(IAR Noticias) 14-Octubre-08
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Asia, África y América
Latina concentran a la población de más alto riesgo en caso de hambruna
mundial.
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La explosión de las crisis alimentaria, económica y financiera en
2007-2008 demuestra hasta qué punto están interconectadas las economías del
planeta. Para resolver estas crisis, es necesario tratar el mal en la raíz.
Por Éric Toussaint
(*) -
CADTM
Traducido por Caty R. (**)
La crisis alimentaria
En 2007-2008, más de la mitad de la población mundial ha visto degradarse
fuertemente sus condiciones de vida porque ha tenido que enfrentarse a una
gran subida de los precios de los alimentos. Esto ha originado protestas
masivas, por lo menos en una quincena de países, en la primera mitad de
2008. El número de personas afectadas por el hambre llega a varias decenas
de millones, y cientos de millones más han visto restringido su acceso a los
alimentos (y, en consecuencia, a otros bienes y servicios vitales (1)). Todo
esto como consecuencia de las decisiones tomadas por un puñado de empresas
del sector del «agronegocio» (productoras de biocombustibles) y del sector
de las finanzas (los inversores institucionales que contribuyen a la
manipulación de los precios de los productos agrícolas), que se han
beneficiado del apoyo del gobierno de Washington y de la Comisión Europea
(2). Pero la parte correspondiente a las exportaciones de la producción
mundial de alimentos sigue siendo escasa. Sólo una parte insuficiente del
arroz, el trigo o el maíz producidos en el mundo se exporta, una porción
aplastante de la producción se consume en el lugar de origen. Sin embargo,
los precios de los mercados de exportación son los que determinan el precio
en los mercados locales. Es decir, los precios de los mercados de
exportación se fijan en Estados Unidos, principalmente en tres Bolsas
(Chicago, Minneapolis y Kansas City). En consecuencia, el precio del arroz,
el trigo o el maíz en Tombuctú, México, Nairobi o Islamabad está influido
directamente por la evolución del precio de dichos productos en los mercados
bursátiles de Estados Unidos.
En 2008, con urgencia y por el peligro de que las derribasen los motines,
en los cuatro puntos cardinales del planeta, las autoridades de los países
en desarrollo tuvieron que tomar medidas para garantizar el acceso de los
ciudadanos a los alimentos básicos.
Si se llegó a esa situación es porque durante varios decenios los
gobiernos renunciaron progresivamente al sostenimiento de los productores
locales de granos –en su mayoría pequeños productores- y siguieron las
recetas neoliberales dictadas por instituciones como el Banco mundial y el
FMI en el marco de los planes de ajuste estructural y los programas de
reducción de la pobreza. En nombre de la lucha contra la pobreza, estas
instituciones convencieron los gobiernos para establecer políticas que
reprodujeron, incluso reforzada, la pobreza. Además, durante los últimos
años, numerosos gobiernos han firmado tratados bilaterales (en particular
los tratados de libre comercio) que han agravado todavía más la situación.
Las negociaciones comerciales en el marco del ciclo de Doha de la OMC
también han acarreado consecuencias funestas.
¿Qué ha pasado?
Acto primero:
Los países en desarrollo renunciaron a las protecciones aduaneras que
permitían proteger a los campesinos locales de la competencia de los
productores agrícolas extranjeros, principalmente de las grandes empresas «agroexportadoras»
estadounidenses y europeas. Éstas invadieron los mercados locales con
productos agrícolas vendidos por debajo del coste de producción de los
agricultores y ganaderos locales, lo que originó su quiebra (muchos de ellos
emigraron a las grandes ciudades de sus países o a países más
industrializados). Según la OMC , los subsidios que pagan los gobiernos del
norte a sus grandes empresas agrícolas en el mercado interior no constituyen
una infracción de las reglas contra el dumping. Como ha escrito Jacques
Berthelot: «Mientras que para el hombre de la calle existe dumping si se
exporta a un precio inferior al coste medio de producción del país
exportador, para la OMC no hay dumping en tanto que se exporta al precio
interior, incluso si es inferior al coste medio de producción» (3). En
resumen, los países de la Unión Europea , Estados Unidos u otros países
exportadores pueden invadir los mercados de los demás con productos
agrícolas que se benefician de cuantiosas subvenciones internas.
El maíz exportado a México por Estados Unidos es un caso emblemático. A
causa tratado de libre comercio (TLC) firmado entre Estados Unidos, Canadá y
México, este último abandonó sus protecciones aduaneras frente a sus vecinos
del norte. Las exportaciones de maíz de Estados Unidos a México se han
multiplicado por nueve entre 1993 (último año antes de la entrada en vigor
del TLC) y 2006. Cientos de miles de familias mexicanas tuvieron que
renunciar a producir maíz porque éste costaba más caro que el maíz
procedente de Estados Unidos (producido con tecnología industrial y
fuertemente subvencionado). Esto no sólo constituyó un drama económico, sino
que además acarreó una pérdida de identidad porque el maíz es el símbolo de
la vida en la cultura mexicana, especialmente en los pueblos de origen maya.
Una gran parte de los cultivadores de maíz abandonaron sus campos y salieron
a buscar trabajo en las ciudades industriales de México o en Estados Unidos.
Acto segundo
México, que para alimentar a su población depende del maíz de Estados
Unidos, se enfrenta a una subida brutal del precio de este cereal originada,
por una parte, por la especulación en las Bolsas de Chicago, Kansas City o
Minneapolis y, por otro lado, por la producción, en casa de su vecino del
norte, de etanol de maíz.
Los productores mexicanos de maíz ya no tienen capacidad para satisfacer la
demanda interna y los consumidores mexicanos se enfrentan a un estallido del
precio de su alimento de base, la tortilla, esa tortita de maíz que
sustituye al pan o al tazón de arroz consumido en otras latitudes. En 2007,
enormes protestas populares sacudieron México.
En condiciones específicas, las mismas causas produjeron, grosso modo,
los mismos efectos. La interconexión de los mercados alimentarios a escala
mundial está establecida a un nivel jamás conocido anteriormente.
La crisis alimentaria mundial pone al descubierto el motor de la sociedad
capitalista: la búsqueda del máximo beneficio privado a corto plazo. Para
los capitalistas, los alimentos sólo son una mercancía que hay que vender
con el mayor beneficio posible. El alimento, elemento esencial de la
conservación de la vida de los seres humanos, se ha transformado en un
simple instrumento de beneficio. Hay que poner fin a esta lógica mortífera.
Hay que abolir el control del capital sobre los grandes medios de producción
y comercialización y dar la prioridad a una política de soberanía
alimentaria.
La crisis económica y financiera
También en 2007- 2008 ha estallado la mayor crisis internacional
económica y financiera desde 1929. Si no existiera la intervención masiva y
concertada de los poderes públicos que se han lanzado al auxilio de los
banqueros ladrones, la crisis actual ya habría adquirido mayores
proporciones. También en este terreno la interconexión es sorprendente.
Entre el 31 de diciembre de 2007 y finales de septiembre de 2008, todas las
Bolsas del planeta conocieron unas bajadas muy importantes, que han ido del
15 al 30% en las Bolsas de los países más industrializados hasta el 50% en
China pasando por el 40% en Rusia y Turquía. El montaje colosal de deudas
privadas, pura creación de capital ficticio, acabó por estallar en los
países más industrializados empezando por Estados Unidos, la economía más
endeudada del planeta. En efecto, la suma de la deuda pública y privada de
Estados Unidos asciende, en 2008, a 50 billones de dólares (contando las
deudas del Estado, los hogares y las empresas, N. de T.), es decir el 350%
del PIB. Esta crisis económica y financiera, que ya ha golpeado a todo el
planeta, afectará cada vez más a los países en desarrollo de los que algunos
todavía se creen a salvo. La globalización capitalista no desconectó unas
economías de otras. Al contrario, países como China, Brasil, la India o
Rusia tampoco han podido librarse de esta crisis. Y estamos empezando.
La crisis climática
Los efectos del cambio climático, de momento, han desaparecido del primer
plano de la actualidad, sustituidos por la crisis financiera. Sin embargo el
proceso está en marcha a escala planetaria, y también en este asunto la
interconexión es evidente. Ciertamente las poblaciones de los países
«pobres» resultarán más afectadas que las de los países «ricos», pero nadie
saldrá indemne.
La conjunción de estas tres crisis muestra a los pueblos la necesidad de
liberarse de la sociedad capitalista y de su modelo de producción. La
interconexión de las crisis capitalistas pone por delante la necesidad de un
programa anticapitalista y revolucionario a escala mundial. Las soluciones,
para que sean favorables para los pueblos y para la naturaleza, deben ser
internacionales y sistémicas. La humanidad no podrá conformarse con parches.
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(*) Éric Toussaint, es el presidente del CADTM Bélgica, y autor de la obra Banque du Sud et nouvelle crise internationale, CADTM/Syllepse, 2008.
(**)
Caty R. pertenece a los colectivos de Rebelión, Cubadebate y Tlaxcala. Esta
traducción se puede reproducir libremente a condición de respetar su
integridad y mencionar al autor, a la traductora y la fuente.
Notas
(1) En efecto, con el fin de comprar alimentos cuyos precios aumentaron
fuertemente, las familias pobres redujeron los gastos de salud y educación,
así como los gastos en materia de vivienda.
(2) Damien Millet y Eric Toussaint « Repaso de las causas
de la crisis alimentaria mundial », agosto de 2008 y Eric Toussaint
« Une fois encore sur
les causes de la crise alimentaire », octubre de 2008.
(3) Jacques Berthelot « Démêler le vrai du faux
dans le flambée des prix agricoles mondiaux », 15 de julio de 2008, p.
47.
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