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Mirando precios. Una mujer de compras en un local de
una cadena de drgstores, en Manhattan
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Los pequeños negocios de servicios son los primeros afectados.
Los restaurantes perdieron 20% de su clientela. "Es un susto momentáneo. Dejaron
de gastar y esperan. Si el mes que viene siguen cobrando el sueldo, van a volver
a gastar", cree con optimismo Joe Hartline, manager de un restaurante hindú, al
final de la calle 14.
Por Gustavo Sierra - Clarín
Los neoyorquinos son galleta dura. No se disuelven fácilmente en las aguas de
las crisis. Desde 1929 la isla de Manhattan fue el epicentro de al menos cinco
grandes caídas financieras como la de este momento. Pasaron el 11/S. Vieron
desaparecer en minutos las torres simbólicas del poder económico del país. "Ser
neoyorquino e inversionista de Wall Street es tener espíritu aventurero. Hay que
tomar esto con la misma gracia con que se toma el resultado de una temporada de
béisbol", explica Sam Stovall, uno de los jefes de estrategia de Standard &
Poor's en un pub de la calle Rector. Stovall está en la primera línea de quienes
pueden perder el empleo en los próximos días.
Jorgelina Santainés es una cantante de origen puertorriqueño que en los 70 había
logrado juntar 34.000 dólares. En el crash de los mercados de 1987 perdió todo.
"¿Cómo voy a estar preocupada ahora si ya perdí todo una vez? Esto es así. Se
gana por un tiempo y un día se pierde", dice, mientras canta para los turistas
en la esquina de la Séptima Avenida y la calle 50. "Ahora, el problema es la
jubilación. Todos tenemos el dinero puesto en los fondos de inversión y vamos a
ver lo que nos van a dar", sigue Santainés antes de emprenderla con otra canción
de West Side Story.
Y no es que los neoyorquinos no estén conscientes de que la hecatombe de los
mercados llegará a sus bolsillos en poco tiempo. En septiembre se perdieron en
EE.UU. 159.000 puestos de trabajo y el desempleo aumentó al 6,1% comparado con
el 4,7% de un año antes. Marlene Ranager tiene una concesión de la cadena de
peluquerías "Clear Cut" en el Upper West Side. Ya perdió entre un 20 y un 25% de
clientas. "Acá pasan a la mañana las chicas y se arreglan antes de ir a la
oficina. Ahora se lo piensan dos veces. '¿Por qué gastar 25 dólares si con un
poco de tiempo y una planchita me las puedo arreglar en casa?', se dicen",
explica Marlene. Los pequeños negocios de servicios son los primeros afectados.
Los restaurantes perdieron 20% de su clientela. "Es un susto momentáneo. Dejaron
de gastar y esperan. Si el mes que viene siguen cobrando el sueldo, van a volver
a gastar", cree con optimismo Joe Hartline, manager de un restaurante hindú, al
final de la calle 14.
En los centros de alto poder adquisitivo como éste, hay sectores que ven una
expansión a raíz de la crisis. Es el de los locales de entretenimiento para
adultos. El VIP Club de Chelsea aumentó el valor de un baile en el caño de una
de sus chicas en un cubículo privado de 800 a 1.200 dólares. "Una mujer hermosa
distrae del estrés de Wall Street y estas dos semanas tuvimos una demanda
inusitada", dijo Joe Goncalves al diario gratuito AM-New York. Y el spa
Tranquility de Tribeca aumentó de 110 a 150 turnos por día. Es el preferido de
los hombres de negocios del Downtown. Pero no todo es placer. También aumentó la
búsqueda de paz espiritual. La hermana Ann Whittaker de la iglesia Trinity del
Financial District, a una cuadra de la Bolsa de Comercio, vio un raro incremento
en las visitas de la media tarde. "Son hombres abrumados y creo que acá
encuentran un clima que les da sosiego", cuenta la hermana Ann. Y el termómetro
de todo esto va a estar como siempre en esta ciudad con la temporada de las
compras. Habrá que ver si los neoyorquinos continúan manteniendo el temple y
gastan como siempre entre el Thanksgiving (Acción de Gracias) del 27 de
noviembre y la Navidad.