Cuál es el piso de
esta crisis? Es la gran pregunta, y la que parece no tener respuesta. Pero estas
notas proponen diversas miradas para entenderla y, si no anticipar el curso que
tendrá, al menos ofrecer marcos de referencia. De una crisis como ésta --es el
consenso-- no se sale sin una acción fuerte y coordinada de los Estados. Los
mercados en estos casos son procíclicos, alimentan el pánico y no paran por sí
la destrucción de valor. No alcanzó hasta ahora con inyectar dinero, bajar tasas
ni nacionalizar bancos, pero según los analistas, una mayor coordinación y mejor
instrumentación de las medidas podrían ir atenuando el ritmo de la debacle. Esto
es así desde los años 30, tras el crac bursátil de 1929. Antes el capitalismo
pretendía autorregularse por el mero mercado, y los ciclos eran más espasmódicos
y recurrentes.
Pero aquella crisis, que originó la Gran Depresión, alumbró también la
responsabilidad de los Estados en sostener los andamiajes económicos. Si se
compara la actual debacle con la de hace casi 80 años (por la especulación,
desregulación, inequidad en los ingresos y sobreoferta que la originó; por el
contagio bursátil y el epicentro en Wall Street, etc.) hay que decir también que
en verdad aquella sólo pegó fuerte en la economía real cuatro años después. En
1933, el nuevo gobierno de Franklin Roosevelt lanzó con el New Deal ("Nuevo
Pacto") un inédito paquete de ideas keynesianas para la intervención estatal.
Pero la depresión siguió toda la década y hasta entrada la siguiente, cuando el
ingreso de Estados Unidos a la II Guerra Mundial salvó al fin la economía del
país vía la industria bélica y las vinculadas (igual pasó en la recesión de
2001, de la que también ayudó a salir otra guerra, contra Irak y Afganistán).
Por eso, una lección aprendida es que crisis como la actual pueden demorar años
en superarse, si bien las condiciones de época de hoy son distintas a las de los
años 30. La desvalorización bursátil frenará algún día, igual que la corrida
bancaria, pero lo que importa más es el golpe a la economía real. Economista de
moda por anticipar lo que incubaba la megaespeculación y la desregulación, y por
ironizar sobre el "socialismo" norteamericano, Nouriel Roubini (Universidad de
Nueva York) advierte que la recesión ya está instalada en países que suman el
55% del PBI mundial (Estados Unidos y Canadá, algunos europeos, Japón,
Australia, Nueva Zelanda). Y que "no pueden descartarse un colapso sistémico y
una depresión global" dado el daño alcanzado en diversos activos.
La pregunta, indica, es si será en forma de "V" (caída y suba abrupta, con un
parate de unos seis meses), de "U" (lento proceso, al menos dos años de
recesión) o "L" (el peor escenario, caída y llano depresivo, como pasó en Japón
en los 90 tras otra ola especulativa en activos inmobiliarios.
Roberto Frenkel, del CEDES, dijo a Clarín: "Todas las crisis son inoportunas,
pero ésta lo es extraordinariamente. Llega con un gobierno estadounidense en
retirada (el 'pato rengo', como le dicen), un presidente deslegitimado, y otro
que asumirá en enero". El peso de lo político se vio en el trámite de la ley de
salvataje, en cómo pesó lo electoral en el voto de cada legislador. Y además las
medidas van en contra de la ideología de los republicanos. "Distinto fue el caso
en Gran Bretaña. Aunque ganado por el neoliberalismo y la 'Tercera Vía' -indicó
Frenkel-, el Laborismo en el gobierno no tiene prejuicios de ese tipo y
profundiza la nacionalización o la garantía de depósitos si hace falta".
En estas páginas, los argentinos Jorge Castro y Ricardo Arriazu, entusiastas de
la forma que tomó la globalización, creen que no habrá depresión global. Castro,
basándose en el asombroso salto de productividad en Estados Unidos y en la
apertura de los mercados del Este (por caída de la Unión Soviética y apertura
china) que incorporaron a normas capitalistas a 3.300 millones de trabajadores.
Arriazu, porque confía en los anuncios del G-7 (un "arsenal de medidas
disponibles casi infinito", escribe) y observa datos como una leve recuperación
en la venta de casas en Estados Unidos o más estabilidad en el precio de
materias primas, tras su derrumbe estas semanas. En cambio, desde el pensamiento
crítico al curso neoliberal, el peruano Oscar Ugarteche y el chileno Orlando
Caputo cuestionan el orden en que se montó el sistema mundial en los últimos
años.
Para Ugarteche, la lección de esta crisis es que "la ansiedad por tener
ganancias financieras alejadas de la producción y la creencia de que eso podría
permanecer de forma estable culmina cuando es evidente que todo tiene un precio
en esta vida y que no hay ganancias sin riesgos. En ese momento regresa el
Estado a salvar, rescatar y luego regular y nacionalizar, y se vuelve a teorías
económicas más vinculadas a la producción y la distribución y menos al
intercambio. El Consenso de Washington yace en un campo afuera del cementerio
religioso, como los suicidas".
Y Caputo considera que el final de la crisis dependerá de "cuánto caigan las
ganancias en EE.UU.", que ya vienen en baja y que descansan "en gran medida y en
forma creciente en remesas desde el exterior", según dijo a este diario. Cree
que el capitalismo conlleva fortaleza y debilidad, y que la ampliación de "sus
esferas de apropiación", ya no es sólo por "un fuerte incremento de las
ganancias por caída de salarios, flexibilidad laboral o apropiación de recursos
naturales", sino que alcanza ahora a "ahorros de millones de personas, lo que
puede potenciar y ampliar a las organizaciones de resistencia y cambio".
Las grandes crisis son también de alteración en la hegemonía mundial. Aunque el
dólar sube ahora como refugio, o por salida de capitales de diversos mercados
(operación que se hace mayoritariamente en divisas norteamericanas), o para
pagar compromisos (ya que no hay crédito), debería volver a su tendencia
declinante. Más cuando el salvataje actual engrosará el déficit de EE.UU. Según
el banco Morgan Stanely, llegará a 2 billones de dólares en 2009, o sea 12,5% de
su PBI (más del doble que el récord de 1983). La deuda pública roza los 10
billones, 70% del PBI, y a eso se suma la deuda de Estados y ciudades en
particular afectados también por la caída de bancos que especulaban con sus
ahorros. Es tan grande la deuda que el famoso reloj de Nueva York que la mide
debió descolgarse para ser remodelado: necesita un nuevo dígito.
En tales condiciones, en algún momento el dólar debería volver a su tendencia a
la baja, dijo un operador del Merval. "Si aquí sube el dólar es por la tendencia
mundial, por la historia argentina y porque se desarman carteras para ser
repatriadas a Estados Unidos y demandan dólares. Aquí sufrimos estos días por
una crisis en el Norte. Y las acciones internacionalizadas, como Petrobras,
Tenaris o bancos, caen y arrastran al resto. 'El piso? Nunca se sabe. Hay
expectativas con lo que decidió el G7".En el cambio de hegemonía (como pasó en
la salida de la última Depresión, de Gran Bretaña a Estados Unidos), asoma desde
luego Asia y sobre todo China. País que, igual que otros grandes emergentes, no
sufrió tanto hasta ahora con la crisis. Pero ninguno podrá evitar fuertes
ramalazos (caída de consumo, desempleo, más dificultades para combatir la
pobreza, menos recaudación, etc.) por el parate global y la probable retracción
del comercio internacional.