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Crisis global: ¿El liberalismo redescubre la solidaridad?
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(IAR Noticias) 12-Octubre-08
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Los ministros de Finanzas de Francia, Alemania, EE UU, Italia y Japón.
(Foto EFE)
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Lo sucedido en esta semana de pánico económico está reclamando un
esfuerzo internacional concertado, que empezó ayer con las decisiones adoptadas
por el G7.
Por
Oscar R. Cardoso - Clarín
En particular la evidencia de que la contracción monetaria fue una causa de
la (Gran) Depresión (.) ha sido reafirmada". Esta observación corresponde al
presidente de la Reserva Federal, Ben S. Bernanke y no, no fue hecha en las
últimas horas. Está incluida entre las conclusiones de un artículo ("La
Macroeconomía de la Gran Depresión: un enfoque comparativo") publicado en 1995
en una revista especializada. 'Estamos hoy en el mismo punto que en 1929?
Es difícil saber porque Bernanke no le pasó esta grajea de sabiduría al
secretario del Tesoro Henry Paulson. Ni siquiera parece haberla recordado en su
último testimonio ante el Congreso ya que -junto a Paulson- se opuso a la idea
de emplear el dinero del rescate estatal para permitir la continuidad de las
operaciones financieras. "Poner dinero en las instituciones es una receta para
el fracaso", aseguró Bernanke apenas el 23 de septiembre y Paulson bailó al son
de esa música. Cuando llegó el momento de votar la ley de rescate los
legisladores incluyeron en su texto una autorización que los responsables de la
iniciativa no pedían ni deseaban. Precisamente la de invertir parte de os 700
mil millones del paquete en la inyección directa.
Una semana después de que el dinero estuviera disponible, aun no se ha colocado
un dólar, ni en la colocación de dinero en los bancos ni en la compra de los
llamados "préstamos tóxicos" que están en el inicio de la presente crisis. Y
esta semana que pasó la economía global, no solo la estadounidense, han pagado
el precio de esa inacción.
En todo caso, las cosas no serán como lo pensaron Paulson, Bernanke y sus
equipos porque el deterioro general es tan intenso y rápido que la Casa Blanca
parecen haber decidido la compra de acciones preferenciales de bancos como modo
de colocar el dinero en el circuito del modo más directo y rápido. Aún resta
saber si llegará a tiempo. Nouriel Roubini, el economista que parece tener hoy
la bola de cristal sobre la crisis que previó en el 2006, asegura que se precisa
"una masiva e ilimitada provisión de liquidez a las instituciones financieras
solventes".
Entre las amargas opciones que parecen a mano para detener el derrumbe está la
inyección de dinero en el sistema bancario asegurando a los depositantes y
estimulando a los bancos a regresar al crédito entre ellos. En cualquier caso el
costo de la crisis caerá sobre los inocentes, pero a esta altura lo que todo el
mundo desea es despertar de la pesadilla antes que se parezca más a la del 29.
Aquella Gran Depresión se vio agravada por la incapacidad de los gobiernos de
entonces de coordinar respuestas a los problemas comunes.
Paulson quedó esta semana en la vitrina del desastre ofreciendo el espectáculo
de arrastrar los pies en medio de la tormenta y habilitando la pregunta 'saben
los que conducen qué hacer? En el fondo lo que hay en esto es también una
disputa ideológica con sordina. Si Washington se inclina finalmente por la
compra de acciones preferenciales de los bancos la medida será vista como, al
menos, una nacionalización parcial del sistema financiero.
Hasta último momento la Casa Blanca evitó modificar la estructura de la
propiedad; desde oponerse a la captura de acciones de las firmas a ser
rescatadas como modo de respaldar la inversión de los contribuyentes hasta la
eliminación de las indemnizaciones llamadas "paracaídas dorados" que se
garantizaban a los ejecutivos de las instituciones financieras que iniciaron el
presente juego suicida. No, el capitalismo no está por desaparecer pero está,
sí, a punto de sufrir serios y postergados cambios.
Es difícil, por ejemplo, anticipar como la sociedad estadounidense va a volver
de su largo ensueño con la vida endeudada. Como nación debe más de 10.000
millones de dólares y las estadísticas revelan que solo durante dos años desde
1965 los estadounidenses han gastado menos que el anterior. La deuda en tarjeta
de crédito ha crecido más del 50% desde el 2000.
El Instituto de Valores Americanos advirtió en su informe de mayo que la familia
promedio en Estados Unidos estaba gastando (la cifra es del 2004) el 18% de su
ingreso en el pago de deuda. Este estilo de vida es algo que el sistema
capitalista no cubre más, al menos eso es evidente.
Lo sucedido en esta semana de pánico económico y extrañas maravillas (ejemplo:
las acciones de General Motors cayeron a niveles de 1950 dejándolas con menos
valor que el que tenían en 1929) está pidiendo un esfuerzo internacional
concertado que, quizás, se verifique hoy cuando los ministros de finanzas del G7
-las naciones desarrolladas- se reúnan en Washington a invitación de Bush.
Una acción internacional solidaria no es sencilla pero, a esta altura de las
cosas, sí deseable. En los años 90 Peter Drucker -uno de los gurúes del
liberalismo- invitaba a abandonar el precepto de que la propia salvación
dependía de la del conjunto. Quizá haya que volver a aprenderla.
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