otras opciones para sus reservas internacionales de casi
2 trillones de dólares, y las economías de China y de los Estados Unidos son
interdependientes”. (FSP, 24/11).
Pero además de esto, del punto de vista de la jerarquía mundial, si esta crisis
fuera administrada en forma estratégica, por el gobierno norteamericano, esta
podrá reforzar en vez de debilitar la posición a futuro de los Estados Unidos,
dentro del sistema mundial. Para entender esta segunda paradoja, mientras tanto,
es necesario ir un poco más allá de la economía y de las finanzas, y analizar
con cuidado el origen y las evoluciones de las crisis y de la competencia
entre los estados nacionales.
En primer lugar, casi todas las grandes crisis del sistema mundial fueron
provocadas hasta hoy, por la propia potencia hegemónica. En segundo lugar, estas
crisis son provocadas casi siempre por la expansión victoriosa (y no por el
declive) de las potencias capaces de atropellar las reglas e instituciones que
ellos mismos crearon, previamente, y que después se transforman en un obstáculo
en el camino de su propia expansión.
En tercer lugar, el éxito económico y la expansión del poder de la potencia
líder es un elemento fundamental para el fortalecimiento de todos los demás
estados y economías que se propongan competir o “sustituir” a la potencia
hegemónica. Por eso, finalmente, las crisis provocadas por la “exuberancia
expansiva” de la potencia líder, afectan, en general, de forma mas perversa y
destructiva a los “competidores” que al propio hegemon, que acostumbra
recuperarse de forma mas rápida y poderosa que los demás.
Resumiendo: "A pesar de la violencia de esta crisis financiera, no deberá haber
un vacío ni una “sucesión” en la dirección política y militar del sistema
mundial. Y desde el punto de vista económico, lo más probable es que se dé una
fusión financiera cada vez mayor entre China y los Estados Unidos". (2)
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(*)José Luís Fiori, es profesor de la
Universidad Federal de Río de Janeiro.Traducción: Insurrectasypunto
(1) Serrano, F. (2008) “A economia Americana, o padrão 'dólar-flexível' e a
expansão mundial nos anos 2000”, in J.L Fiori, F. Serrano e C. Medeiros, O MITO
DO COLAPSO AMERICANO,Editora Record, Rio de Janeiro, P : 83 (Prelo)
(2) Fiori, J.L. (2008) “O sistema mundial, no início do século XXI”, in J.L
Fiori, F. Serrano e C. Medeiros, O MITO DO COLAPSO AMERICANO, Editora Record,
Rio de janeiro, p: 65 ( NO PRELO).
Artículo publicado originalmente en Jornal Valor Económico (08/10/2008)
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