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Straus- Kahn, jefe del FMI, expone cinco
puntos para salir de la debacle.
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En este entorno febril de
desconfianza y escasez de capital, los instrumentos estándar de política
macroeconómica son demasiado generales y una estrategia que se sustente
fundamentalmente en el aporte de liquidez por parte de los bancos centrales, es,
aunque esencial, insuficiente.
Por
Dominique Strauss-Kahn - Clarín
Hace algunas semanas publiqué una llamada para lograr una solución integral
en materia de política financiera que alcanzara los problemas centrales de este
sector (la falta de liquidez en los mercados, las dudas acerca del valor de
activos problemáticos y una clara escasez de capital) y llegara a los mercados
de capitales de todo el mundo (no únicamente a algunos centros financieros).
Aunque han sido tomadas muchas medidas desde entonces, éstas no han sido ni
integrales ni globales. De hecho, los enfoques han sido tan variados e
inconsistentes, especialmente en lo relacionado a las garantías de depósitos,
que están intensificando los problemas en otros países. No debe por tanto
sorprender a nadie que no hayan servido para recuperar la confianza en los
mercados.
¿Cuál es el problema de fondo? En pocas palabras, que las instituciones
financieras tienen un alto volumen de activos de valor dudoso y decreciente y
que implican grandes pérdidas para ellas. También hay más pérdidas potenciales
derivadas de haber asegurado activos a través de los llamados credit default
swaps y otros tipos de derivados negociados en mercados no tan transparentes.
Pero incluso si un banco sabe que su propio balance está intacto, no puede
asegurar que su contraparte lo esté también (o que no esté expuesta a los
problemas que pueda a su vez tener un tercero). En este entorno febril de
desconfianza y escasez de capital, los instrumentos estándar de política
macroeconómica son demasiado generales y una estrategia que se sustente
fundamentalmente en el aporte de liquidez por parte de los bancos centrales, es,
aunque esencial, insuficiente.¿Qué más debemos hacer? Yo destacaría cinco líneas
de acción.
Primero, como algunos gobiernos han señalado, la fragilidad de la confianza
pública ha alcanzado un punto en el que algún tipo de garantía pública sobre las
responsabilidades del sistema financiero es inevitable. Esto no aplica
únicamente a los depósitos en la banca minorista, sino probablemente también a
los depósitos interbancarios y de los mercados de dinero, de manera que la
actividad pueda reiniciarse en estos mercados clave. Por supuesto, un paso así
sólo debería ser temporal, e incluir salvaguardas de protección frente a los
riesgos que vienen con estas garantías, como más supervisión y límites en los
intereses ofrecidos para depósitos.
Segundo, el Estado necesita sacar los activos tóxicos y forzar el reconocimiento
de pérdidas. La compra de activos debe ser hecha de forma transparente a un
valor justo de mercado. Las razones no son de índole moral, aunque éstas también
son imperativas, sino pragmáticas. Si los precios se inflan, entonces los bancos
tendrán inevitablemente que compensar las pérdidas que impactan en el
contribuyente –en el caso de los Estados Unidos, tendrían que emitir acciones al
gobierno, por tanto diluyendo a otros accionistas. Pero las pérdidas diferidas
al futuro impiden que fluya capital nuevo a los bancos. Si es necesario atraer
este capital, es mejor pagar un precio más bajo ahora, reconocer pérdidas y dar
a los bancos una compensación si las pérdidas resultan al final ser menores a lo
estimado.
En tercer lugar, el capital privado no abunda en el entorno actual y el
reconocimiento de pérdidas puede no ser suficiente para inducir una inyección de
capital fresco. Una estrategia que ha funcionado en crisis pasadas es igualar
las suscripciones de capital privado con capital estatal, lo que obliga a una
prueba de mercado para el uso de fondos públicos.
Cuarto, es urgente un alto nivel de cooperación internacional.
Desafortunadamente, las medidas recientes han sido tomadas con foco en los
intereses nacionales y no se ha hecho lo suficiente para prevenir las
consecuencias de políticas proteccionistas que, aunque sin pretenderlo, sólo
agravan el problema para otros.
Si un mercado ofrece cobertura a todo riesgo con credibilidad (por ejemplo,
Irlanda), los inversores pueden huir de mercados que no lo hacen (por ejemplo,
el Reino Unido). Si los esquemas de compra de activos son muy diferentes, las
instituciones irán donde esté el comprador más generoso. Las instituciones
financieras hoy en día cubren muchos mercados y para que los planes de rescate
sean creíbles deben ser consistentes en diferentes jurisdicciones. De mayor
trascendencia, y mirando más allá de la crisis a corto plazo, es que la
comunidad internacional necesita trabajar para cerrar los huecos que existen en
la arquitectura regulatoria global y que han permitido a las instituciones
financieras minimizar capital incluso cuando concentraban riesgos.
Por último, parece ahora claro que las economías emergentes tienen altas
probabilidades de ser impactadas fuertemente por este desorden financiero, a
pesar de haber reforzado sus fundamentos y políticas económicas. Para el caso de
que una parada súbita en la llegada de capital pueda suponer un alto en su
progreso o, peor aún, una crisis en sus sistemas financieros, deberíamos tener
lista alguna forma de financiamiento rápido. No deben quedar dudas de que el
Fondo está preparado para desplegar sus procedimientos de emergencia y cuenta
con la flexibilidad para aprobar rápidamente programas con préstamos elevados,
basados en condiciones racionalizadas de acuerdo a las prioridades para
respuestas a situaciones de crisis. A pesar de lo sombría que parece la
situación ahora, estoy convencido de que hay una salida. La clave es conseguir
que quienes definen las políticas remen en la misma dirección.