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Restaurante mexicano.Carlos de León, nacido en Chiapas, y Rebbeca Lesyna, de EEUU, los dueños del local.
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La crisis golpea a todos.
Hablan los dueños de negocios pequeños que están al borde de la quiebra.
Por
Paula Lugones -
Clarín
Carlos De León se sienta resignado a una de las mesas de su restaurante de
Springfield, la capital del estado de Illinois. Flota en el aire un aroma tan
picante que hace cosquillas en la nariz, sello inconfundible de la comida
mexicana. En "El Maya", en la esquina de Jefferson y Segunda, a pocas cuadras
del Parlamento estatal, el hombre hace cuentas, escupe números y sabe que si la
crisis económica no se revierte pronto corre serios riesgos de perderlo todo.
Carlos es uno de los tantos pequeños comerciantes de los EE.UU. que están
naufragando con el terremoto financiero y económico. Según una encuesta de la
National Small Business Association, 7 de cada 10 negocios están sufriendo por
la crisis. Sobre todo por la dramática caída del consumo y el congelamiento de
los créditos. El drama ya se vislumbra a lo largo de la 66, la carretera que une
Chicago con Los Angeles. A la vera de la ruta van pasando en torbellino
sucesivas casas y locales con el cartel de "en venta".
"Siempre soñé con tener un restaurante mexicano", dice Carlos, con una remera
naranja que contrasta con su rostro sombrío. Originario de Chiapas, vino al país
hace 17 años. Su deseo se plasmó hace 7 meses --su socia es la estadounidense
Rebecca Lesyna-- y al principio fue un éxito, relata. Venían 250 o 300 personas
por día, que gastaban un promedio de 8 a 10 dólares el almuerzo y 12 o 15 en la
cena. Pero con la crisis que en los últimos tiempos ha puesto patas para arriba
a Wall Street y a las Bolsas del mundo el negocio de Carlos cayó drásticamente.
"La recaudación bajó un 25% desde hace dos meses", dice. "Como hay tanta
incertidumbre la gente está asustada y se cuida. No sale, no va a comer."
En las paredes, pintadas de naranja y verde, descansan sombreros mexicanos y
botellas de tequila. En uno de los televisores detrás de la barra se ve la CNN y
en el otro una telenovela en Telemundo, con actores argentinos y peruanos.
Carlos hace lo imposible por mantener en pie su negocio. Sábado por medio el
restaurante se convierte en salón de baile --salsa, sobre todo, con clases
incluidas por 4 dólares--, donde se junta el mundo latino de esta ciudad, de 100
mil habitantes.
"Reduje gastos y me cuido mucho más. Cuando las luces están prendidas, las
apago, y miro que con el gas pase lo mismo." Cuenta que ahora, para sobrevivir,
paga lo menos posible de los servicios: "Si me llegan 3.000 dólares de luz, y el
pago mínimo es 1.500, pago la mitad. Más no puedo."
Carlos tiene 4 empleados en su negocio, un cocinero, un lavaplatos y dos mozos.
Paga un 7% de impuestos. El hit del lugar son las "Fajitas Maya", una mezcla de
carne, camarones, pollo y cerdo. Pero es mediodía y en el sitio no hay clientes,
salvo dos periodistas argentinas que preguntan por la crisis. Carlos suspira:
"Los pequeños restaurantes sufrimos porque no hay créditos y el gobierno no
ayuda. No sé si esto va a mejorar. Si la economía sigue mal no sé si vamos a
cerrar, al menos por ahora. Pero seguro voy a tener que recortar empleados." El
atribulado comerciante dice que va a votar por Barack Obama porque cree que hay
que retirar sí o sí las tropas de Irak e invertir ese gasto en los EE.UU.
Desde "El Maya" vamos hacia un barrio residencial de Springfield, de casas de
madera con parquecito en el frente. Una se entusiasma con un centro de estética
-peluquería, masajes, manicuría, relax- paara quizás un viaje más placentero por
la ruta. Pero no. Allí abre la puerta Jeff Engels, el dueño del lugar, que está
pintado de rosa fuerte y se ve pletórico de plantas y flores naturales. El sitio
huele a cremas, lavandas y spray. Jeff también tiene problemas con su negocio.
El dueño pide permiso para darle volumen a su jopo con mousse. Luego comienza la
serie de lamentos: "Los clientes siempre venían cada 4 semanas a cortarse el
pelo o a hacerse masajes. Ahora se estiran hasta por lo menos 5 semanas." Y
explica que las ventas de productos adicionales también cayó, porque tuvo que
subirles el precio y "están caros", dice. Un spray cuesta hoy 13 dólares, dice.
Aumentaron un 30% en los últimos tiempos.
Jeff es algo optimista y cree que la mejor persona para arreglar la economía del
país es John McCain. Para él, que no suban los impuestos es importante, ya que
paga unos 38.000 al año. "El próximo presidente tiene que frenar la inflación".
Sobre todo, bajar el precio de la nafta, que encarece todo." ¿Sarah Palin? "Me
encanta porque es muy dinámica", dice sobre la compañera de fórmula del
republicano.
Lejos del glamour de la peluquería, otro Jeff, de apellido Sippa, conversa con
Clarín en su negocio de gomería, alineación y balanceo, Brahler tyre and
autocenter. Está justo sobre la Ruta 66, que atraviesa la ciudad, convertida en
avenida. "Todo el mundo está paralizado, nadie quiere comprar nada", dice.
Cuenta que en lugar de cambiar las cubiertas, la gente se estira hasta que están
casi lisas. Tampoco hacen los services de precaución. "Ahora vienen sólo cuando
el auto se rompe y no funciona." El negocio tiene 18 empleados y se están
ajustando para evitar los despidos. Pero Jeff, con 30 años en el rubro, está
alarmado y dice que votará por Obama. "No vi la Gran Depresión, pero esta vez es
la peor crisis de confianza que he vivido. El próximo presidente tendrá un
desafío enorme."